“No me imagino haciendo otra cosa”, señala Abraham Hernández Álvarez, proveniente de una familia de músicos y quien inició como organista en el Templo de Santa Clara de Jesús hace 16 años, a un mes de su décimo quinto aniversario.

“Dos de mis compañeros del coro se iban a casar y necesitaban un organista, entonces me dijeron a mí. Ese día recuerdo que sudaba, estaba colorado y tenía todos los nervios que podía tener uno. Yo no cantaba ni nada y aunque tomaba clases de canto, no es lo mismo tocar en clases que con la gente. Me fue bien, pero si estaba muy nervioso. Hice lo mejor que pude para controlar mis nervios, porque yo no sabía en ese entonces, en qué consistía una misa, ni que era un canto de entrada o uno de salida. Con los nervios se me borraba el cassette, pero así me lanzaron”, relata Abraham con una sonrisa tímida, mientras su brazo derecho se apoya en el órgano de origen inglés con el que aprendió a tocar hace más de 10 años.

Un sonido suave y estridente se escucha en la parte superior del templo de Santa Clara, desde una habitación resguardada por dos puertas de reja. Unas escaleras de madera estrechas comunican el vestíbulo más alejado de la sacristía, con el cuarto donde cada semana, Abraham acompaña la misa con su música.

“El órgano es un movimiento que llena, que le da otro tono a la Iglesia. Es algo clásico”, describe, al señalar que además de tocar el órgano en Santa Clara, acompaña las misas desde hace 15 años en el Templo del Carmen, y desde hace 14 años trabaja en la iglesia de Capuchinas, ubicada a unas cuadras. Sus trabajos más recientes son en la Iglesia de Santa Rosa de Viterbo, donde toca desde hace un año, y el templo de la Congregación, donde inició hace seis meses.

“Me dedico 100% a la música sacra”, menciona Abraham al explicar que su gusto inició después de ingresar al coro de la Iglesia de Santa Clara. Durante la mayor parte de su vida se ha visto rodeado de religión y de música, pues su madre es catequista y su abuelo, Crispín Álvarez, tocó durante 35 años en el Templo del Carmen ubicado a 300 metros de Santa Clara. Con su empleo como organista, su abuelo mantuvo a toda su familia, por lo que descarta la idea de que dedicarse a la música sea difícil. “Trabajo sí hay”, asevera.

Inició sus estudios en el Conservatorio de Música “José Guadalupe Velázquez” y después decidió ingresar en la Facultad de Bellas Artes en la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Su instrumento “fuerte” es el piano, pero también canta y toca la guitarra, ya que menciona, un músico debe aprender varios instrumentos para poder diversificar su estilo.

Como instrumento, el órgano es casi un misterio. Generalmente es ilustrado como un aparato de madera similar a un piano, con tubos altos e interminables. En el caso de la ciudad de Querétaro, se desconoce la antigüedad o los orígenes de los órganos en las iglesias.

En Santa Clara, “las malas lenguas” dicen que fue una donación de una estación de radio, lo que explicaría su tamaño, menciona Abraham, al señalar un aparato de madera rectangular de poco más de un metro y medio de altura.

Aunque para él, dedicarse a la música sacra no fue complicado, menciona que para aquellos que deseaban aprender a tocar el órgano, los principales maestros durante muchos años fueron los mismos sacerdotes, pues a la fecha no se cuenta con instrumentos en las escuelas de música, ni existen muchos profesores.

“A veces es difícil, conseguir trabajo, pero a mí no se me hizo difícil en parte porque tengo el nombre de mi abuelo, porque soy nieto de Crispín y lo reconocen. No se me dificultó porque en mi familia siempre estuve en esto, en la música con mi abuelo o en la Iglesia con mi mamá. Ella era catequista y siempre se crió en la Iglesia, desde los 15 años. Mi papá, en cambio,  no es muy apegado a la Iglesia. Él nada que ver,  pero nos entiende. Es de esos católicos que no van a misa”, relata el joven músico.

Además de trabajar como organista, Abraham ha desfilado por una diversidad de oficios relacionados en su mayoría con las iglesias.

Trabajó como sacristán en Santa Clara e inclusive  fue chófer de uno de los sacerdotes, a la par que continuaba tocando en las misas.

Pocos optan por la música sacra.  No obstante, reconoce que trabajar en la música también es mucho “de amor al arte”. Aunque la cantidad de músicos que se dedican a tocar el órgano en la ciudad son bastantes, sólo algunos cuantos se dedican de lleno a la música sacra.

“Fácil”, dice Abraham, son alrededor de 10 músicos repartidos en los diferentes templos de la ciudad, incluyendo jóvenes y adultos quienes se dedican 100% a la música en las iglesias. Algunos otros ven esto cómo una forma de ganar experiencia, pues estudian de forma profesional música y algunos otros, lo ven como un hobby, pues alternan alguna profesión tocando como organistas en las mismas. Según relata, entre los músicos de Querétaro hay incluso un médico.

El pago mínimo para un organista en la ciudad es de 100 pesos por una misa, esto cuando el templo es quien le paga a los músicos, sin embargo, las ceremonias como bodas, 15años y los funerales pueden ascender hasta 300 pesos.

“Nos pagan dependiendo de templos y depende de los recursos que tengan. Si no tienen tantos feligreses ni tantas ceremonias, por ejemplo, una al mes, no pueden dar más. Aunque tengan más entradas de dinero, las iglesias tienen que pagarle a sus trabajadores, al sacristán, a quienes hacen la limpieza y todos los que laboran ahí.

“Cuando nos va bien es cuando hay gente que nos contrata de fuera; que nos contraten para una ceremonia, y nos ayuda a que cubramos un poco más, porque quieren violines, cantantes, un coro, entonces también a los compañeros hay que pagarles”, agrega.

En forma de agradecimiento, Abraham no cobra la misa de los domingos en Santa Clara y hace lo mismo en Capuchinas. “Con esa misa empecé cuando estaba el padre Malagón. Con el tiempo, me fueron aumentando las misas y la única que no cobro es esta. Para mí esto, la música, es algo para dar (…) Estoy en esto porque me gusta. Me gusta esto en las iglesias. ¿El trabajo? Es de buscarlo, pero sí hay. A mí me gusta esto y quiero seguir en la música”.

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