En los últimos 27 años el país ha visto pasar 14 partidos políticos sin pena ni gloria por la escena electoral, pero eso sí, con financiamiento por más de 2 mil 266 millones de pesos a costa de los contribuyentes. Con militancia exigua, escasa votación y sólo alguno que otro con ideología y propuestas. El grueso de esos partidos desaparecieron del mapa sin rendir cuentas, y el patrimonio adquirido con recursos públicos fue un botín para sus dirigentes.

En todo el país se calcula que se han creado y desaparecido un centenar de partidos a nivel local, pero son 13 las fuerzas políticas nacionales ya desaparecidas y una aún en proceso de liquidación: el Partido Humanista, por no haber alcanzado el 3% de votos en las elecciones federales de 2015.

En esa campaña el Partido Humanista estuvo sumido en una abierta disputa política por el control de las prerrogativas, misma que inició apenas le otorgaron el registro y financiamiento público, en 2014.

El largo proceso de liquidación del partido político lleva tres años, aunque el PH tuvo vida sólo dos años, en que recibió 138.3 millones. Se ha liquidado a casi 500 trabajadores, pero hay decenas que promovieron juicios, además de demandas penales en siete entidades por falta de pago a presuntos acreedores.

Pero antes de que se regulara la extinción de un partido político, éstos desaparecían sin mayor trámite y todos los recursos financieros y bienes muebles e inmuebles se quedaban en manos de sus dirigentes como un patrimonio personal, salvo muy contadas excepciones.

Fue así que los primeros partidos que surgieron en la década de los 80 y 90, algunos liderados por “luchadores” sociales, campesinos y obreros vieron en los partidos una fuente inagotable de recursos monetarios.

Ejemplo de ello es el Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN) nacido en 1985 y extinto en 2002. Aunque se desconoce el monto de recursos totales que recibió, pero sólo de 1992 a 1997, sus dirigentes manejaron alrededor de 93.6 millones de pesos.

La cifra, aparentemente reducida, en realidad sería de escándalo si se considera que en 1993 entró en vigor el “nuevo peso” que eliminó tres ceros, por lo que en 1992 el llamado “partido del ferrocarril” contó en realidad con 5 mil millones de “viejos pesos”; en 1993 le tocaron ya, en nuevos pesos, cerca de 10.2 millones.

En esa época la fiscalización era prácticamente inexistente y sólo se revisaban registros contables y la comprobación de gastos en “actividades específicas” (tareas editoriales, de investigación) con el fin de reembolsar a los partidos una parte de los recursos gastados.

Por ello, con recursos partidistas y actividad “social” —pues sus líderes fueron señalados de invadir predios, por ejemplo— se hicieron de costosas propiedades en la colonia Condesa de la Ciudad de México, que no fueron reintegradas al patrimonio público, pues no había nada estipulado en la ley para que devolvieran los bienes adquiridos con dinero del partido.

Así salieron de la escena partidista los partidos Revolucionario de los Trabajadores (PRT) del que apenas se sabe que recibió 5 millones de pesos (disuelto en 1989); el Demócrata Mexicano (PDM) que recibió 29.3 millones de pesos sólo en 1991, y de 1994 a 1997. El PPS contó con 38.5 millones de pesos, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) obtuvo 82 millones de pesos.

Más actuales son el Partido Centro Democrático (PCD) que tuvo 64.7 millones; el Sociedad Nacionalista (PSN) que se embolsó 451 millones de pesos; Alianza Social, con (PAS) 443.6 millones, y Democracia Social (PDS) con 64.5 millones de pesos. El Partido Liberal (PL), con 97.7 millones; México Posible (PMP), con 97 millones; Fuerza Ciudadana (FC), con 95 millones, y Alternativa Socialdemócrata (PASC) con 565.6 millones de pesos.

Cabe resaltar que esos millonarios recursos para los partidos políticos hoy extintos contrastan con su escasa votación ciudadana. En 2000, en que hubo votación para renovar al Presidente de la nación, por ejemplo, el partido Democracia Social contó con 54.5 millones de pesos entre financiamiento ordinario, de campaña, y por actividades específicas, pero apenas obtuvo 1.57 % de los votos a nivel presidencial.

El PARM estuvo peor. Tuvo recursos por 53.5 millones de pesos y alcanzó 0.42% de los votos (157 mil). El Partido Centro Democrático tuvo más votos, 0.55 % (208 mil) y 54.7 millones de pesos en total ese año. Una elección presidencial antes, en 1994, el PARM rayó apenas 0.55 % de la votación pero tuvo 4.94 % del recurso público de los partidos para campañas.

El total de su financiamiento por todos los conceptos, “para el desarrollo”, para actividades generales, específicas, y una “subrogación del Estado” para que los legisladores que integraban cada partido aportaran para el sostenimiento de sus partidos, accedió a 9.9 millones de pesos.

Ese año [1994] el PPS tuvo 0.47 % de los votos y le fueron otorgados 9.1 millones de pesos, el PFCRN alcanzó 0.85 % de votos y su bolsa total de financiamiento fue de 15.1 millones de pesos, en tanto que el PDM apenas tuvo 0.28% de los votos pero aún así gozó con el financiamiento de 6.3 millones de pesos.

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