Árbol de fe, da espinas en forma de cruz

Como herencia de su padre, Teresita y su familia muestran a todos los interesados el icónico ejemplar
Árbol de fe, da espinas en forma de cruz
Foto: Mitzi Olvera
19/04/2019
07:43
Domingo Valdez
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La Cañada, El Marqués

En la entrada de la vivienda, Teresita Martínez Gómez y su familia venden verduras y hortalizas, pero al fondo de la antigua casona del centro de La Cañada hay algo más. Un árbol de espinas en forma de cruz crece en el interior.

La mujer dice que lo sembró su padre, Pedro Martínez Morales, quien anhelaba ser sacerdote, pero un accidente vial ocurrido cuando era seminarista truncó su deseo mas no su fe, la cual, comenta Teresita, permanece en el árbol, cuyo retoño encontró al azar mientras cultivaba aguacates.

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Teresita camina hasta la parte de atrás de la casa. La arquitectura es muy clásica. Hay un patio central, donde están algunos árboles. De un lado y de otro hay habitaciones. En una de las mismas hay algunas figuras religiosas. Una escultura de La Piedad se encuentra en la mesa. En una costado, una escultura de San Pedro, de unos 80 centímetros, hecha de cantera de La Cañada.

A un costado del árbol de espinas, sobre una mesa, están ya cortadas las espinas que también se exhiben en la verdulería de la familia de Teresita. Son colocadas en un lugar especial, para que quienes gusten puedan adquirir una de estas piezas, las cuales son únicas por su rareza y similitud con la cruz en la que los católicos creen fue crucificado Jesús de Nazaret.

La mujer narra que su padre, quien se dedicaba a cosechar aguacate, en una de estas faenas, encontró el retoño en una huerta, cuando tenía 22 años de edad.

Pedro tomó el retoño y lo llevó a su casa, en La Cañada, donde lo sembró. “Tenía ya 25 años cuando murió el árbol, pero ya había otro, que nació del original”, explica Teresita. Todo, dice, tiene 60 años.

En unas cajas, la mujer tiene sembrados algunos retoños del árbol. En algunas ocasiones llega la gente a pedir alguno. “Han venido personas o vecinos de aquí a pedir que les vendamos un árbol. Nosotros con gusto se lo vendemos, no somos tan egoístas”, subraya.

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Teresita recuerda que su padre falleció hace 29 años. Narra que él, cuando vio que la vaina del árbol comenzaba a florecer y que tenía cinco ramitas en color morado, como la jacaranda, dijo que eran las cinco llagas de Cristo.

Un accidente truncó el deseo de Pedro de ser sacerdote. Su hija comenta que uno de sus compañeros del seminario en una ocasión tomó una de las camionetas del seminario sin permiso. Viajaban en la unidad alrededor de 15 jóvenes. Se dirigían a Colón cuando se volcó la camioneta. Hubo muchos heridos, entre ellos su padre, quien sufrió traumatismo craneoencefálico.

Como en aquel entonces los sacerdotes tenían que estar en perfectas condiciones físicas, su padre no pudo continuar con su proyecto de vida.

“Mi papá me platicaba de sus historias, y siempre se llevó en la mente el deseo de ser padre. Eso se me quedó grabado. Una vez le pregunté por qué no lo había sido y fue cuando me contó la historia.

“Pensaba que mi papá no nos quería. Le decía que nos tenía a nosotros y respondía que sí, que eso lo sabía, pero subrayaba que a pesar de no ser cura, se encontraba al Señor donde fuera. Una de las pruebas es el árbol”, agrega.

Teresita precisa que su padre falleció en Semana Santa. Llamó a todos sus hijos (nueve) y les pidió que quería que siempre estuvieran unidos. Por eso, cada Semana Santa se reúnen para recordarlo.

“Como centro de la vida, nos dejó su árbol. Para nosotros él no ha muerto”, subraya. Observa el árbol de espinas, en él recuerda a su padre, quien les dejó como herencia su fe y el hermoso ejemplar.

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