Jóvenes miden los niveles de homofobia

Con carteles, alumnos de la UAQ adoptaron una preferencia sexual distinta y buscaron la aceptación y abrazo de la gente
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Actividad realizada en el centro histórico de Querétaro por alumnos de la UAQ
La mayoría de las personas, de diferentes edades, aceptaron el abrazo que ofrecía la joven; otras la felicitaron por su valentía de dar a conocer sus preferencias sexuales en un lugar público / Foto: Guillermo González
17/05/2018
03:01
Domingo Valdez
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"Soy gay ¿Me darías un abrazo?”, dice el cartel que sostiene Hugo en el centro del Jardín Guerrero. Muchos pasan de largo cuando leen el mensaje. Otros se detienen y abrazan al joven espigado, que estudia la carrera de Ciencias de la Seguridad de la Facultad de Derecho de la UAQ, quien junto con sus compañeros hacer un experimento social, para ver la reacción de la gente. Este día 17 de mayo se conmemora el Día Nacional e Internacional contra la Homofobia.

Un hombre que vende pulseras se acerca al joven, lee el cartel y sin mediar muchas palabras brinda un efusivo abrazo al joven, quien un poco “sacado de onda” por la muestra de solidaridad espontánea responde a la misma.

Andrea Paulina Arredondo y Alejandra León explican que su licenciatura tiene un enfoque en la persona, con una materia que se llama seguridad y género, donde llevan cabo un proyecto sobre diversidad e igualdad de género.

Alejandra señala que la queretana es una sociedad que está en movimiento, pero todavía existe mucha represión, por lo que no todos ejercen sus preferencias con libertad, por todos los tabús que existen alrededor de la diversidad.

Sin embargo, indica, hay mucha discriminación por el pensamiento tan tradicionalista que permea entre las personas de mayor edad, ya que entre los jóvenes la aceptación de todas las preferencias sexuales es mayor y hay más respeto.

Hugo Vázquez es el joven que valientemente toma el cartel y se anuncia como gay. Señala que la respuesta de la gente, en su gran mayoría, fue positiva, aunque no faltaron las expresiones de intolerancia de algunas personas.

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Fotografía: Guillermo González

Estudiante del segundo semestre de Ciencias de la Seguridad, Hugo apunta que fue interesante medir la reacción de la gente con el cartel. Dice que le interesa conocer qué es lo que siente la gente, porque este no es un tema local, es un problema a nivel global, en todos los lugares pasa que por tener una preferencia distinta no tienen los mismos derechos.

Comenta que la reacción de la gente, en un inicio, fue decepcionante, “pues me acerqué con las personas de limpieza y si fueron insultos, como ‘no, jotito, ahorita no tengo besos. Ya después se acercó una chava y me dijo que ella era lesbiana y que era bueno que lo expresara."

“Ya después se acercaron otras personas. No pensé que se fueran a levantar tantos. Hay señores que están forjados a la antigua y es muy difícil que acepten esto y me les acercaba y en un inicio lo dudaban, pero luego ya aceptaban”, explica.

Agrega que las muestras de intolerancia fueron pocas, y las personas aceptaron de buena forma darle un abrazo. Sin embargo, por si pasaba algo que se saliera de control, sus compañeros estaban ubicados de tal manera que si sufría una agresión pudieran acudir rápido a apoyarlo.

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Contra la discriminación

Por su parte, Jesús Adrián Aguilar, otro de los jóvenes que participan en el experimento social, indica que “nosotros estamos en contra de la discriminación por su preferencia sexual. Por eso trajimos la cartulina para medir la reacción”.

Asevera que fingieron una agresión, para ver la reacción de las personas, algo que midieron como positivo, pues cuando la gente notó que estaban insultando al joven se acercaron varias personas a defenderlo y apoyarlo.

Luego de medir la reacción de la gente en el jardín Guerrero, el grupo de jóvenes estudiantes se mueve al jardín Zenea. Lo hacen en parejas, para no llamar la atención de los ciudadanos que pasean por el lugar.

La dinámica es la misma, pero ahora se cambian los roles. Es una chica quien porta un cartel donde dice que es lesbiana. Las reacciones no tardan en llegar. No pasan más de cinco minutos para que una mujer mayor se acerque a la joven y le de su abrazo, mientras le dice algo al oído que hace sonreír a Andrea Cabello Reséndiz, la chica que porta el cartel.

La reacción de la gente, contrario a lo que le sucedió a Hugo es diferente. Andrea no experimenta rechazo o insultos. Los abrazos llegan más rápido y de todos los sectores. Igual recibe el abrazo de un joven que de una mujer de edad que pasea con sus nietos, o de una pareja de mediana edad que hace sus compras.

Andrea dice que la mayoría de los mensajes que le dan las personas que la abrazan son de aliento, la felicitan por la valentía. Incluso una mujer le dice que Dios la ama y que Dios no son los sacerdotes de la iglesia que prohíben la entrada a homosexuales y lesbianas.

Algunas otras personas, como unos jóvenes que venden flores artificiales se le acercan y le hacen comentarios que arrancan una sonrisa a Andrea, mientras sus compañeros observan a la distancia dispuestos a auxiliarla en caso de ser necesario.

No hace falta. Quizá por ser mujer, quizá por verla vulnerable, o porque la chica genera simpatías, recibe más abrazos que Hugo. La gente se muestra más amigable, receptiva, incluso parecen aceptar que la chica trigueña, mediana estatura y sonrisa amplia tenga una preferencia sexual diferente. Al final, no hay dos humanos iguales.

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