Tacos Las Vías; de una mesa bajo un árbol a recibir decenas de comensales

Desde hace 19 años una familia deleita muchos paladares sobre la carretera
Tacos Las Vías; de una mesa bajo un árbol, a  recibir decenas de comensales
Foto: Mitzi Olvera
10/02/2019
07:56
Domingo Valdez
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A un costado de la carretera a la Sierra Gorda, desde hace 19 años existe una parada obligada para los automovilistas. Son los tacos de Las Vías, que comenzaron como un pequeño puesto con una lona y una mesa, pero que gracias a su fundador, Vicente Santos Mora, ahora es un local que ofrece tacos de guisos y los domingos, barbacoa.

María Francisca Vega Mora, responsable del negocio y nuera de Vicente Santos, observa a las mujeres que hacen tortillas, gorditas y guajolotes alrededor de un comal.

Observa también a la distancia a los clientes que se levantan de sus lugares, van hasta donde está un cesto con tortillas, toman una o dos, y se dirigen a las cazuelas, en donde están los guisos para los tacos, que desde hace casi 20 años deleitan los paladares de quienes pasan por la carretera 100.

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Somos originarios de San Antonio de la Cal, municipio de Tolimán. Ya hasta perdimos la cuenta, estamos entre los 18 y los 19 años”, dice la mujer, quien indica que ella está desde el inicio, cuando apenas era una mesita debajo de un árbol.

Narra que comenzaron debajo de un árbol, la madera con la que atizaban era regalada, no tenían la suficiente base económica para empezar el negocio. Ella comenzó haciendo tortillas, pero su suegro nunca perdió la fe en que el negocio sería redituable para todos los involucrados.

“Hace 18, 19 años, él [Vicente Santos] se dedicaba a la construcción, pero a veces llegaba y nos decía que a donde iba a comer nunca le atendían bien. A veces llega uno cansado, llegas con ganas de que te atiendan bien, que te despachen bien, y la verdad, es muy desagradable ver caras”, recuerda María Francisca.

El olor de los guisados llena el ambiente. En el comal se inflan las tortillas, para que los clientes se hagan los tacos ellos mismos.

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Mientras entra una familia, María Francisca recuerda que Vicente le dijo que justo debajo de un árbol que se ubicaba a la orilla de la carretera le gustaría vender comida, tacos, pero no tenían dinero para invertir. Aún así, decidieron incursionar en el negocio.

Recuerda que en un inicio vendieron barbacoa en La Griega, pero en la carne no hay mucha ganancia, por lo que decidió vender tacos, cuyos guisos llevaba en cuatro cazuelas.

“Regresa y nos platicó que vendió 170 pesos. Vendimos algo y así empezó. Nosotros nos quedábamos en La Griega, él se venía con su esposa y así empezamos. Después vimos que iba funcionando”, indica.

Fueron tiempos aciagos, pues comenzaron pidiendo apoyos a una empresa refresquera para que les diera sillas y mesas, pues no tenían nada. Apenas un brasero de carbón, un comal de barro y una pequeña mesa de madera.

Los clientes llegaban y no había dónde sentarse, por lo que se disculpaban con los ellos por no tener una silla. La mayoría respondían que no había problema, que venían sentados, viajando en carretera y que era agradable permanecer de pie, pues lo único que querían era comer e irse.

Servirse al gusto, surgió de manera fortuita. Recuerda que una ocasión un cliente elegantemente vestido. Vicente servía los tacos bien llenos y esa ocasión el hombre terminó con la camisa totalmente manchada.

El hombre le dijo a Vicente que no le gustaba que le sirvieran sus tacos, que le gustaba preparárselos él mismo, que gustaba de un taco normal. Sin pensarlo mucho tiempo, Vicente determinó que los comensales se hicieran sus tacos, pues el cliente siempre tiene la razón.

“Así es como empezamos. Con mucha fe, mucha esperanza y echarle muchas ganas. El negocio no nació de la noche a la mañana, nos llevamos años, batallando”, enfatiza.

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Agrega que también han enfrentado problemas, pues el dueño del terreno donde se colocaron taló el árbol debajo del cual se instalaban. Ese hecho desmoralizó momentáneamente al equipo, pero pensaron en solucionarlo, colocando lonas, pero Vicente, pensando en la comodidad de las mujeres que trabajaban con él, decidió poner una lona fija.

En tiempos más recientes, un techo de lámina y mesas de concreto, forradas de plástico, reciben a los clientes.

El ir y venir de comensales no se detiene. “Ahorita está tranquilo. Es fin de quincena, no viene mucha gente, pero así hay días, unos buenos, unos malos. Así son los negocios”, subraya.

Con el tiempo la fama de los tacos Las Vías creció con los años, a pesar de los cambios en la carretera, como su ampliación, además de la instalación de tubos de gas, que no permitían que los comensales, fieles a los tacos, se estacionaran, pero que no dejaban de acudir a degustar los 16 guisos diferentes que se ofrecen para “taquear”.

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Los comensales se agolpan alrededor de las cazuelas, con sus tortillas en el plato. Algunos toman uno de enormes vasos de jugo de naranja que un joven hace al momento, para acompañar los tacos, mientras un ligero viento frío recorre el sitio.

Atrás del negocio, la barbacoa se comienza a cocinar en el horno que está en el suelo y que está tapado con piedras. Es mediodía para cocinarse, dice María Francisca, quien nunca pierde la sonrisa, es parte del negocio: no perder la fe y la esperanza.

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