Pajareras Artesanías con tradición

María Juárez teje con sus manos jaulas de diversos tamaños, arte que aprendió de su padre
Pajareras Artesanías con tradición
Foto: Demian Chávez
09/08/2019
05:53
Demian Chávez
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Para quienes gustan tener aves en sus casas, las tradicionales jaulas son una excelente herramienta que por décadas han adornado los pasillos, patios, creando atmósferas en los hogares.

María Juárez es una de las fabricantes de las tradicionales pajareras.

La mujer se acompaña por música norteña en voz de Paquita la del Barrio. En el momento de nuestro encuentro el trinar de las aves desde los árboles de su gran patio armonizan el lugar, zona que se ha convertido en estacionamiento de un restaurante de mariscos. Avizora la manufactura paciente de las cajas de madera y alambre.

Revela que lleva cincuenta años fabricando las casas para los pájaros. “Toda mi vida prácticamente” comenta. “Aquí hacemos de todo. Mi padre fue uno de los pioneros en realizar estos objetos”.

“Mire [interrumpe], aquella es una jaula grande que él hizo. Aquí hacemos de todos tamaños, hasta unas chiquitas para colgarle al árbol de Navidad o en los nacimientos. Sólo que no voy a venderlas al mercado, porque todas nos las compran. Si llevo una o cien, todos lo clientes quieren adquirir una”, dice.

Pareciera que María se niega a desprenderse de las jaulas que fabrica, como si en ellas se fuera un pedacito de vida y alma.

Luego describe el material de su manufactura. “Esto es jara, eso Diosito nos lo regala en los ríos, pero da la casualidad de que ya no hay por aquí cerca, ahora tenemos que ir trasladarnos hasta por San Luis Potosí”.

“El viaje es lo que nos sale más caro que la madera o el alambre. El filamento está carísimo para hacer una jaula grande. Vale como [entre] 75 y 80 pesos el kilo. Para una casa grande se lleva casi tres cuartos. Entonces no conviene. El material (la jara) es resistente, les aseguro que dura más. Había una señora que presumía tener una casa de este tipo de material desde hace veinte años y todavía estaba en buenas condiciones”, agrega.

María mientras conversa no deja de trazar los finos barrotes de las jaulas. “Le digo a mi familia: Cuando Dios me recoja ya se va a acabar esto (de la tradición); porque mi papá nos lo dejó. Éramos cuatro hermanos y todos hacíamos jaulas”.

Pero ya sus hijos crecieron y cada quien agarró sus trabajos y carreritas, y ya nadie las hace, más que yo. Mi hija es la que luego me ayuda. Y es que es difícil, me han dicho ‘enséñeme’ pero tienen que pasar años para que aprendan. Este es un trabajo artesanal, que si las hay en el mercado, pero todas mal hechillas”.

“Todo este palito [señala un tronco con muescas de todo tipo] tiene muchas medidas, pero todas esas están aquí nada más [a la vez que se señala su sien enfatizando que el conocimiento de las medidas y los secretos de las manufactura le pertenecen, no en un manual, no en un tutorial, sólo en su mente]. Mire cuantas [muescas] cada rayita es una medida para algún tipo de pajarera”.

Las artesanías que poco a poco han cambiado su función de retenedores de aves a artículos de ornato como lámparas, estuches, libreros o simples maceteros. María aunque no se considera artesana, sino más bien heredera de una tradición que viene desde su abuelo (principios del siglo XX).

“Es bien bonito mi trabajo”

Luego platica relajada que tiene un pedido de quince jaulas cuadradas, de las que llevan los pajareros a cuestas. -Es muy laborioso. Me tardo en hacer una en cuatro horas. Y en dos o tres días hago una docena. Me he pasado hasta 14 horas aquí sentada. Bendito sea Dios, toda mi vida me la he pasado aquí, algunas veces no me levanto ni para comer, mi familia debe traerme un poco de alimento a mi zona de trabajo”.

“Para Navidad me han llegado a encargar hasta doscientas o trescientas jaulitas. A veces se enojan porque no llevo más. Ya tengo que empezar a hacerlas desde ahorita. Y es que hay gente que se las llevan por docenas”. Mientras muestra los tamaños y modelos de las jaulas. “Yo le doy gracias a Diosito, porque a cada quien le da su don. Yo veo a la gente que hace las canastitas, lo sombreros, los rebozos”.

La plática la interrumpe el sonido del tren que pasa en las cercanías. La conversación se retoma para hablar de las aves. “Aquí cabe un dominico, un gorrión. Pero no recomiendo que metan un cotorro. Porque esta especie se comen la jara. Yo tuve de esos pájaros mosaico azul, pero comen bastante, como un kilo diario”. María empezó por curiosidad desde los catorce años a fabricar las jaulas ‘nomas viendo’ a su papá, le mujer aprendió la tradición, afirma. Ahora desde su área de trabajo con tremenda destreza elabora línea por línea de las jaulas tradicionales de jara imaginando a las aves que habitarán su artesanía.

Datos recabados por EL UNIVERSAL Querétaro indican que del total de las aves migratorias que sobrevuelan el país, el 40 % de ellas pasan por la presa de Jalpan a lo largo del año.

Loros, colibríes, palomas, golondrinas, tórtolas, garcetas y otras aves más llegan a los cuerpos de agua de Querétaro y son visibles durante el año.

Pero para quienes no tienen la paciencia de acudir a cada migración y prefieren retener a las aves en casa, existen estas tradicionales jaulas.

Dichos albergues de aves se volvieron artículos de ornato que rememoran a la infancia.

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