Retablos desaparecidos, base de la investigación

Su trabajo centra el uso de las imágenes y las estrategias de evangelización en la zona de la Sierra Gorda, a mitad del siglo XVIII
Misión Serrana Retablos desaparecidos, base de la investigación
Foto: Demian Chávez
27/12/2018
06:22
Domingo Valdez
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La investigadora Cristina Ratto y Yésica Calderón de la Barca, alumna de la primera, se apresuran a tomar fotografías de las cúpulas de la misión de Jalpan de Serra. Luego de casi una semana de trabajo en las diferentes misiones serranas se disponen a regresar a la Ciudad de México, para afinar los últimos detalles del libro que la experta de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) prepara de estos templos, cuyo acervo original, como los retablos traídos de la capital del país en el siglo XVIII, han desaparecido en su totalidad.

La especialista de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM dijo que preparan un libro sobre las cinco misiones serranas, centrado en el uso de las imágenes y las estrategias de evangelización en la Sierra Gorda, en la segunda mitad del siglo XVIII.

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Está centrado sobre todo en una nueva visión sobre el sentido de las fachadas, más allá de lo iconográfico, el libro lo que busca es relacionar cómo esto funcionaba en términos de discurso visual para la evangelización.

Una de las cosas, creo más interesantes de este enfoque, ojalá luego vengan más estudios, es que recuperé el texto de las dos visitas que realizaron en 1762 y 1770 previo a la secularización de las misiones, y en esos textos se describe todo el interior de cada una de las cinco iglesias. Hoy están todos los retablos, deduzco, no estoy muy segura, es una hipótesis, que los retablos y las pinturas se perdieron entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, pero la descripción del inventario de las visitas de 1762 y 1770 me permitió reconstruir y entender de alguna manera que adentro estaba lleno de imágenes y había unos retablos magníficos con pintura de gran formato”, explica.

El motivo de la investigación

Indica que uno de los objetivos de su trabajo es tratar de recuperar la descripción de estos interiores perdidos y relacionar esos interiores con las portadas, en términos de una praxis muy desarrollada para intentar un proceso muy efectivo de evangelización en un territorio que todavía era, en el siglo XVIII un territorio de frontera hacia la Sierra Gorda.

Comenta que todo este arte, tanto las pinturas como los retablos se perdieron en su totalidad, que quizá algo de este trabajo pudo llegar al acervo del Museo Regional de Querétaro, pero algunas descripciones de finales del siglo XIX hablan de que todo estaba perdido.

Dice que la mayoría de los retablos y las pinturas eran encargadas en México. Llegaban desensamblados y había alguien en la sierra que los podía armar. Eso se pudo hacer porque el segundo contingente de evangelizadores, en el que venía a la cabeza fray Junípero Serra, que no era el único, tuvieron una estrategia muy clara de desarrollo económico para las misiones serranas.

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“De hecho, había algunas misiones que tenían sus sistemas de pequeños acueductos, de acequias, fue una especie de control del territorio con un fin económico, desarrollar estabilidad económica, para poder estabilizar y desarrollar las misiones, que perdieron ese apogeo debido a la secularización.

“Yo creo que el proceso de secularización (influyó). Esto (en un inicio) era un proceso de evangelización muy bien pensado, muy bien articulado, y en el momento en el que se precipita la secularización, es decir, cambiar frailes con un muy alto entrenamiento y con una estrategia muy clara para la evangelización. Cambiar por el clero secular, fue cambiar completamente el sistema, lo que hizo que esto colapsara en muy pocos años”, señala.

La rama de los franciscanos de la Congregación de Propaganda Fide, eran los encargados de las cinco misiones serranas, dependientes del Colegio Apostólico de San Fernando de Propaganda Fide, de la Ciudad de México, que de acuerdo a lo que ha estudiado Ratto, era gente muy preparada, con una idea de evangelización muy clara, con una preparación teológico muy particular, pero también muy práctico.

Ellos, dice, dividían al gobierno espiritual y al gobierno temporal.

Viaje al pasado

Comenta que otros investigadores han detallado la vida en las misiones, lo que Ratto rescata para dimensionar de mejor manera como se vivía en la zona serrana en el siglo XVIII.

“Jalpan era la más grande. Inició con 800, 900 indígenas. Hubo otras más chicas, entre 400 y 500 indígenas, como Tilaco, Landa, sobre todo Concá. Pero lo que hubo entre 1743 que fue el momento de inicio con el reconocimiento de Escandón, hasta 1770, que fue el momento de la secularización de las cinco misiones, hubo momentos de mucha mortandad, de bajas demográficas muy grandes. Entonces quizá eran misiones que habían iniciado con 400 personas, pero que se quedan con 200, y que se vuelven a recuperar en la década del 50. Incluso, la década del 40 y el 50 del siglo XVIII, fue muy difícil de estabilizarlas. Lo que más afectó a la población indígena fueron epidemias grandes, un par de epidemias grandes, pero la crónica no deja claro de qué enfermedades se trató”, precisa.

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Especula, pudo ser el impacto en pueblos seminómadas, como los Pames, que de pronto son obligados a tener una vida sedentaria, con una rutina laboral intensa, los frailes organizaban los días, que comenzaban al amanecer con la doctrina, como lo describe Francisco Palau, quien escribe la vida de Junípero Serra y describe, cuando reunían en la portería de los templos a los indígenas, que luego de la doctrina tenían que trabajar, en el caso de los hombres. Por la mañana era la doctrina para niños y mujeres. Al anochecer era la misa.

Los indígenas se dedicaban a cultivar las tierras de la misión, que eran de usufructo común, pero que tenían milpas afuera. Tenían, los indígenas, una doble jornada.

Pese a las reducciones poblacionales, Jalpan logró una estabilidad económica y se convirtió en un centro de referencia, que prevalece a nuestros días.

 

bft

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