“Iglesia necesita modernizarse”: Julián Cruzalta

“Vamos hacia la modernidad a pasos avanzados. Dos, tres generaciones más y se nos van a vaciar las iglesias, necesitamos hablarle al mundo contemporáneo”, considera.
Iglesia católica, Católicas por el Derecho a Decidir, Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Victoria
“Las iglesias nos volvimos jueces, condenadores. Hoy que estamos en crisis, el modelo de ser cristiano se agotó...", advierte el fraile dominico (Foto: Demian Chávez)
22/10/2017
03:36
Domingo Valdez
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Julián Cruzalta, fraile dominico, asesor de Católicas por el Derecho a Decidir, afirma que por no adaptarse a la modernidad la Iglesia Católica corre el riesgo de perder feligreses.

“Vamos hacia la modernidad a pasos avanzados. Dos, tres generaciones más y se nos van a vaciar las iglesias, necesitamos hablarle al mundo contemporáneo”, considera.

El polémico religioso, de quien grupos conservadores afirman que se ha separado de la Iglesia, explica que el modelo de católico está pasado de moda, y hace falta volver al mensaje básico de Jesús, amor al prójimo, y nada más.

“Las iglesias nos volvimos jueces, condenadores. Hoy que estamos en crisis, el modelo de ser cristiano se agotó. En Europa las iglesias están vacías. No tarda en llegar eso a América, como somos sociedades premodernas, todavía se nos llenan las iglesias, pero vamos corriendo a la modernidad”, dice.

Subraya la necesidad de hablar con jóvenes y niños, quienes son forzados a asistir a la iglesia. “Me interesó buscar un lenguaje más cercano. [Cuando] fui joven ya la mirada religiosa me apanicaba. Un discurso terrible de infiernos y castigos no me lo tragaba. Me dedicaba a investigar, estudiar. Me he dedicado a la investigación teológica y al estudio de los derechos humanos”, precisa.

Además asegura que la ha defendido a la dignidad humana. “Tenemos una gran tradición de gente que se ha dedicado a defender la dignidad. No es algo que en la Iglesia Católica queremos inventar, tiene una larga defensa, aunque se nos ha olvidado”, asevera.

Recuerda que hace más de tres décadas participó en la fundación del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Victoria, perteneciente a los dominicos, donde estuvo 20 años en la Ciudad de México.

Los primeros 10 años trabajó en los derechos políticos, luego en los pueblos indígenas, que lo llevó a vivir seis años en la parroquia de Ocosingo, Chiapas.

Después surgieron varios grupos defensores de los derechos humanos, muchos al seno de las iglesias, pero de éstos, pocos hablaban de los derechos reproductivos y sexuales, “era como el patito feo”.

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“Me fui dedicando a esto, no porque me fuera atrayendo más el tema, sino porque era necesario hablar ellos y nadie hacía. Es muy contradictorio hablar de éstos... Estoy en el ojo del huracán”, comenta.

Sostiene que no hay nada más católico que la libertad de conciencia. La gente tiene el derecho de equivocarse cuando se es honesto. Además la libertad de conciencia y libre albedrío es lo mismo.

Sobre los grupos conservadores, promotores de la familia tradicional, sostiene que entraron en crisis con la modernidad, no logran entender al mundo contemporáneo.

“Esta gente cuando no da razones, no pueden dialogar, ellos condenan, usan verbos para descalificar... Por eso se llaman fundamentalistas, no razonan. Les da miedo el mundo moderno”, explica.

El religioso considera que todas las personas tienen derecho a pensar como quieran, para eso existe la libertad de expresión, pero a lo que no tienen derecho es obligar a la gente a mirar con sus ojos lo que pasa en el mundo.

“Cuando uno escucha su discurso es de mucho odio... Quieren abofetear a la gente, perseguirla, su lenguaje es anticatólico, están corriendo a la gente de la Iglesia. En Europa ese discurso ya no se apoya. En México y en América Latina creen que son sus aliados, pero se van a quemar”, enfatiza.

Por ello, muchos obispos mexicanos, marcaron distancia con estos grupos conservadores. Estos grupos se vuelven más violentos, como no tienen un discurso, imperan las amenazas.

“No tienen discurso, no pueden sentarse a una mesa a dialogar, porque eso significa tener razones. En un diálogo uno trata de convencer a los demás, y ellos como no tienen razones, tratan de usar el poder. Cuando no encuentran apoyo en el obispo, se van con el presidente municipal, o con el gobernador”, enfatiza.

Cruzalta destaca que cuando alguien, usando la libertad de expresión, llama a la violencia, ya no los puede proteger la ley. Muchos llaman a la violencia en contra de la diversidad sexual, y eso es delito.

“[Cuando estos grupos incitan a la violencia se debe] actuar con la ley en la mano, no es que esté contra la libertad de expresión de esos ciudadanos, sino contra su discurso de odio”, acota el fraile.

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