Niños Dios. Tradición que va a la baja

Pese a ventas bajas por el alza de precios, locatarios del mercado La Cruz ofrecen ropa y accesorios para presentar a “Jesús” en la iglesia con motivo del Día de la Candelaria
Héctor señala que las telas aumentaron de precio y eso se ve reflejado en los precios, aunque el costo de la ropa depende del tamaño del Niño Dios. Dice que en Querétaro no existe un fabricante a gran escala de vestimenta (CÉSAR GÓMEZ)
29/01/2017
03:07
Domingo Valdez
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“Las ventas están muy tranquilas, como que la tradición se está perdiendo”, afirma Héctor Jiménez, quien desde hace ocho años vende ropa para Niño Dios en el mercado de La Cruz, con motivo del Día de la Candelaria, fecha que marca el final de las festividades de la Natividad.

Como cada año, son varios los puestos que ofrecen la ropa para vestir a los Niños Dios que las familias queretanas llevan a misa el 2 de febrero, fecha que marca la tradición, recordando el pasaje bíblico en el que José y María presentan en el templo a Jesús.

Los diferentes puestos exhiben diferentes modelos, inspirados en santos o profesiones. Así, se puede encontrar al Niño Cirujano, al Niño Doctor, al Niño San Charbel o al Niño San Benito, además de los inspirados en los arcángeles.

Héctor explica que se dedica a vender esta mercancía desde que se casó con María Verónica Hernández Martínez, quien tiene más de 25 años de ofrecer la vestimenta que los Niños Dios lucirán todo el año.

Comenta que los puestos se instalan desde el 20 de enero hasta el 2 de febrero, hasta la última misa en el templo de La Merced, que es a las 20:00 horas. Durante este tiempo Héctor se queda a dormir en el puesto, pues dice que quitarlo y ponerlo diario sería muy laborioso.

El surtido de ropa es amplio, señala, “hay de muchos santos, del Señor de la Misericordia, San Judas Tadeo, el Sagrado Corazón, dependiendo de la devoción de la gente. Hay muchos que le prometen vestirlo de Niño Doctor, otros prometen vestirlo de San Judas, de Ángel de la Guarda, o de algunos de los arcángeles, es por eso la variedad de nuestros productos”.

Los clientes, principalmente mujeres, se acercan a preguntar los costos o ver los modelos de ropa que se ofrecen en el puesto de Héctor, así como en los otros que se instalan y que permanecerán hasta la tarde del 2 de febrero, para aquellos que el mismo día buscarán al atuendo para el Niño Dios.

Indica que normalmente ellos mandan a elaborar la ropa, pues trabajan con un catálogo de un sastre de la Ciudad de México, además de que les ofrece más modelos que surgen, de acuerdo con las preferencias de los consumidores.

“Hasta ahorita el más raro, o el que casi no habíamos vendido era de San Charbel y el de San Benito. Mucha gente habla de los milagros que han hecho, y pues como los piden, así los traemos”, asevera.

En años anteriores, recuerda, el más vendido era el Ángel de la Guarda y los arcángeles, como Miguel, Gabriel, Rafael y Jofiel.

Señala que en estos tiempos las ventas son irregulares y bajas, “como que la gente se está alejando de estas tradiciones. En años pasados nos iba bien, pero ahorita con todo eso del alza de la gasolina, mucha gente ya no viene. Siento que están temerosos de que habrá otra alza de gasolina, y el presupuesto ya no les alcanza. En años anteriores no había eso de que fueran a subir las cosas, pero con este trancazo que nos dieron con la gasolina, siento que sí nos afecta. Hasta nosotros como compradores a otras personas nos afectó mucho, porque nos aumentó el precio de los vestidos”.

Apunta que las telas aumentaron de precio y eso se ve reflejado en los precios que ofrecen al público, aunque el costo de la ropa depende del tamaño del Niño Dios. Los atuendos de gala, explica, cuestan 680 pesos, para un Niño de 45 centímetros, que es el más grande. El mini, que es del número dos, cuesta 80 pesos, y las tallas van del dos, a la 45, además de tallas especiales.

De la misma manera, Héctor vende los accesorios para los Niños, como canastas, moisés y tronos, entre otros.

En la familia de Héctor no pueden faltar a la tradición, pues tanto en la familia de su esposa, como en la suya acuden a la iglesia a presentar al Niño Jesús. “Tengo cuatro hijos y los cuatro tienen su Niño Dios. Yo también tengo el mío, con mi esposa”, afirma.

Explica que el resto del año se dedica a la carpintería, mientras que su esposa se dedica al hogar, aunque a partir de septiembre comienzan a elaborar alfeñiques y calaveras de azúcar, para el Día de Muertos, además de que en diciembre venden musgo y heno; en Reyes, aguinaldos; el 2 de febrero, ropa de Niños Dios y el 14 de febrero venden flores.

Una clienta se acerca a preguntar por un traje. Héctor le explica que cuesta 560 pesos, pero “viene completo. Viene con zapatos, calceta, calzón, fondo, vestido, capa y gorro, ya no tienes que comprar nada extra”. La clienta se retira y pregunta en el puesto que está al lado. La madre de Héctor, Juana Ortiz Jaramillo, mujer de rostro y plática alegre, lo acompaña unos momentos en el puesto y le ayuda a ofrecer la mercancía y dar información a los clientes que se acercan.

Además de vender la ropa, en el puesto de Héctor ofrecen retocar y limpiar a los Niños Dios, para dejarlos como nuevos y posteriormente vestirlos con sus mejores galas.

Detalla que a muchas personas, cuando es el primer año que llevan al Niño Dios a la iglesia, les venden al Niño, el vestido y su canasta. Cuando son Niños que llevan años en la familia nada más compran el vestido, o se los llevan, pues saben que los arreglan bien, “por eso es que tengo en exhibición todo mi muchacherío”.

Muchas ocasiones, la gente que llega a vestir a los Niños les platica por qué quieren una ropa en especial, o ellos mismos les explican el significado de un atuendo. Dice que en estos tiempos, muchas familias se encomiendan a San Benito, por los males que existen actualmente.

“La historia de San Benito dice que fue una persona que hacía muchos hechizos, se dedicaba a la brujería. Cuando muere, Dios le dio el don de remediar todo lo malo para convertirlo en bien. Entonces ahorita muchos nos encomendamos a él para todo eso de envidias y brujerías, aunque yo no creo en eso, pero sí hay cosas malas y nos encomendamos a él. Y mucha gente que lo ha vivido se encomienda a él”, asevera.

Añade que en Querétaro no existe un fabricante a gran escala de ropa para Niños Dios, razón por la cual tiene que recurrir a su proveedor en la capital del país, aunque sí hay personas que los hacen tejidos, otras que los hacen manuales, pero no son lo mismo, pues los que ofrecen Héctor y su familia vienen completos.

Héctor dice que su Niño favorito es el Ángel de la Guarda, pues como tiene que dormir estos días en el puesto, es a quien se encomienda para que lo proteja de todo mal.

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