“Enfrenta PRI la elección más crítica de su historia”

Definirá papel que juega dentro del sistema político: experto
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El politólogo César Sánchez considera que el PRI es un partido que no ha experimentado una evolución como organización política (FOTOS: DEMIAN CHAVEZ. EL UNIVERSAL)
04/03/2018
03:23
Marittza Navarro
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El Partido Revolucionario Institucional (PRI) cumple 89 años de su conformación; aquél 4 de marzo de 1929, y a propuesta de quien era presidente de la República un año antes, Plutarco Elías Calles, es que nació el Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Durante seis décadas tuvo hegemonía en las posiciones de poder, hasta que en 1989 perdió la gubernatura de Baja California, en manos del Partido Acción Nacional.

A 89 años, el PRI enfrenta la elección más crítica de su historia y la que, en definitiva, deberá marcar el rumbo inmediato del instituto político que enfrenta casos de corrupción y una débil confianza ciudadana hacia el gobierno que encabezan, considera el politólogo, Julio César Sánchez Díaz.

“La de 2018, para el PRI, es una elección crítica y en buena medida para definir el papel que juega dentro del sistema político y también sobre eso su relevancia dentro del sistema de partidos”, refiere.

Sánchez Díaz es licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y tiene una especialidad en procesos electorales y campañas políticas.

Desde su perspectiva, el PRI no ha vivido una real transformación en sus años de historia; sigue operando como una “gran maquinaria electoral”, en donde el mote del “nuevo PRI” resultó ser retórica.

“Actualmente, es un partido que, desde mi punto de vista, no ha experimentado y probablemente no quiera hacer una transformación en sus usos y costumbres para hacer política, no hay una evolución particular del PRI como organización política”, destaca.

“Me parece que sigue siendo una gran maquinaria electoral, pero es legítimo cuestionarse si realmente es una organización eficiente como intermediario entre la sociedad y el Estado”, explica Sánchez.

Después del 1 de julio de 2018, los escenarios del partido serán dos: si resulta ganador será una continuidad en el gobierno federal, que le dará poco margen de maniobra porque se exigirán políticas inmediatas para arreglar los problemas de inseguridad y los escándalos de corrupción.

Pero si pierde la elección, implicará el planteamiento de una recomposición política; en ese imaginario, estaría perdiendo posiciones estratégicas en los congresos estatales y en el federal.

El PRI, agregó el especialista, depende de dos factores que afectarán directamente la preferencia electoral: los casos de corrupción y la imagen presidencial en donde la figura de Peña Nieto, pero también como PRI gobierno, no gozan de la mejor credibilidad.

“La imagen del presidente no es una situación ajena al partido, le pesa en términos de percepción ciudadana, por un lado, en todos estos sucesos relacionados con la corrupción, pero también con la ineficiencia específicamente en el tema de seguridad”, añade.

Alejado de su esencia ciudadana. Para la priísta Eunice Arias Arias, la esencia social de la creación del PRI está perdida: no hay agenda de inclusión, la noticia diaria es la corrupción en todos los niveles del gobierno y no hay políticas para privilegiar a los más necesitados.

Recordó que “por muchos años mantuvo (el partido) una política de apertura hacia las y los ciudadanos que quisieran integrarse a participar”, además de incluir en la agenda gubernamental y legislativa sus principios nacionalistas.

Eunice Arias fue diputada local, delegada en Querétaro del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), es consejera nacional del partido y también lo representa ante ONU Mujeres.

La joven reconoce que el PRI está alejado de esos principios sociales, “está dominado por un grupo que busca mantener sus privilegios y seguir enquistado en el poder, lo vemos muy claro en Querétaro: no hay apertura a la ciudadanía, menos a la agenda de la sociedad”.

Agregó que para las candidaturas se privilegió a un grupo de poder por encima de militantes y representantes sociales de campesinos, trabajadores, profesionistas, mujeres y jóvenes. “La ciudadanía no encuentra en el PRI una opción que los represente”, señala.

A los problemas de corrupción e impunidad se suma la ineficacia de funcionarios y la falta de interés que derivan en problemas sociales, como la inoperatividad de programas que dejan sin recursos a los programas sociales.

En un año electoral, decidió no participar de la contienda interna para elegir candidato, debido a la tolerancia de “actos de corrupción, la ineficacia de servidores y la forma en cómo se reparten las candidaturas entre amigos, amigas y socios, haciendo a un lado a los militantes y cerrándole la puerta a los ciudadanos (…) tampoco hay candidatos ciudadanos, esto es un claro rompimiento del PRI con la ciudadanía y sus causas sociales”.

La historia. Los orígenes del PRI, encontrados en los archivos del instituto político, refieren que fue el 5 de enero de 1929 cuando Plutarco Elías Calles, ya sin ser presidente de la República, convocó a una convención para el 4 de marzo de 1929.

“Cuando nuestro país encausaba las facciones revolucionarias: Carrancistas, Villistas, Obregonistas y Zapatistas, y entraba a la etapa de las instituciones políticas, surgió el Partido Nacional Revolucionario que supo amalgamar en su seno a las distintas corrientes de pensamiento, fogueadas al calor de la revolución de 1910”, expone la historia institucional.

En esa reunión se formalizaron los estatutos de la nueva organización; nació como un partido de corrientes, de fuerzas políticas distintas pero afines, provenientes de la Revolución Mexicana.

En el año de 1936 se creó el movimiento obrero Confederación de Trabajadores de México (CTM) y dos años después, para el sector ejidal, la Confederación Nacional Campesina (CNC); para 1943 se constituyó la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP).

Para 1938 evolucionó, el 2 de abril de ese año, con el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM), con Luis I. Rodríguez, con la integración de sus cuatro grandes sectores: el Agrario, el Popular, el Obrero y el Militar.

En 1946 adoptó el nombre actual: Partido Revolucionario Institucional, ya sin la presencia del cuarto sector, el militar, “porque las altas autoridades así lo consideraron conveniente para contribuir con ello al mantenimiento de la paz y la seguridad nacional”.

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