Capitalinos abarrotan comercios de la Central de Abastos

Los locales de los mercados de La Cruz, Escobedo y Abastos lucen saturados por amas de casa y familias que se preparan para celebrar este 24 de diciembre
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Foto: Demian Chávez
24/12/2017
03:27
Domingo Valdez
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Las filas para ingresar al mercado de Abastos parecen no terminar. Cientos de queretanos acuden a éste y los distintos mercados de la capital en búsqueda de los ingredientes para la cena del 24 de diciembre y para surtir sus despensas, antes de que el aguinaldo se esfume o la quincena desaparezca por los regalos

Primera parada: El mercado de Abastos

Los visitantes, primero, tienen que sortear el congestionamiento vial para ingresar al mercado. Tanto la entrada por la calle de Cerro Blanco como por avenida Del Parque, presentan en la mañana largas filas.

Autos particulares, camionetas de carga o unidades de transporte público hacen una fila que incluso, del lado de Cerro Blanco, obstruyen por momentos la circulación en avenida Colinas del Cimatario.

Una mujer, en una camioneta color blanco, se queda a la mitad de la vialidad, pensando que podría pasar con la luz verde del semáforo, sin embargo, la fila de autos no avanza y pasa un momento bochornoso obstaculizando el tránsito. Un conductor toca cinco veces el claxon de su vehículo, a manera de reclamo. La conductora de la camioneta no se inmuta, aparentemente.

Por el lado de avenida Del Parque la situación no es diferente. La fila de autos que quieren ingresar al mercado ocupa el carril de la derecha de la vialidad. Aunque a primera vista parece que están estacionados, poco o poco los conductores avanzan.

Ya adentro del mercado, la otra dificultad es encontrar un sitio para estacionarse, pues los lugares son pocos y los automóviles son muchos. A todos los locales les va bien en estos días. Desde los locales especializados en dulces, muy socorridos para llenar piñatas y aguinaldos, hasta los de carnes, frutas y verduras.

“Sí, hay gente. Parece que no como en otros años, pero vea, estamos muy ocupados”, dice una comerciante que apenas alcanza a responder mientras atiende a una adulta mayor que lleva jitomates, naranjas, mandarinas, cañas y guayabas.

En todos los comercios hay gente comprando. Por lo regular el mercado de Abastos, con sus grandes puestos de todo tipo de mercancías, siempre luce con movimiento en estas fechas cuando los queretanos se preparan para la cena de Navidad.

Los ingredientes para los platillos típicos de la época, como romeritos, bacalao y el pavo, así como piernas de cerdo, son buscados por los clientes, quienes ya en los puestos buscan los mejores precios y productos en los puestos de su preferencia o en los que consideran tienen buena mercancía.

El ir y venir de personas no para. Es plena hora pico y junto con la temperatura, sube la afluencia de aquellos que buscan lo necesario para las posadas o cenas familiares.

Segunda parada: Mercado Escobedo

El tránsito en avenida Zaragoza, en especial al cruce con la calle de Guerrero, la que da acceso al tradicional mercado, está pesado. Es uno de los mercados de mayor tradición de la capital queretana.

Los conductores que buscan ingresar al mercado ocupan dos carriles de Zaragoza para dar vuelta, lo que complica la circulación, pues dan vuelta “en doble fila” y obstruyen el paso de quienes usan el carril de extrema izquierda.

La circulación se detiene por momentos totalmente cuando algún conductor intenta ingresar al estacionamiento o encuentra un lugar para dejar su coche sobre la calle, si es que tiene suerte para estacionar en la vía pública.

Este mercado, uno de los más antiguos de la ciudad, es frecuentado por personas de todas las zonas de Querétaro, pues debido a su ubicación céntrica, surtido de mercancías y buenos precios, lo hacen uno de los favoritos de los consumidores.

En sus pasillos se puede encontrar de todo: desde ropa y zapatos para toda la familia, hasta recetas para quitar el “mal de ojo”, carnes, vegetales y flores.

Las calles alrededor del mercado también se congestionan de manera considerable, como es el caso de Ocampo, que a pesar del cierre por periodo vacacional del colegio que se ubica en la zona, presenta pasado el mediodía tránsito lento y poco o ningún lugar para estacionar.

Un franelero agita un trapo color gris y arrugado, haciendo señas a los conductores, aunque en la calle no hay un sitio libre para dejar el coche.

En el interior del mercado las amas de casa, acompañadas en ocasiones por toda la familia, aprovechando que los niños están de vacaciones, compran la despensa y uno que otro artículo necesario para los preparativos de la Navidad.

No pueden faltar, desde estas fechas, la tradicional ropa interior amarilla o roja, ya sea para el dinero, en el caso de la primera, o para el amor, en la segunda. Los modelos van desde los conservadores o “mata pasiones”, hasta los diminutos, en los cuales se usa muy poca tela.

Tercera parada: Mercado de La Cruz

Uno de los estacionamientos de este mercado, el que está a un costado de la calle de Gutiérrez Nájera, es utilizado en esta época del año para el tianguis navideño.

Ahí se pueden encontrar arbolitos de Navidad, esferas, nacimientos, series de luces, heno, paja, musgo y todo lo necesario para decorar la casa con motivos propios de las fiestas de fin de año. Los precios son variados, pues se pueden encontrar árboles desde 250 pesos, pequeños, hasta cercanos a los mil pesos.

Una parte importante de la tradición son los nacimientos, cuyos precios van desde los 170 hasta los 700 pesos “sin pesebre”, aclaran los vendedores, pues ese artículo se vende aparte y puede costar desde 50 hasta 350 pesos, los más grandes o elaborados.

En el interior del mercado, en algunos locales de frutas y verduras, los dependientes ahorran el trabajo a los clientes, pues venden en bolsitas ya preparadas algunos de los ingredientes del tradicional ponche. La bolsita de jamaica, a 25 pesos; la de pasas, a 20, y la de tamarindo a 20. La demás fruta, como tejocotes, manzanas, cañas y guayabas, ya dependen del gusto del cliente.

Las calles aledañas al mercado también presentan tránsito lento, debido a la cantidad de personas que acuden, aún con tiempo a hacer sus compras, antes de que llegue la fecha de la celebración en familia y no estén listos; casi siempre se presentan compras de último minuto.

 

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