“En la Escuela para Ciegos no hay tristezas, todos nos reímos”

Destacan acervo bibliográfico en lenguaje Braille y macro libros
Foto: Victor Pichardo
04/12/2016
01:59
Domingo Valdez
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“ Aquí no hay tristezas, todos nos reímos”, afirma Brenda Leal, coordinadora de Educación de la Escuela para Ciegos y Débiles Visuales de la Unión de Minusválidos de Querétaro, en donde la lucha contra la adversidad y las limitantes no son obstáculo para ser felices.

La biblioteca de la escuela es como cualquier otra. Los estantes están llenos de libros, las mesas están colocadas en las orillas, así como las sillas. Un escritorio está al frente, pues comenzará la clase de inglés.

El acervo bibliográfico es único: libros en lenguaje Braille y otros textos en tamaño amplio, que pueden consultar aquellas personas débiles visuales. El espacio también se usa para otras actividades, como las clases y algunos de los cursos que se brindan para los alumnos de la institución.

En el lugar hay diversas actividades, como masoterapia, mecanografía, idiomas, manualidades o cocina. Todo para débiles visuales y ciegos.

Alfredo Blandina Fernández de Luna, director y representante legal de la Unión de Minusválidos de Querétaro y la Escuela para Ciegos y Débiles Visuales, dice que brindan servicio a 120 personas, pero regularmente asisten 103.

En la planta baja del inmueble están las cabinas para los masajes terapéuticos que algunos de los ciegos y débiles visuales brindan, tras capacitarse, a quienes necesiten este tipo de tratamiento, a un costo inferior al que se ofrecen en otras instituciones, pero no por ello menos profesional.

El taller de mecanografía y el de cómputo reciben a los alumnos que quieren aprender a usar una máquina de escribir o usar una computadora.

El “tac, tac” de las máquinas de escribir lleva hasta el salón donde los alumnos aprenden a escribir. Memorizan dónde están las teclas que corresponden a cada palabra y, aunque estos aparatos fueron reemplazados en muchas oficinas, en varios lugares aún se utilizan para ciertos trámites.

Blanca Edith Arias García explica que tiene 38 alumnos que se dividen en tres grupos. El primero tiene 10, en segundo 18 y el tercero otros 10. “No hay límite de edad, es a partir de los 15 años. Que sepan escribir. Algunos [antes de] la pérdida que tuvieron ya sabían leer y se les facilita un poquito más”.

Señala que sí les cuesta trabajo a los alumnos aprender a escribir, por lo que los docentes deben de tener estrategias necesarias para que se les facilite aprender a usar las máquinas.

Blanca lleva poco más de dos trabajando en la escuela, antes trabajaba en el Centro de Capacitación para el Trabajo Industrial (Cecati), que tiene un convenio con la escuela, llamado Capacitación a Distancia.

“Mandan al docente a la unidad donde lo requiere y, en este caso, dije que me quería venir con mis niños. Es una satisfacción muy grande, nunca me lo imaginé. He tenido grupos allá [en Cecati] con gente que sabe leer y escribir, pero participar aquí, con ellos [los invidentes] es muy satisfactorio”, dice.

Apunta que trata de que sea un grupo muy ameno. Cuando a alguno se le mete un dedo entre las teclas le hacen una broma, siempre con respeto y para tener una actitud positiva. Destaca que sus alumnos son personas muy agradecidas, pues siempre le llevan una fruta o algún presente.

En el último piso, está el taller de manualidades. En un costado, la cocina, donde la comida del día ya se prepara. El olor a salsa impregna el lugar. En el otro costado del salón, el elevador, que sirve también para otras personas con discapacidad física motriz.

Apunta que la biblioteca se usa para diferentes actividades y dinámicas. La habitación está en penumbras. No hace falta encender la luz, la que se filtra de las escaleras es suficiente.

Extiende un libro a los recién llegados y les pide que lean unos párrafos. No pueden, es un libro en Braille. Leal dice eso es lo que les pasa a ciegos y débiles visuales cuando acuden a un restaurante y les llevan la carta. No hay restaurantes con menús en Braille.

Las risas y bromas se secundan. Dicen que el Braille es bueno para los estudiantes, pues pueden hacerse “acordeones” para los exámenes y nadie se daría cuenta. Las risas vuelven.

Brenda muestra los macro libros para los débiles visuales. Textos pesados que son difíciles de transportar.

El grupo hace bromas de cómo transportar en los camiones una mochila con esos libros. Las risas se vuelven carcajadas y hacen bromas sobre los viajes en transporte público y como el chofer invita siempre al pasaje a “pasarse para atrás en dos filas”.

En tono más serio, dicen que hay objetos en la vía pública les puedan causar lesiones severas; las calles están llenos de obstáculos, advierten.

“Aquí llegan lastimados de la frente por medidores, los automovilistas que suben medio carro a la banqueta, las banquetas en mal estado, los baches. Saliendo de la escuela, ya sea a la derecha o a izquierda, hay dos postes que dicen discapacidad [los lugares exclusivos para aparcar] esos son los primeros en estorbar. Además, como no hay rampas, suben a la banqueta en sillas de ruedas, pero cuando llegan a la banqueta hay un poste y un medidor”.

Pese a ello, el ánimo entre las mujeres y hombres es elevado. Para esta temporada decembrina, como es tradición de unos años a la fecha, presentarán una pastorela, cuya función será el próximo 7 de diciembre a las 17:00 horas en el teatro de Seguro Social.

No hay tristeza, no hay depresión por la discapacidad. Sencillamente es otra forma de vivir y percibir la existencia y el mundo, sólo piden que el entorno no sea tan hostil, así como más oportunidades e igualdad.

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