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Medio siglo de voceador

Dedicado desde niño a la venta de medios impresos, afirma que antes no había tanta competencia y espera que el oficio continúe
FOTO: Ricardo Lugo
01/10/2016
02:10
Domingo Valdez
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A los 7 años de edad, Jesús Sánchez Álvarez, se quitaba los zapatos y corría repartiendo el periódico, cuando Querétaro era una ciudad chica y no había mucha competencia. 60 años después, en su puesto frente a la primaria “Benito Juárez”, en Zaragoza y Allende, el veterano voceador señala que las ventas han bajado, aunque espera que su oficio prevalezca por mucho tiempo.

De físico esbelto, pues practicó futbol hasta hace unos años, Jesús tuvo que abandonar este deporte —que, dice, es su pasión— tras ser operado de una hernia, hace dos años y medio.

Recuerda que cuando comenzó repartía el periódico Amanecer, al lado de su amigo Salvador Sánchez, quien vende aún por el rumbo del mercado Escobedo.

Narra que entregaban el periódico a pie, pues lo vendían en la calle, pero llevaban el diario a los doctores, contadores, abogados y otros profesionistas. “La ciudad era chica y era de nosotros, entonces andábamos descalzos vendiendo. Encargábamos los zapatos para correr y ganar”, abunda.

Dice que la ciudad era chica, pues por un lado sus límites estaban en lo que actualmente es la Antigua Estación, por el otro hasta la carretera México-Querétaro, mientras que hacia La Cañada, La Cruz estaba a la orilla de la capital y por el otro extremo el límite era la avenida Tecnológico.

Con el tiempo, su padre, Sidrónimo Sánchez González —quien fue líder de los voceadores queretanos— le recomendó que pusiera un puesto fijo, pues la ciudad empezaba a crecer y sería complicado vocear de calle en calle, además de que ya tenía una familia en camino.

Decidió instalarse en avenida Zaragoza y la calle de Allende, frente a la primaria “Benito Juárez”, donde él mismo estudió y a donde fueron sus cuatro hijos también a la escuela, así como sus nietos.

Recuerda que su esposa les daba a sus hijos su almuerzo a la hora del recreo a través de las rejas de la escuela y cuando salían, sólo corrían al puesto, donde hacían sus tareas mientras sus padres trabajaban.

Añade que por más de 40 años fue hasta la Ciudad de México a surtirse de mercancía, trayendo a los queretanos los diarios nacionales todos los días.

A pesar de estudiar la carrera de docente y recibirse como maestro, no quiso ejercer, pues ello implicaba dejar su pasión: el futbol. Gracias a este deporte jugó en diferentes equipos que lo llevaron a recorrer buena parte de la República Mexicana, aunque nunca de manera profesional. Algunos de sus clubes fueron de los voceadores queretanos, quienes enfrentaban a sus homólogos de otras entidades.

Emocionado, como si lo volviera a vivir, don Jesús saca de puesto unos sobres con fotografías. Son imágenes en blanco y negro que muestran tiempos pasados, de amigos suyos, algunos que ya no están.

Son también recortes de periódicos, cuyos papeles amarillentos son la prueba de los años que llevan almacenando una nota, una foto, un testimonio de los años que se fueron.

Se acerca una mujer a comprar una revista de chismes de famosos, de las que más se venden actualmente. Atiende a la clienta y sigue platicando de los tiempos cuando jugaba futbol con los compañeros de aquel Querétaro en el cual se conocían y convivían todos, sin importar los apellidos, los linajes o las clases sociales, pues dice que conoció a los niños Loyola Vera (Ignacio y Roberto).

Señala que el gremio de los voceadores ha sido muy golpeado siempre, pues los gobiernos de vez en cuando “tienen ocurrencias” que afectan sus ventas, pero pese a ello, siempre tendrán para comer.

Tiempos modernos

Sobre el crecimiento de la ciudad, don Jesús apunta que en los últimos años y comparando cómo era antes la capital, en la actualidad hay muchas personas que no son queretanas, que vienen atraídas por las ofertas de empleo que ofrece el estado o para hacer negocios y, en el peor de los casos, huyendo de la inseguridad del crimen organizado en el norte del país, lo que podría ser una ventaja para la venta de periódicos y revistas, pero ya es mucha la competencia.

Precisa que hay muchos sitios donde ya se venden periódicos y revistas, además de que el internet también ha reducido las ventas de los impresos, pues la gente joven usa más este medio digital para informarse de manera inmediata de las noticias, aunque asegura que nada como tener el papel y la tinta en las manos.

Sin embargo, la venta sigue siendo constante, pese a la reducción de ventas, pues su ubicación estratégica frente a la escuela ayuda a que los periódicos y revistas “se le antojen” a las mamás que van por sus hijos. La muestra: una mujer que llega por su hijo a la escuela “Benito Juárez”, se detiene antes por un periódico local. Otro hombre llega y pide EL UNIVERSAL Querétaro.

Los niños salen de la escuela y también corren al puesto de don Jesús, buscan estampas.

Pese a ello, las ventas han bajado.

“Antes hacíamos ventas de 500 o mil pesos en un día, cuando ahora apenas alcanzan los 200 pesos diarios. La buena administración es lo mejor. No me gustan los préstamos”, abunda.

El movimiento crece alrededor del puesto de periódicos de don Jesús. La calma de la mañana se rompe con la salida de los menores de la escuela. Se acercan los padres y madres a ver los periódicos, a buscar su revista, a pedir un ejemplar en especial.

Precisa que de las revistas más vendidas están las de chismes de famosos, así como las destinadas a las adolescentes, mientras que las señoras compran revistas de manualidades, mientras que los hombres de mediana edad en adelante revistas de divulgación científica.

Sobre las revistas llamadas “para caballeros”, apunta que incluso las de ese género han visto caídas en sus ventas, pues en internet los hombres que gustan de estos materiales los pueden tener de manera gratuita sin tener que ir a un puesto de periódico a comprar.

Confía en permanencia del negocio

Agrega que incluso el aumento de la gasolina y la energía eléctrica les afecta, pues en su puesto tiene un medidor, cuyo servicio debe de pagar, a pesar de sólo usar un foco y una radio que pone para escuchar música.

“Ya no es lo mismo. Uno quisiera vender como antes. Esperamos en Dios que sigamos sobreviviendo, aunque sea de penurias y que las editoriales nos sigan apoyando, aunque sea con algo mínimo, pero que nos echen la mano”, puntualiza.

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