Vacías, las casas de empeño también viven la cuesta de enero en Querétaro | Querétaro

Vacías, las casas de empeño también viven la cuesta de enero en Querétaro

Tradicionalmente este mes era el de mayor movimiento para estos negocios, sin embargo, a raíz de la pandemia por Covid-19, el flujo de clientes del sector ha mostrado una caída

Vacías, las casas de empeño también viven la cuesta de enero en Querétaro

Vacías, las casas de empeño también viven la cuesta de enero en Querétaro Foto: Demian Chávez

Nuestras Historias 12/01/2022 07:38 Estrella Pérez Actualizada 16:49

La afluencia de personas es poca en algunas casas de empeño y  llega a ser nula. En una de ellas el mismo recepcionista estira su mano y señala hacia las cajas vacías.

En uno de estos establecimientos la gente llega a cuentagotas, entran de manera discreta y pasan por el filtro sanitario: checan temperatura, toman gel antibacterial y se dirigen a las cajas o a la zona de avalúos

En el área donde se aprecian los artículos llegan personas con una pantalla, el tamaño del televisor requiere de más de una persona para trasladarlo; una vez llegando a esta mampara, se escucha el valuador decir “enciéndanla, para valorar las condiciones en que se encuentra”.

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Antes de la pandemia la cuesta de enero llevaba implícito que algunas personas tuvieran que recurrir a empeñar sus bienes, al exterior de las casas de empeño se observaba a la gente hacer filas, pero ahora es diferente.

La cuesta de enero ha cambiado los escenarios, al menos así se refleja desde el inicio de la pandemia, comenta Lety,  quien es vendedora de tamales y atoles en el exterior de una tienda de empeño.

Desde hace 20 años Lety coloca su puesto de tamales en la esquina de avenida Tecnológico, con avenida Constituyentes, desde ahí observa la afluencia de personas que llegan a realizar un empeño de sus propiedades, algunos también se han convertido en sus clientes.

“Ahorita nada que ver”, exclama, al hacer referencia a la poca presencia de quienes recurren al empeño. Antes, señala, había filas de gente para ingresar. Tradicionalmente acudían antes o después del Día de Reyes, épocas cruciales en la denominada cuesta de enero.

Sin embargo, comparte, a raíz de la pandemia de Covid-19 la situación se modificó, al menos es lo que observa desde su puesto de tamales y atoles.

“Sí [me ha tocado ver la afluencia de gente], pero ahorita nada que ver. Lo veo en que ya no hay gente, antes, pasando el Día de los Reyes se veía que venían a empeñar, pero ahora ya no. Venían antes de reyes o después de reyes, pero ahorita nada, entonces había gente formada y ahorita nada que ver, está muy tranquilo”.

Paty afirma que desde el inicio de la pandemia “para acá ha bajado bastante” el flujo.

La gente que llega a la casa de empeño también es una fuente de clientes para Lety, es por eso que ella también ha resentido esta baja. La venta comienza desde las 7:30 de  la mañana y termina entre las 10:30 y 11:00 de la mañana, depende del día; pero recuerda que antes de la pandemia la venta acababa más temprano, ahora debe esperar un poco más para terminar de comercializar sus productos.

“La verdad que sí, ahora se ha visto menos [gente]. Aquí llego a las 7:30 y terminamos a las 10:30 u 11:00, depende de cómo esté el día, antes era de volada [la venta], pero ahora está muy tranquilo, por lo mismo que viene menos gente”, destaca.

En las dos décadas que lleva de vender en este punto, los inicios de enero -los enmarcados ahora por la pandemia- han sido los que observa con menor flujo de personas.

Quienes en su momento fueron a empeñar algún objeto y ahora regresan a consumir sus tamales, le han compartido que en algunos casos tuvieron que perder sus bienes pues no alcanzaron a juntar el recurso necesario para recuperarlos.

“Mucha gente dejó perder sus cosas, ya no alcanzaron a reunir el dinero, perdieron sus alhajas o lo que empeñaron”.

Aunque ha bajado el número de clientes, Lety no ha pensado en cambiar su lugar de venta, pues tiene esperanza en que en algún momento se retome el flujo de gente que recurra a los servicios de empeño. 

Además, buscar otro punto para colocarse no es la primera opción al recordar lo complejo que resultó tramitar su licencia para vender en esta ubicación.

“Me mantengo aquí porque aquí saqué la licencia, no puedo moverme a otro lado, aquí tengo que quedarme. Prefiero quedarme aquí pues a lo mejor y se compone, porque es muy difícil sacar la licencia”.

En los 20 años que tiene  de estar en este punto, señala, enero solía ser el periodo del año en el que más gente se veía transitar por esa zona, situación que, reitera Lety,  cambió con la llegada de la Covid-19.

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“Sí, es en enero, por la cuesta de enero, ahora nada que ver, antes estaban formados, se veía que la gente llegaba seguidito, pero ahora nada que ver con otros tiempos”.

Mientras tanto, Lety continúa recibiendo a sus clientes, muchos de ellos transeúntes o personas que laboran cerca de su punto de venta; de pronto, llega un par de clientes, uno de ellos ya pareciera ser frecuente, pues antes de decir algo, ella le comenta: “ya se me acabó el atole de arroz”.

El arribo de nuevos clientes es bajo, el parteaguas es la pandemia, coincide el trabajador de una tienda de empeños, quien prefiere mantener el anonimato y sólo comparte que en estos tiempos los clientes escasean.

Al demostrar la baja afluencia de personas en esta casa de empeño, despliega su brazo en dirección a los pasillos vacíos. 

Él prefiere no dar entrevistas, “no nos dejan”, comenta, pero amablemente comparte un teléfono de atención a clientes.

Mientras tanto, en dicho establecimiento se observa a un joven entrar, pero no se dirige al área de empeño, sino a los anaqueles donde hay artículos electrónicos exhibidos: desde estéreos hasta algunos teléfonos celulares. 

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