Este será un regreso a clases fuera de lo común. Un retorno a las aulas sin gritos, carcajadas ni abrazos entre compañeros.

Así fue el ambiente en el Jardín de Niños Enriqueta Camarillo, en la comunidad Buenavista de la delegación Santa Rosa Jáuregui, perteneciente al municipio de Querétaro, donde el día de ayer se realizó un simulacro para comprobar que todo estuviera listo para recibir a los 183 pequeños de entre tres y cinco años, que este 30 de agosto volverán a clases presenciales.

Desde muy temprano, niños acompañados de sus madres llegaron hasta el plantel cargando grandes mochilas con imágenes de sus personajes favoritos. Después de año y medio de no asistir a clases presenciales, algunos pequeños ya no reconocían a sus maestras ni tampoco a sus compañeros; además, para muchos de ellos esta será la primera vez que asisten a la escuela, por lo que significa un mundo completamente desconocido en el que deben separarse de sus madres y cumplir con estrictos filtros sanitarios.

“Algunos niños están un poco nerviosos o estresados, porque después de tanto tiempo en casa deben aprender a desprenderse otra vez de sus mamás, además este no es como cualquier otro ciclo escolar, les falta el contacto físico con las maestras y con sus amiguitos, no podemos abrazarlos si se sienten tristes, es muy difícil para todos, pero nos hemos preparado mucho para este día, para que la escuela sea un lugar seguro”, dice la maestra Cinthya Muñoz.

Según el protocolo de salubridad instituido por padres de familia y profesores, que se puso a prueba en este simulacro, los pequeños hacen fila india antes de entrar a clases. Cada pequeño debe tomar gel antibacterial y permitir que le tomen la temperatura corporal, las madres deberán informar de algún síntoma relacionado con el Covid; si no hay ninguna anomalía, el niño puede ingresar.

Todos usan cubrebocas y, a pesar de que los pequeños se ven nerviosos y prefieren no hablar entre ellos, se esfuerzan en seguir las indicaciones de los adultos. Con voz suave dicen su nombre cuando las maestras les preguntan “¿Hola chaparrito, cómo te llamas? ‘Dorian’, ‘Valeria’, ‘David’”, responden

Todo transcurre con normalidad, los niños se acomodan poco a poco en sus salones y otros después de colgar sus mochilas en los percheros, pasan directo al salón de música, donde al aire libre bailan, cantan y aplauden; poco a poco se rompe el hielo y se diluye el estrés.

Hasta que el llanto de un pequeño resuena en medio del patio, se niega a entrar al salón de clases, está nervioso, quiere a su mamá. Las maestras se miran en silencio, comunicándose sin palabras porque ya saben qué hacer; una de ellas se acerca al pequeño, los dos quisieran darse un abrazo, pero no pueden.

“Tranquilo, amigo, todo va a estar bien, va a ser un ratito muy chiquito aquí en la escuela y después tu mami va a venir por ti”, le dice. Las negociaciones para entrar al salón tardan unos cuantos minutos y poco a poco el llanto cesa y el pequeño avanza por su propio pie hasta el salón que le corresponde.

Las maestras saben que esta situación podrá repetirse, comprenden la ansiedad de algunos pequeños, aunque otros se muestran más confiados y contentos de volver a la escuela, se saludan a la distancia o chocando los codos, sin quitarse el cubrebocas, saben que no deben tocarse ni tocar objetos de los demás, una forma de convivencia nunca antes vista en su pequeño mundo.

“La verdad es que mi niña ya quería volver a la escuela, desde que le dije que volvería a clases, todos los días me preguntaba si ya era lunes, está muy contenta, pero sabe que no debe quitarse el cubrebocas, que no puede tocar a los demás, se lo hemos enseñado desde casa y sabe que aquí debe hacer lo mismo”, comparte Maricela Hurtado, madre de la pequeña Abril, de cinco años, quien cursa el segundo grado.

Sin embargo, la madre también confiesa en que existe un temor latente ante un posible contagio: “Todos tenemos ese sentimiento de preocupación, pero en mi caso, salgo a trabajar todos los días, de cualquier forma expongo a mi familia, todos hacemos nuestro mayor esfuerzo por cumplir los filtros sanitarios, mi niña también lo hará aquí en la escuela, en su mochila le puse toallas sanitizantes y también un botecito con gel”.

Como Maricela, otras madres de familia coinciden en que el regreso a clases es una actividad necesaria para los pequeños, pues además de las secuelas emocionales, la mayoría de los pequeños van retrasados en sus estudios, pues no han podido adaptarse a las clases en línea.

La directora del jardín de niños, María José Vega Mendoza, detalla que serán 183 niños los que volverán a clases presenciales la próxima semana y que sólo cinco pequeños seguirán con las clases en línea.

Explica que desde el mes de julio el comité de salud, integrado por padres de familia, comenzó a elaborar el protocolo necesario para el regreso a clases, y que días antes se realizó una limpieza profunda en toda la escuela. Los padres realizaron aportaciones económicas para contratar a una persona extra que se encargue de la limpieza y también se compraron ventiladores para cada salón.

Vega Mendoza explica que cada niño asistirá a clases sólo dos días a la semana, para de esta forma reducir el número de alumnos en cada salón, es decir, los grupos que antes eran de 30, ahora sean de 14 o 15. “El protocolo de salud comenzó a elaborarse desde julio, aunque no sabíamos cuándo íbamos a volver a clases ya estábamos trabajando en eso”, externa.

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