Cerrajero, un oficio adaptado a los tiempos

Ángel tiene 26 años en un trabajo que no dejaría, pero que exige actualización constante pues la tecnología en seguridad avanza día con día
Explica que las llaves electrónicas, controles remotos, cambios de pilas, reparación de pistas de los controles y de puertas automáticas es parte del trabajo actual. FOTO: Gonzalo Ibañez
27/01/2017
01:52
Domingo Valdez
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Gabriel Ángel Romero Basaldúa, cerrajero desde hace más de 26 años, señala que, como todas las actividades, su oficio se tiene que modernizar, pues la tecnología en cerraduras y seguridad avanza día con día. El hombre es experto el cajas fuertes y llaves de automóviles, con lo que demuestra el dominio de un trabajo que no dejaría.

“Difícilmente cambiaría de oficio, pero si queremos estar al día hay que modernizarse. El oficio es noble. Aquí no hacemos grandes cuentas, pero nos la llevamos tranquila para poder estar tranquilos, comer bien y tratar de tener lo necesario. Pero si queremos estar a la par de lo nuevo que llega, tenemos que actualizarnos, para lo que pudiera pedir la gente”, dice.

Desde hace dos décadas, ocupa un local sobre la calle de Madero, casi esquina con Tecnológico, en donde junto con su esposa, Jovanna Casillas, y su hija Tania, recibe a los clientes que acuden a solicitar sus servicios de cerrajería, que van desde el duplicado de unas llaves, hasta abrir una caja fuerte o instalar cerraduras en domicilios.

Su local luce los diplomas y reconocimientos que ha cosechado a lo largo de sus años en el oficio, en el cual tiene que actualizarse constantemente, pues las tecnologías en seguridad avanzan rápidamente.

“Me sigo actualizando en el oficio, pero ya no voy tanto a los seminarios, porque ahora ya hay otros medios. Ahora hay que saber un poco de mecatrónica, ingeniería electrónica, reparación de computadoras, saber soldar, que es lo actual. La cerrajería antigua es reparación de chapas, de candados, de cajas fuertes antiguas”, indica Ángel, detrás del mostrador de la cerrajería que lleva su nombre.

Uno de los trabajos que poco a poco se han dejado de hacer, explica, es el que tiene que ver con cajas fuertes antiguas. Desde su punto de vista, estos aparatos son verdaderamente de seguridad, ya que actualmente hay cajas electrónicas que no son tan seguras como las de hace unos años.

Las cajas fuertes antiguas, cuyos mecanismos funcionan por gravedad, de ahí lo pesado que suelen ser, sólo las usan las empresas que manejan grandes cantidades de efectivo y requieren de seguridad máxima, señala.

Recuerda que, hace muchos años, en Querétaro el oficio de cerrajero era propio de algunas familias, que pasaba de generación en generación, pero en su caso no fue del todo así.

“Propiamente de mi familia, mi papá no era cerrajero, era herrero, pero tenía primos hermanos que trabajaban en esto y fue de donde lo aprendí. Aquí, en Querétaro, hay como tres familias de abolengo, que son los que prevalecieron en aquel entonces y se fue haciendo una distribución de cerrajeros, con el ayudante, del ayudante, del ayudante”, abunda.

Pero de un tiempo a la fecha, indica, llegaron cerrajeros de la Ciudad de México y el negocio se extendió aún más; pero venían con otra mecánica de trabajo, con conocimientos de la cerrajería actual, que tiene que ver con controles de puertas y llaves de automóviles, que son los casos que atiende.

“En mi caso me tuve que preparar, pero esa gente que venía de allá [de la Ciudad de México] ya venía con algo actualizado en ese sentido. Antes, si se quería seguir aprendiendo había que ir a los seminarios, que se hacían en diferentes partes de la República”, asevera.

Llaves electrónicas, controles remotos, cambios de pilas, reparación de pistas de los controles y de puertas automáticas es lo actual; lo antiguo es la cerrajería doméstica.

“Ahora todo es más práctico, ya resulta económicamente lo mismo de que la repare y que la cambie. Cuando son buenas chapas y de calidad, sí se les ofrece la reparación, pero cuando vemos que son muy viejas, se les hace la invitación a los clientes para que las cambien”.

La cerrajería antigua, abunda, era reparar, hacer la pieza “hechiza”. Aunque lo sigue haciendo, como en el caso de las cajas fuertes, en donde se apoya en el trabajo de un tornero.

Un cliente llega al local. Pide un duplicado de una llave. Jovanna lo recibe y le pregunta qué servicio requiere. Toma la llave y luego toma una nueva, la cual moldea. El chillido agudo de cuando se moldea el metal llena el local. En menos de cinco minutos la llave nueva del cliente está lista. Un trabajo rápido y eficiente.

Asevera que los casos en que la gente dejó las llaves dentro de su domicilio o su vehículo son frecuentes, pues “a todos nos pasa”.

Señala que en el caso de los automóviles es más complicado, ya que son más herméticos, pero de una u otra manera se tienen que abrir cuando se quedan las llaves adentro. Además, refiere que hace llaves con chip, casos para los que justamente se tiene que actualizar.

En ese tipo de trabajos requiere de equipos especiales, que son muy caros y con el paso del tiempo se hacen obsoletos y no justifica su compra y la posible ganancia que se pudiera tener con los mismos, añade.

Sostiene que, a pesar de lo moderno, no deja de prevalecer la cerrajería tradicional y que, muchas veces, por la competencia se malbarata el trabajo al momento de cobrar.

“Si vienen y me preguntan cuánto les cobro por abrir un carro y programar la llave, les digo, por ejemplo, mil 400 pesos. Pero como hay mucho equipo chino y no trabajan con el original, a la vuelta le pueden cobrar al cliente mil 200. Ya es muy desleal el oficio en ese sentido”.

A pesar de ello, tiene a sus clientes de antaño, que incluso lo esperan el tiempo que sea necesario para que les haga un trabajo, pues confían en sus conocimientos y mano de obra.

“Se les sigue haciendo la cerrajería tradicional, reparaciones, mantenimiento”, dice al tiempo que explica que tienen herramientas para llaves de seguridad y las llaves tradicionales, aunque también existe un laboratorio que hace llaves por computadora, al cual acude cuando es necesario, por la complejidad de las llaves.

En su negocio trabajan él, su esposa, su hija y un técnico. Tanto a su cónyuge como a su vástaga él mismo fue quien les enseñó el oficio y lo apoyan en el negocio. Antes de ocupar el taller de Madero, Ángel apunta que trabajó en la colonia Casa Blanca, en donde empezó con el oficio, para luego ocupar otro local sobre avenida Tecnológico y, posteriormente, mudarse a su actual ubicación.

Señala que nunca se ha puesto a pensar en cuántos clientes acuden a pedir sus servicios, pero calcula que alrededor de 45 personas solicitan sus servicios, aunque los clientes de toda la vida le llaman por teléfono para que programe una visita a sus domicilios.

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