Concheros danzantes: tradición para mostrar su fe

Porfirio Moreno, quien viene de San Pedro de las Colonias, Coahuila, y Diego Rivero con apenas 12 años de la ciudad de Durango. Hacen el viaje para pagar la visita de los concheros queretanos, como una tradición entre estos grupos.
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Porfirio Morreno y Diego llegan a la Mesa General del señor Margarito Aguilar, en el barrio de San Francisquito, donde les dan posada y las tres comidas, ellos sólo pagan sus pasajes y de más gastos. (DEMIAN CHÁVEZ. EL UNIVERSAL)
14/09/2017
06:25
Domingo Valdez
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El olor a copal inunda el atrio de la iglesia de La Cruz. Los grupos de concheros cantan durante la mañana, mientras que otros de sus compañeros elaboran las ofrendas, hechas con frutas, tortillas y flores, para danzar por la tarde en las calles de la capital queretana hasta este templo. En espera de ese momento están Porfirio Moreno, quien viene de San Pedro de las Colonias, Coahuila, y Diego Rivero con apenas 12 años de la ciudad de Durango, quienes hacen el viaje desde el norte del país, para pagar la visita de los concheros queretanos, como una tradición entre estos grupos.

“Esta es una tradición. Todos a quienes les gusta y somos danzantes hacemos el esfuerzo por venir, para aprender más, porque estamos muy lejos y aquí en el centro (del país) está la crema y nata de la danza”, explica Porfirio, quien resalta que el santo que los protege es San Pedro Apósto”.

Señala que son 12 horas de viaje desde su tierra hasta Querétaro, saliendo desde el lunes para estar aquí con un día de anticipación, estando hasta el 15 de septiembre, cuando terminan las celebraciones de la Exaltación de la Santa Cruz.

Para el hospedaje llegan a la Mesa General del señor Margarito Aguilar, en el barrio de San Francisquito, donde les dan posada y las tres comidas, ellos sólo pagan sus pasajes y sus gastos.

La fe que siente en la Santa Cruz no la puede explicar con palabras, pues escapa a la lógica, “es algo más de fe y de sentimiento”.

A mediodía se lleva a cabo la bendición de las ofrendas de los grupos de concheros, elaboradas con diferentes productos, como frutas, tortillas, pan, flores, que son bendecidas y luego levantadas frente al templo de La Cruz, donde permanecen para la fiesta del 13 de septiembre y los siguientes días.

Tras ello, los jefes de los grupos conminan a los danzantes a retirarse a descansar y comer, para regresar por la tarde regresar a danzar por las calles de Querétaro.

Diego, el menor duranguense se encuentra entre los concheros y danzantes que participan en la fiesta. Nos comenta que viene con alegría con nueve personas, del grupo de concheros Corazón de María.

Dice que vienen para pagar la visita de los grupos queretanos a su tierra, lo que tradicionalmente se llama “Conquista”, una de las costumbre arraigadas entre los danzantes.

Diego comenzó a danzar a los ocho años de edad porque le gusta, pero además encontró en esta tradición una manera más profunda de acercarse a Dios e interpretar la fe.

Por la tarde, las calles de Querétaro se cierran al tránsito de los vehículos. Los Arcos, en dirección al centro permanecen cerrados desde Circunvalación, para permitir que los grupos de concheros hagan suya la tradicional avenida.

Sin embargo, la gente, los espectadores llegaron a la avenida desde dos horas y media antes que comenzará el desfile. Muchos ciudadanos, para apartar lugar, llegaron a las jardineras de Zaragoza desde las 14:00 horas. Ocupando los costados con sillas y sentados en las jardineras, para tener una mejor vista de los grupos y sus llamativos atuendos, sin importar que los automóviles pasarán a centímetros de ellos.

José León Muñoz, mayordomo del templo de la Santa Cruz, ayuda en la organización de las fiestas. Dice que los grupos de concheros son unos grandes devotos de la Santa Cruz desde tiempos inmemorables. Actualmente hay 22 mesas de concheros, aglutinando a poco más de siete mil danzantes, mientras que de apaches son alrededor de tres mil.

Desde las 16:00 horas los penachos, tocados y tambores invaden las calles queretanas. Miles de personas se dan cita para ver a los grupos de danzantes, concheros y apaches que toman parte de la tradicional fiesta.

La temperatura es de 28 grados y no se ven nubes en el cielo. El sol cae a plomo sobre las pieles morenas y las frentes sudorosas de los danzantes, hombres y mujeres que tienen en la danza la mejor manera de mostrar su fe.

Los grupos avanzan poco a poco. En esos lapsos bailan en un lugar al ritmo de los tambores.

Los espectadores en tanto, calman su calor con alguna nieve, paleta de hielo, refresco e incluso beben cerveza, mientras observan el paso de los grupos. Tres mujeres, turistas japonesas, observan a la distancia las danzas.

Pronto una se anima y se abre paso entre la gente hasta quedar en primera fila. Saca su teléfono celular y saca un par de fotos, para luego grabar unos minutos. Regresa con sus compañeras y les muestra. Luego permanecen en su lugar.

Los niños son los más interesados en los concheros. Los observan con curiosidad e interés. Observan los penachos y tocados, algunos como los de los apaches, con cráneos de animales o aves disecadas, que dan mayor colorido.

Los vendedores tienen un buen día. Incluso los locales fijos registran buenas ventas. Los concheros mismos aprovechan las detenciones para buscar algo de comer o una bebida para calmar la sed. Una cerveza no viene mal, así como una orden de tacos al pastor.

Algunas concheras aprovechan para llamar por teléfono, tomarse una selfie y posar para algunos queretanos que quieren la foto del recuerdo de este día y esta tradición tan arraigada en Querétaro.

Cuando los primeros grupos de concheros ya llegaron al templo de La Cruz, los últimos aún no parten, por lo que la fiesta seguirá hasta entrada la noche. En el atrio los concheros se acomodan y hacen filas para entrar a rendir culto a la Santa Cruz en su día.

Luego de pasar se retiran a un costado del templo, en la calle de Independencia, donde a pesar de la caminata, el calor y el esfuerzo físico, vuelven a danzar. Los grupos reúnen a su alrededor a decenas de personas que observan sus ejecuciones.

Para quienes el hambre ya hace mella, están los puestos de guajolotes, gorditas, tacos, elotes y papas a la francesa. No faltan los tradicionales jarritos, que con su mezcla de jugo de naranja, refresco de toronja y en algunos casos tequila, son ideales para calmar la sed.

La tarde cede su lugar a la noche y los concheros siguen arribando al templo de La Cruz. Más tarde, se quemará un torito, para gusto de chicos y grandes, que ven en este espectáculo una tradición más de los fiestas queretanas. Por dos días más, hasta el 15 de septiembre, seguirán las fiestas en La Cruz.

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