Esaú Alcantar Rodríguez, productor de nieve de pasta, hace alarde de ser nieto de don Chano el de la nieve, personaje que en 1917 comenzó este negocio en Ciudad Hidalgo, Michoacán. Originario de esa entidad federativa, desde hace seis años Esaú se mudó a Querétaro, en donde vive con su familia.

El nuevo queretano presenta a don Chano como uno de los neveros más antiguos que hubo en la región, al menos en la historia que se recuerda.

Un siglo después de que su abuelo iniciara el negocio, asegura que los primeros productores nunca se imaginaron que la nieve de pasta pasaría a ser toda una tradición.

“La historia se remonta a mi abuelito, que en 1917 inicia un negocio llamado nieve de pasta. La primera nieve que hacía era pasta, cajeta, limón y zapote. Era un negocio como cualquier cosa; con el tiempo lo fue conociendo la gente y de ahí se fue haciendo una tradición”, cuenta el productor.

Añade que cada año, en las celebraciones por el Día de Muertos, su abuelo salía y la gente lo reconocía —y aún lo reconoce— como “don Chano, el de la nieve de pasta”.

“La historia dice que la nieve de pasta se conoce como nieve de Pátzcuaro. Nosotros hemos probado esa nieve y no tiene nada que ver con la nieve de pasta que hacía mi abuelo. Esta se cuece en un cazo de cobre por algún tiempo, su sabor se concentra y sabe a dulce de leche”, comenta Esaú.

Esaú y su familia se trajeron la receta original de su abuelo a Querétaro, con el fin de introducirla en la carta queretana.

“Nosotros tenemos seis años aquí en Querétaro. Ojalá en generaciones que vengan se siga quedando la nieve de pasta de mi abuelo, también aquí en Querétaro; además de la de mantecado, que esté ya también dentro de lo que es la tradición queretana la nieve de pasta”, comenta.

Desde su arribo a la entidad, Esaú y su familia comercializan la nieve en eventos públicos y también en fiestas privadas en las que los contratan para repartir el alimento dulce entre los asistentes.

En espacios muchas veces reducidos, Esaú y su esposa e hijas instalan un stand normalmente integrado por una mesa y un refrigerador adaptado con ruedas que facilitan su traslado.

En su interior, el congelador móvil resguarda diversos botes con dulce de distintos sabores y colores.

“Ahorita por el momento estamos en las ferias que nos invitan y en eventos o reuniones sociales. Teníamos un localito en el centro pero por algunas cuestiones tuvimos que cerrar. Estamos en proyecto de abrir un nuevo local”, señala.

Esaú y su familia comercializaron su pasta algún tiempo en la calle Hidalgo y luego en Guerrero.

Actualmente todos los domingos están en el mercado de La Cruz, en el pasillo H o en el E.

Para la temporada de calor quieren contar con un punto de venta nuevamente en el centro y ya ubicarse de forma permanente ahí.

Ahora en la temporada decembrina salen fuera del estado, por lo mismo del frío, pero a partir del 10 de enero regresan a la comercialización, y así hasta el siguiente año.

El equipo familiar se identifica con la leyenda “nieve artesanal de pasta Los Abuelos”, en honor a las cabecillas de la generación.

“Con nosotros es la tercera generación. Esperemos que mis hijas también sigan con la tradición de mi abuelo. Es una receta que está celosamente guardada por la familia. No se ocupa personal, es una empresa pequeña, familiar aún. A pesar de que ya llevamos tres generaciones, siempre se ha conservado como un negocio familiar. No se ha crecido a industrializarlo. Nuestra mentalidad y nuestra manera de comercializarlo es en forma casera, de hogar”, comparte Esaú.

Cuando su abuelo se dedicaba al negocio no hubo oportunidad de patentar este tipo de nieve, pues “en ese tiempo no se pensaba en esas cosas”, aunque Esaú considera que si entonces se hubiera patentado, la situación para él y su familia habría sido muy distinta.

Reconoce que cada región tiene su manera de preparar la nieve, su propia sazón, y recalca que la nieve de pasta de su abuelo Chano data de 1917.

El alimento no contiene saborizantes artificiales y lo trabajan lo más natural posible, la mamá de Esaú en Ciudad Hidalgo, Michoacán, y más recientemente él y su familia en Querétaro.

“Es una nieve distinta, no es comercial, sino que es un sabor único. Nuestra política y nuestra esencia es tratar de conservar lo natural. Las cadenas grandes que se ven aquí y allá utilizan mucho producto procesado. Cuando la gente prueba dice ‘esta sí es un producto natural’, porque luego luego el sabor y la textura lo denotan”, dice.

Variedad de sabores. Con el paso de los años la familia ha ampliado la variedad de sabores, siendo los más populares el de nescafé capuchino; chocolate semi amargo; yogurt de fresa; queso con zarzamora; naranja; frutos secos; limón y vino tinto.

Este último lo combinan con limón o frutas rojas, dependiendo la temporada, igual que otros sabores como el mango y la zarzamora.

Esaú recuerda que a los seis años aprendió a hacer la nieve, pero desde pequeño acompañaba a su mamá cuando acudían a algún evento.

Sus hijas han estado con él toda la vida. La mayor, que estudia la carrera de Arquitectura, tenía alrededor de seis meses cuando la dejaban en su carreola para atender la gente.

Es así que la vida de Esaú ha transcurrido en el negocio.

A pesar de que le han hecho propuestas para llevar la nieve a destinos como Estados Unidos, Cancún o la Ciudad de México, el productor de nieve artesanal prefiere ir creciendo de poco en poco.

Google News

TEMAS RELACIONADOS