Paramédico aéreo vuela alto para salvar vidas

Trabajo exige capacitación profesional: integrante del CRUM
Iván Rodríguez señala que quiere dedicar toda su vida a los servicios de urgencias médicas. El joven de 25 años de edad es paramédico aéreo y desde 2011 es parte del equipo del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM) del estado. (FOTOS: STAFF EL UNI)
10/01/2017
05:49
Gonzalo A. Flores
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Hay profesiones para las que se nace y reconocer esa vocación a tiempo ha servido para que Iván Rodríguez quiera dedicar toda su vida a los servicios de urgencias médicas. El joven queretano es paramédico aéreo, tiene 25 años y desde 2011 es parte del equipo del Centro Regulador de Urgencias Médicas (CRUM) que pertenece a la Secretaría de Salud del estado, una profesión que siempre le atrajo.

“Creo que uno lo trae en la sangre, mi mamá es enfermera y primero inicié como voluntario en los bomberos donde empecé a familiarizarme con el medio, posteriormente estudié en Aguascalientes y terminé mi licenciatura en Atención Pre Hospitalaria para dedicarme de lleno a esto”, contó en entrevista con EL UNIVERSAL Querétaro.

Ser parte de un servicio que está cambiando la atención pre hospitalaria como son los traslados aéreos, es algo que le llena de “mucho orgullo y satisfacción, porque se trata de desarrollar una profesión, mucha gente ve lo que hacemos como una labor altruista pero no es así, es una profesión que existe y hay que estar lo más capacitados que se pueda para la atención de emergencias”.

Iván recibió su certificado como Técnico Superior Universitario (TSU) en Urgencias Médicas en 2010, aunque terminó la carrera formal en la Universidad de Aguascalientes donde se graduó en Atención Pre Hospitalaria en 2014. No obstante, desde que ingresó al CRUM Querétaro, entre la experiencia operativa y los cursos que ahí mismo se ofrecen, logró convertirse en paramédico aéreo y después desempeñarse como coordinador de los mismos.

“Aquí nos dijeron que para ser paramédico aéreo sería con base en capacidades y conocimiento, no soy el único, hay varios compañeros que también hacen traslados aéreos pero todo depende de cuánto sepa la persona, pues si se tiene conocimiento de paciente crítico, manejo de vía aérea, ventilación, fármacos e intervenciones avanzadas se les da la oportunidad para que aborden al helicóptero pues eso aumenta la calidad de atención y la supervivencia del paciente, en sí todos tienen la posibilidad de abordar, siempre y cuando tengan un nivel de capacitación amplio”, reveló el rescatista.

Contra corriente. Todas las profesiones conllevan complicaciones. Al ser paramédico, dice Iván, se enfrenta a que la gente sigue creyendo “incluso en mi familia, que ésta es una labor altruista, que es algo voluntario y la verdad es que no está bien reconocido ya que ni siquiera en algunas universidades o trabajos te reconocen como un profesional, eso es contra lo que hemos tratado de luchar más para que se nos reconozca como verdaderos profesionales”, afirmó.

Rodríguez Granados reconoció que de igual forma es un trabajo impactante por los tipos de servicios que atienden, aunque el mayor problema que pudiera experimentar un paramédico es saber que pudo hacer más por un paciente y por la falta de equipo no se evitó un desenlace trágico.

“Lo que más se complica en el plano operativo son varias cosas, entre ellas pacientes pediátricos con muchísimas lesiones, pero creo que el mayor problema al que luego nos enfrentamos es que sabes que tienes que hacer muchas cosas para atender a alguien y por falta de equipo o material no lo logras, al final, aunque los pacientes fallezcan uno hace todo lo posible por ayudarles, el desenlace no lo dictamos nosotros pero cuando no tienes equipo o material, esa frustración es terrible, el no poder hacer más”, platicó el joven, que entre los casos que más lo han impactado se encuentran los servicios para niños y mujeres embarazadas.

“Depende mucho, uno se involucra tanto en la atención médica como hasta en la vida de los pacientes algunas veces”, añadió.

Iván recordó uno de los traslados que realizó el año pasado, en julio, cuando le tocó ser parte de la tripulación que llevó a cabo la maniobra para beneficiar a un paciente de 10 años. Un traslado desde Jalpan de Serra al Estadio Corregidora, luego de que el menor sufriera un accidente automovilístico que le causó un traumatismo craneoencefálico.

