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Emprendedor nato en cortometrajes

Vida Q 05/12/2015 02:41 Actualizada 07:08

Armando Rangel logró abrirse paso en la industria de los cortometrajes en 2007 y, en poco tiempo, su trabajo le valió ser ganador con: No oigo no oigo, soy chilango, en la pasada edición DocsDF realizada en octubre de este año.

Como todo realizador independiente pasó por dos grandes filtros del cine, primero audicionó para el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) y el CCC de la UNAM, pero no trascendió de la primera etapa, lo cual se sumó a una crisis existencial que no declinó.

En entrevista para VidaQ comparte que desde que salió de prepa su pasión fue dedicarse de lleno a la industria cinematográfica, por una simple razón, las ganas de hacer lo que más le apasiona: el cine.

¿Cómo entraste al mundo de ser realizador independiente?

—Desde que tenía 12 años me di cuenta que quería hacer cine al ver un documental sobre la realización de Star Wars, desde ahí mi sueño fue hacer cine y, a pesar de no haber estudiado cinematografía, decidí no detenerme y hacer mis proyectos por mi cuenta, afortunadamente me ha funcionado.

¿Cuál fue la experiencia al ser ganador del 2015 DocsDF?

—Una experiencia única, estoy muy agradecido con el DocsDF y con todo mi crew, todo se dio por una cadenita de eventos y culminó con este premio. Esto me da más fuerza para seguir adelante, reforzando mi visión sobre lo que quiero hacer y sé que voy por buen camino.

¿De qué trata el cortometraje No oigo, no oigo, soy chilango?

—El Centro Histórico de la Ciudad de México tiene la naturaleza sonora de un caldero en ebullición, a través de estos espacios cotidianos, se hace una exploración y resignificación de sus sonidos naturales y culturales; que por instantes parecen caóticos, pero embonan en una sinfonía urbana, junto con las masas de gente que recorre sus calles día a día, desde el amanecer hasta la vida nocturna del centro.

¿En qué proyecto te encuentras trabajando?

—La semana pasada colaboré como co productor y fotógrafo en un proyecto de Michael Matus en Juchitán Oaxaca, es un documental que retratará la discriminación que se da dentro de la comunidad mushe de la región

¿Qué es lo que más te apasiona de hacer cortometrajes?

—La concepción de una historia o una idea y dejarme llevar en la realización dejando que la historia crezca por sí misma. Me gusta dejarme sorprender.

¿Dónde te visualizas en cinco años?

—Haciendo cine con personas más talentosas, me veo aprendiendo cada día más al lado de gente igual o más apasionada que yo por el cine.

¿Qué recomiendas a las nuevas generaciones que están buscando una nueva oportunidad en la industria del cine?

—A los jóvenes que dudan en seguir el camino del cineasta, está bien que duden, pero nunca se detengan, no pierdan el tiempo pensando en su película o pensando en el dinero, solo agarren una cámara, un celular, lo que tengan a la mano y hagan su película: escriban, filmen, editen y repitan. No necesitan una escuela o mucho dinero, solo esas ganas de hacer cine.