Norma Saeb Camargo recuerda lo que le dijo su padre el día de la elección en la que por primera vez votarían las mujeres: “‘¿No que querías ir a votar?’ Creo que esa fue la frase… Si íbamos, tenía que ser acompañadas de un hombre, llevadas casi, casi del brazo”.

Ayer, el Congreso del estado conmemoró el 65 aniversario de la promulgación del derecho al voto de la mujer en México. Norma es de esa generación de mujeres que por primera vez pudo elegir a sus representantes en aquella época.

Norma, actualmente coordinadora del Programa de Adultos Mayores en la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro (DDHQ), recuerda que las filas para votar eran muy largas, había mucha gente que acudía al lugar donde se votaba, pues no sabe si eran casillas como tal, o sólo un punto donde la gente iba a sufragar.

Era 1958, sería la primera vez que votaría y lo haría en una elección presidencial, en la cual resultaría ganador Adolfo López Mateos.

Lo que sí recuerda es que muchas mujeres iban acompañadas de hombres: “Imagínese lo que debió ser para muchos hombres que las mujeres salieran a votar.

“Cómo dejar a los niños, cómo dejar la casa, cómo dejar de estar atendiendo la comida y salir a votar”, indica.

Votar por primera vez

Señala que estaba emocionada por ir a votar, pues constantemente se lo recordaba a su padre, por lo que el día de esa elección le insistió en que debía ir a formarse.

Agrega que la tinta indeleble que le pusieron en el pulgar después de emitir su voto duró una semana.

“[Que las mujeres votaran] fue algo muy importante, pero más que nada, de nervios por saber que una iba a votar, y que iba a contar ese voto. Antes se pasaban las horas contando cada sufragio.

Cómo era la cartilla o boleta, quién sabe, pero estaba el [entonces] Partido Popular Socialista, el Partido del Trabajo, y por supuesto el PRI, el PAN y esos otros dos que eran los de izquierda”, comenta.

Nacida en una familia tradicional, precisa que no tenía muchas amigas con quien comentar sobre el derecho al voto otorgado a la mujer, ya que su rutina era de la escuela a la casa y viceversa.

En esos años estudiaba la preparatoria, en 1958.

Apunta que en su familia su madre era ama de casa de tiempo completo y a las mujeres les daban “chance” de estudiar.

Se propuso estudiar en la universidad y lo primero que escuchó de su mamá fue: “¿Una niña decente irse a la universidad?” Mientras que la frase de su papá fue: “Si quieres hacerlo, inscríbete”.

“Era el apoyo de mi papá. Él no me dijo que no, y eso que era una época en la que se hacía lo que el padre decía.

“Me inscribí, fui a la universidad, y lo que era peor, era nocturna mi carrera, era Ciencias Políticas y Sociales, la segunda o tercera generación de la licenciatura”.

Norma estudió Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la Ciudad de México.

La responsabilidad de la época

En la ceremonia conmemorativa del voto femenino, Norma habla al final de la ceremonia. Dice que no es clausura, porque las mujeres seguirán y seguirán su lucha.

“La emoción más grande de mi vida fue llegar a formarme a una cola enorme; estábamos por votar para el presidente del sexenio de 1958 a 1964, y lo único que recuerdo es que iba a votar”.

“¿Saben lo que es eso? La responsabilidad que significa votar, aunque al fin y al cabo era un solo voto, pero las mujeres nos estábamos formando por primera vez para elegir al Presidente de la República, ni más ni menos.

“Y aquí estoy ahora, muchos años después”, asevera.

Norma dedica palabras a la rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Teresa García Gasca, así como a las activistas Consolación Loyola Pérez y Maricruz Ocampo Guerrero.

Dice que nunca sintió que estuviera luchando: “Yo sentí que estaba tratando de tener un lugar, que estaba tratando de decir que las mujeres existíamos, en aquellos años. Ahora ya se dieron cuenta que no sólo existimos, sino que sabemos hacer ruido y bastante”.

Exhorta a las legisladoras del país a revisar las leyes, para ver si son acordes con los tiempos que se viven en México en el siglo XXI. También a los legisladores, pues tienen que hablar y opinar.

“[Las mujeres del país] tenemos cosas magníficas por hacer y en donde dejar huella”, comenta Norma, quien en 1958 decidió quién quería que gobernara el país, algo que hoy se da por sentado, pero que en aquel México fue un momento revolucionario.

También recalcó la necesidad de trabajar en el tema de la equidad laboral, y en los puestos políticos a nivel nacional.

Hizo hincapié que si bien, hoy hay más puestos públicos que son encabezados por mujeres, es necesario contar con lugares para este sector en puestos estratégicos.

bft

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