“Fue complicado, el paciente estaba muy grave pues tenía un trauma de cráneo severo y tenía un problema respiratorio. El riesgo de vuelo era complicado porque en las alturas los gases se expanden y el problema se puede agudizar, ese vuelo fue un reto total, lo bueno es que aquí en el CRUM contamos con equipo o material suficiente, en este caso un ventilador mecánico que benefició al niño durante su traslado. Influye mucho el equipo y el material con el que trabajamos.

“Siempre es un reto amplio atender a un paciente clínico, lo encontramos inestable pero el niño respondió al movimiento para el traslado e incluso lo entregamos más estable de cómo estaba. En el vuelo vamos vigilando y monitoreando, la aeronave es muy pequeña, no puedes hacer mucho, y casi ni se disfruta el vuelo porque va uno concentrado en el paciente”, contó.

Labor que apasiona. En palabras de Iván, ser paramédico es “muy emocionante, en lo personal no lo siento tan estresante porque me gusta, es adrenalina total pero también es conocimiento y ciencia, pues no sólo es llegar al lugar y ya, sino estudiar, estar actualizado y es muy padre ver cómo aplicas todo el conocimiento que tienes en una emergencia y el paciente responde. Es medicina de emergencia basada en evidencia, lo que funciona y lo que le hace mejor al paciente.

“Es apasionante, todos los chavos que están aquí les encanta, es vicioso este oficio, hay quienes lo hacen de gratis aunque lo ideal es que no sea así, esta es una profesión y hay que tomarla como tal”, aseguró el joven, que también platicó sobre lo que sienten y cómo superar eventos en donde no logran salvar la vida de una persona.

“Es difícil, esa frustración puede llegar a causar un sentimiento fuerte, pero demostrándoles a los jefes y directores las causas de muerte, el que a lo mejor si se hubiera tenido medicamento o equipos se pudo haber hecho más. Muchas veces encontramos a las personas tan lesionadas, a un paso de la muerte, en donde se hace todo lo posible pero las lesiones son tan severas que ya no sobreviven, pero en otros casos, donde gracias al equipo y la intervención rápida se dan buenos resultados”.

Dijo que uno de esos casos son las personas que tienen infartos, pues si rápido reportan, “llegamos y se dan maniobras básicas con lo que tienen altas probabilidades de sobrevivir, al igual que las pacientes obstétricas o embarazadas, que si hablan rápido a los servicios de emergencia tienen muchas probabilidades de sobrevivencia”.

Sin embargo, cuando se hace todo y no hay equipo para hacer más, “sí da mucho coraje, dan ganas de pegarle a la pared, pero por eso estamos trabajando duro, para demostrar con números y estadísticas que los servicios de emergencia deben de estar al pie del cañón siempre”.

Los paramédicos son seres humanos y también sienten, por lo que también reciben apoyo cuando lidian con la frustración cuando con un paciente se hace todo lo que se puede, y aun así no se evita un desenlace trágico.

“Nosotros le llamamos desactivación emocional, lo manejamos con los compañeros de la Secretaría de Salud que tiene sicólogos y siquiatras, en caso de que tengamos lo que denominamos como incidente de estrés crítico, que es cuando nos toca ver una escena fuerte y con los compañeros nos desactivamos, que significa el desahogarse, sacar todo el sentimiento guardado, hablar con los médicos y calmarnos, a lo mejor dejándonos de subir a servicio un tiempo hasta que se retoma el ritmo.

“Es importante, si todos esos sentimientos se guardan se crea un síndrome que se llama burnout, que significa quemarse con el trabajo muy común en policías, bomberos, paramédicos y médicos donde trabajan demasiado, se queman y al final de cuentas ya no hacen bien la labor, no porque ya no quieran sino porque ya están cansados y no contaron con una ayuda sicológica principalmente, entonces se pierde sensibilidad, ver que sufre alguien y que no sientas nada ya preocupa, es cuando se mandan a sesiones con sicólogos para que se desactiven y entren en terapia”, explicó el joven que hace mucho tiempo perdió el miedo a las alturas, por lo que los temores a los que se enfrenta actualmente son “por las condiciones climáticas, que llueva, granice o que pase alguna falla mecánica”.

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