La pintura y la religión conviven en su arte

Fray Luis Enrique García descubrió desde muy niño que pintar le permitía crear otros mundos; en ese viaje encontró a Dios, y ahora consagra su vida a ambas pasiones
Luis Enrique precisa que es un artista joven, que aún no tiene un amplio bagaje de obras, pero espera algún día estar en un museo.
Foto: César Gómez
23/10/2018
07:02
Domingo Valdez
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Desde niño, Fray Luis Enrique García sintió el gusto por el arte, en especial la pintura, pues dice, es un proceso donde se crean otros mundos, y por ese lado es una actividad que tiene que ver mucho con Dios, que es crear de la nada, crear otro mundo. En sus pocos ratos libres el joven fraile ejerce la pintura, que nunca ha estudiado de manera profesional, pero para la que tiene un don especial.

Luis Enrique dice que muchos de los cuadros que ha hecho los ha regalado, y su obra más reciente ya tiene dueño. En esta pintura, dice, se tardó año y medio, pues lo hizo en sus ratos libres, que no son muchos.

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Con 23 años de edad, fray Luis Enrique tiene tres años radicando en Querétaro. El convento de La Cruz es el lugar donde lleva su vida de religiosa y sus estudios.

Indica que en sus obras trata de sacar lo que lleva dentro, en su alma, para hacerlo visible en un lienzo, “porque no soy muy bueno con la lengua. A mí me gusta mucho pintar”.

Comenta que su vida de fraile y la pintura se unen, pues leyendo libros de historia se ha dado cuenta que la evangelización se ha apoyado de la imagen. Prueba de ello, dice, es Santa María de El Pueblito, que es una imagen palpable, “que los naturales pudieron ver y decir: Así es. Aunque por la fe sabemos que esa figurita no es María, pero nos transporta y nos conecta con la verdadera María que está en el cielo”.

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Las imágenes, agrega, son una ventana, es algo que nos comunica, que nos sirve de medio. “Para mí la pintura es lo mismo. Yo hago pintura religiosa, la Sagrada Familia, la Virgen de El Pueblito, la Inmaculada, San Francisco, pero creo que tiene este doble sentido, de ayudar a entender a la gente los misterios de la fe, que pueden ser muy densos, pesados, difíciles de entender.

Entonces, cuando la gente y nuestro pueblo ven una imagen entiende mejor lo que se le trata de comunicar”, añadió.

Luis Enrique precisa que es un artista joven, que aún no tiene un amplio bagaje de obras, pero espera algún día estar en un museo. Dice, mientras ríe, que ese sería su sueño guajiro.

Explica que dentro de la iglesia tienen un evento entre frailes que se llama Academia, donde los religiosos presentan sus trabajos, como escritos, poesía, investigaciones, y ahí ha aprovechado para presentar sus obras, teniendo siempre un muy buen recibimiento entre sus compañeros.

Las técnicas que domina

Precisa que maneja varias técnicas, principalmente óleo y temple. Confiesa que algo que le gustaría rescatar es la pasta de caña, material con la que está elaborada la Virgen de El Pueblito, pues no sólo le llama la atención la pintura, también la escultura. De esta última disciplina sólo tiene dos piezas. Una de ellas es Santa María de El Pueblito y la otra es el primer nacimiento representado por San Francisco, que es San Francisco con el Niño en brazos.

Luis Enrique camina al interior del convento. Se dirige hacia donde tiene el cuadro que acaba de terminar. Es la Sagrada Familia, réplica de la elaborada por el artista Miguel Ángel.

No busca la fama

Luis Enrique lo muestra orgulloso. Incluso aprovecha para lucir su hábito, en lugar de la ropa deportiva con la que vestía por las labores que realizaba minutos antes. Ya con el hábito puesto, Luis Enrique pasa a la seriedad de un fraile que explica que algunas fotos de su trabajo se pueden ver en Facebook, pues al igual que muchos jóvenes de su edad, tiene redes sociales.

Precisa que aunque sí le gustaría exhibir en una galería, su interés no es tanto saltar a la fama, pues es religioso y dice, eso le basta.

Me basta crear. En algún momento sí me gustaría que mi trabajo estuviera en una sala de museo, pero por el momento es muy pronto, además de que ahora el estudio de la filosofía es lo que me ocupa. Pinto sólo en mis tiempos libres, que son pocos, pero trabajo en edificar este talento que Dios me ha dado. Eso es lo importante para mí”, enfatiza el religioso.

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Originario de Coroneo, Guanajuato, dice que en su tierra natal, como es un lugar chico donde todos se conocen, es muy difícil que se reconozca el talento de la gente. Llegar a Querétaro le sirvió para mostrar su talento, pues además de pintar, desde su llegada es el encargado de llevar a cabo el tapete de aserrín para recibir a la virgen de El Pueblito en el templo de La Cruz. Ese trabajo es el más visible que puede mostrar y que la gente puede ver.

Luis Enrique dice que nunca tomó clases de pintura, todo su talento es un don que, como dice, Dios le dio.

Luis Enrique toma su pintura con delicadeza y cuidado. Lo observa y luego lo muestra. Las formas y el estilo son de buena manufactura. Añade que de momento no tiene tiempo para estudiar arte en forma, aunque no lo ve como algo imposible.

 

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