Emprender un negocio con plantas y frutas

Maura Ledezma, su madre y una amiga, preparan productos naturales desde hace 18 años y ahora los pueden distribuir en varios municipios del estado
Emprender un negocio con  plantas y frutas
Maura Ledezma, acompañada de su madre, María López, y su amiga Juana Maldonado, inició su propia empresa en donde las tres mujeres originarias de San Joaquín, preparan y venden licores, dulces de ate, shampoos, pomadas, tinturas y jarabes.
03/06/2018
03:07
Alma Gómez
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Maura Ledezma no se conformó con usar hierbas para preparar té o remedios caseros, sino que sacó el máximo provecho a los árboles de durazno y manzana para preparar productos para la salud, hechos 100% con ingredientes naturales y distribuirlos en varios municipios del estado.

Acompañada de su madre, María López, y su amiga Juana Maldonado, inició su propia empresa hace 18 años, en donde las tres mujeres originarias de San Joaquín, preparan y venden licores, dulces de ate, shampoos, pomadas, tinturas y jarabes.

La mujer de 42 años reconoce que percibir frutos en su negocio, después de tantos años de trabajo, no fue tarea fácil, pero asegura que cada paso ha valido la pena.

Espíritu emprendedor.

La historia de Maura en el emprendedurismo comenzó hace 18 años, cuando el párroco de su comunidad la invitó a tomar unos cursos en el poblado de Tlacote, donde Maura pasó un año aprendiendo a extraer sustancias de las plantas y manipularlas para crear nuevos productos.

Cada lunes, Maura y otras 26 mujeres de distintos municipios viajaban a Tlacote para tomar dichas clases de herbolaria, pero sólo tres de ellas completaron los cursos, las demás se desanimaron porque comprendieron que para crear su propio negocio se debe ser perseverante.

“Me iba cada lunes y volvía a mi casa los viernes, casi todos mis productos los hacemos con el durazno y la manzana que es lo que más hay allá en San Joaquín, me invitó un sacerdote. Mi familia hizo un gran sacrificio para pagar esos cursos, nos costó trabajo, pero lo logramos”.

“Éramos en total 27 personas en el curso, pero casi todas se salieron porque ya querían ganar y nosotras siempre supimos que en esto se llevaba tiempo para tener la recompensa, se desesperaron y se fueron”.

Maura fue una de esas tres mujeres persistentes, y una vez que absorbió todos los conocimientos posibles, volvió a casa para transmitirlos a su familia, decidida a crear su propia línea de productos.

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Pero viajar cada semana a Tlacote, pasar allí cinco días y volver a su casa los días viernes, así durante un año, no fue lo más difícil, comenta Maura; el verdadero reto fue posicionar sus productos, pues la desconfianza de la gente era mucha y la emprendedora no tenía recursos para promocionarse de otra forma que no fuera vender de puerta en puerta.

“Me tardé diez años en ver ganancias, había veces que se vendía, a veces no, la gente nos decía que no servía el producto, pero no nos decía en qué fallabamos. Antes lo vendíamos tocando casa por casa, la gente poco a poco nos fue conociendo y lo recomendaban."

“El producto más barato son las tinturas y el dulce de ate enchilado, el más caro es el licor que cuesta 170 pesos. Lo más difícil fue comenzar a venderlo, nos daba pena que nos fueran a decir que no, pero ahora gracias a Dios ya me dedico por completo a esto, a prepararlo y venderlo. Esto ayudó mucho a mi familia porque ya no sólo invertimos el dinero en fabricarlo, sino que ahora también tenemos ganancias”.

Después de eso vino el reto de la presentación de los productos. Inicialmente vendía los shampoos, jarabes y pomadas en botellas de refresco, pero para recibir apoyos del gobierno Maura debía mejorar el envasado y lo hizo; investigó qué es lo que debía hacer y una vez que cumplió con todos los requisitos, consiguió recursos del gobierno para pagar el etiquetado.

Labor artesanal

Ahora, 18 años después, Maura siente que ya pasaron las dificultades y que puede concentrarse en la distribución de sus productos que ahora no se venden sólo en San Joaquín, sino que también se encuentran en tiendas naturistas y artesanales de Querétaro, San Juan del Río y Tequisquiapan.

Se dice orgullosa del trabajo que ella y sus dos socias realizan cada día, desde cortar las plantas, obtener los nutrientes, dejar enfriar los concentrados, distribuirlos y venderlos.

“Ya tenemos un pequeño taller en San Joaquín en donde hacemos todos nuestros preparados, antes lo hacíamos en una casa, después en una bodega, pero ahora ya tenemos un lugar sólo para trabajar en esto”.

“El jarabe es lo que me lleva más tiempo porque tenemos que dejarlo enfrían durante 24 horas. Juntamos las plantas, las molemos en un molino de mano, cuando el agua está lista las echamos ahí, las dejamos reposar uno o dos días dependiendo de la planta para que suelten todo su extracto, la planta se tiene que cortar antes de que raye el sol porque sus nutrientes los tiene en las hojas, y si se exponen al sol los nutrientes se bajan a la raíz y luego ya no podríamos tenerlos, por eso tenemos que cortarlos antes de que raye el sol. Todo eso lo aprendí en mis clases que tomé”.

Aunque Maura está orgullosa de lo que ha logrado en los últimos 18 años, también lamenta que ninguno de sus hijos o sobrinos se interese por continuar con este negocio familiar. Comparte que hasta ahora ninguno se ha acercado a ellas para aprender a preparar esta línea de productos, pero no pierde la esperanza, confía en que su espíritu emprendedor se contagiará entre los miembros de su familia.

A los nuevos emprendedores les recomienda ser perseverantes, “todos la regamos al principio, pero la recompensa vale mucho la pena”, comparte.

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