El artista argentino nómada de Querétaro

Chef de profesión, Carlos Vorraber ha recorrido el mundo con su más grande pasión: la pintura, el mismo arte que lo trajo a estas tierras
“Tienes que exprimirte. Cuando pinto dos o tres cuadros acabo exhausto. Para mí esto es como hacer el amor, pero 10 veces, no sólo una. Eso es la pintura”.
Foto: Mitzi Olvera
24/09/2018
02:43
Domingo Valdez
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Un joven retoca el cuadro que pinta mientras Carlos Vorraber Feldick lo observa. El artista plástico argentino que desde hace cuatro años abrió una galería en el centro de Querétaro, dice que encontró en la capital del estado un buen lugar para desarrollar su trabajo artístico, además de explotar sus otras habilidades: la cocina y la ortodoncia.

Carlos se mueve de un lado a otro mientras muestra sus cuadros abstractos que llaman la atención por la intensidad de sus colores. Desde una ciudad, hasta un paisaje natural, algunos en gran formato, otros de un tamaño estándar.

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Cuenta que ya tiene algunos años fuera de su país, alrededor de 20. En México ha estado en la Ciudad de México, San Miguel de Allende, y ahora en Querétaro, además de algunas temporadas en Europa.

Dice que los argentinos se animan a viajar más por el mundo, “las formas en la que vive la sociedad hace que uno se anime un poco más [a viajar] porque a veces l a vida es un poco más injusta, todo mundo se queja, todo mundo aprende, todo mundo busca sobresalir, se tienen estudios universitarios, una o dos [carreras], hay muchas cosas que hacemos y que otras personas no, porque están muy cómodas, en su zona de confort, y nosotros casi siempre somos golondrinas. Yo soy de una familia alemana que llegamos allá, entonces nuestro ADN anda dando vueltas por el mundo”, señala Vorraber.

La pintura y su galería

Cuatro años atrás fundó la galería, a la cual se han sumado poco a poco otros artistas, hasta hacer un colectivo, el cual les permite a todos los artistas vivir y tener un espacio para mostrar su trabajo.

Él exporta parte de su trabajo a Canadá, donde tiene muy buena recepción, aunque con los nuevos acuerdos comerciales que se avecinan en la región es un poco más lento, pero como es el único que trabaja ese estilo, el abstracto, siempre tiene mucho trabajo, desde armar los bastidores hasta la realización de cada una de las obras.

Carlos muestra su trabajo, algunos cuadros están a medio terminar, trabaja duro. Dice que algunas cosas se pueden entender, otras quizá no, pero “no todo en la vida se entiende”, pero eso es el arte, que deje algo en el espectador, que proclamen cosas.

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Para Carlos, el arte es un proceso que debe de ir paso a paso, que es lo que les inculca a sus alumnos, básicamente un A, B, C de la pintura.

“Tomamos el camino de la vida que queremos. Yo tomé este camino, y este camino me da muchísimas satisfacciones”.

Originario de la provincia de Misiones, Argentina, llegó hace siete años de San Miguel de Allende, Guanajuato, donde tenía un bazar, pero por razones de seguridad decidió salir de esa ciudad; sin embargo, el arte sigue estando presente.

Comenta que cuando llegó a Querétaro sus creaciones eran principalmente para Canadá, por lo que podía trabajar donde quisiera, creando en paz, a pesar de que el estado no tiene mucho mercado para lo abstracto, aunque los grandes formatos son muy valorados en los fraccionamientos de reciente creación, además de que muchos son hechos a pedido.

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De chef a pintor, pasando por técnico

Carlos es chef de profesión, aunque estudió Bellas Artes en la Universidad de Palermo, y ahora es técnico dental, pero su principal actividad es la pintura, trabajo al cual le destina hasta 12 horas diarias. Los fines de semana hace empanadas y le da un espacio a la ortodoncia.

“Como México no hay dos. Tiene mucho colorido, cultura, olores, sabores, la tranquilidad, la forma de vida, el clima, la gente, tiene todo. Mi país es muy bonito, pero México tiene todo, no te falta nada, si quieres crear, creas, si quieres comer, comes, si quieres ser tonto, eres tonto, si quieres triunfar, triunfas, todo depende de ti. Uno acá se queja mucho de la situación económica, pero en otros lugares es atroz. Acá uno más o menos sobrevive”.

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Agrega que gracias al nombre que ya tiene y al internet, puede vender alrededor del mundo, a veces le piden cosas, y como puede pasar un par de días sin que tenga pedidos, en un día pueden “caer” cuatro clientes que le significan un mes de trabajo continuo.

“Tienes que exprimirte. Cuando pinto dos o tres cuadros acabo exhausto. Para mí esto es como hacer el amor, pero 10 veces, no sólo una. Eso es la pintura”.

Trata de llevar un vida saludable muy alejada a la idea romántica que se tiene de la vida bohemia de los artistas, pues le gusta estar en buen estado físico, para expresar mejor su arte.

El número de alumnos de Carlos varían. A sus clases acuden muchas mujeres que usan la pintura como terapia, pues pasan por el proceso de separación, algunas chicas que rompieron su noviazgo, así como hombres mayores, niñas, niños, todos acuden para aprender pintura.

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Pero es también terapéutico, pues se sumergen en la pintura y se aislan, olvidan un poco la vorágine de la vida, y eso es importante, que ayuda, y luego provoca.

“Cuando algo provoca estamos haciendo una ignición en el ser humano, que fuera de lo común, que es lo que nosotros necesitamos encontrar, que la gente tenga esa ignición, o que explote al ver algo… llámale como quieras, pero provoca”, dice el artista.

 

bft

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