#NuestrasHistorias Por tradición familiar cocina mole artesanal

Jovita Hernández prepara desde los cinco años el platillo típico; la fama de su sabor la llevó a un concurso y a tener su propia marca
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Jovita fue capacitada en la Ciudad de México, gracias al sabor de su mole, lo cual la hace sentirse orgullosa, ya que su padre siempre le dijo que el papel de la mujer era estar en casa esperando y atendiendo a su marido.
30/12/2017
03:18
Alma Gómez
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El mole siempre ha sido un sello particular en la vida de Jovita Hernández Martínez, que prepara este platillo típico desde los nueve años, cuando ayudaba a su mamá a atender a su padre y a sus cinco hermanos. Sus papás sembraban chiles en El Marqués, por eso nunca faltaron los ingredientes necesarios para hacer mole en las bodas, mole en los quince años, mole en los bautizos, incluso el mole era la comida del día a día en la familia de Jovita.

Recuerda esos primeros años en que seguía instrucciones de su madre Juana Martínez y molía los ingredientes en el metate. Por eso jamás apuntó la receta, porque lo que bien se aprende jamás se olvida.

“Yo cocino mole desde que tengo uso de razón, éramos seis hermanos pero yo era la única mujer, entonces tenía que cocinar mole porque esa es una tradición que tenemos desde mis bisabuelos, mis papás eran jornaleros, sembraban chile, entonces “nomás” se les ocurría hacer mole y ahí tenían todo, sólo era agarrar chiles, jitomates, cebollas, todo eso sembraban.

“Antes yo lo hacía con metate, todo lo hacíamos con leña, el tiempo pasó y después lo hacíamos con gas y con molino. Me gustaba mucho hacerlo en metate, pero ahorita me faltan las fuerzas, hacerlo así es más trabajo y ahora hago más mole”.

Conquistando paladares

Años después, cuando Jovita se casó con Juan Sánchez Martínez y se mudaron a Hércules, su receta secreta para preparar mole artesanal, como lo llama ella, seguía conquistando paladares, por eso a petición de vecinos y conocidos, Jovita colocó un modesto letrero en la puerta de su casa con la leyenda “Se vende mole en pasta”, y poco a poco el buen sazón de Jovita corrió de boca en boca, hasta llegar a oídos del delegado de Villa Cayetano Rubio, Sergio Soto, quien le pidió a Jovita que cocinara para una fiesta que tendría con su familia.

“El delegado vino y me dijo ‘¿Que tú cocinas un mole muy bueno?’ y lo le dije que yo no sabía decirle, que él mismo tenía que comprobarlo”, comenta.

Sergio Soto quedó encantado. Canalizó a Jovita con regidores, directores e inspectores, para que la aconsejaran y le dieran información para que pusiera su negocio y vendiera mole en mayores cantidades.

De lo artesanal a un concurso nacional

Así es como Jovita supo de una convocatoria de la tienda Walmart, que convocó a los mejores cocineros del país, seleccionó a los 60 mejores y los capacitó sobre finanzas, registro de marca y administración.

Jovita fue seleccionada entre los 60 mejores del país, gracias al concurso se capacitó en la Ciudad de México. Su familia y ella no lo podían creer.

“Yo sin estudios, sin conocimientos, sin nada, estuve ahí, pensé que no iba a poder, pero sí pude. Llegué al curso y me encontré con puros jóvenes, bien preparados, gente con sus productos en videos, llevaban sus grabadoras, sus celulares, sus computadoras y yo ni llevaba nada, más que mi conocimiento. Gracias a Dios tuve mucho apoyo de esa tienda, no nos cobraron ni un peso, yo les decía que no sabía nada, y todos me preguntaban si se me ofrecía algo y me ayudaban porque a mí se me hacía imposible sacar porcentajes.

“En ese curso me sentí liberada, porque yo no salía de mi casa, yo no sabía de fiestas, de bailes, de cines, nada, y llegué sola hasta la Ciudad de México. Todavía van a mi casa a darme cursos de cómo debo tener mi cocina, me invitan a eventos como este, en la feria de La Cañada he ganado dos veces el primer lugar por el mejor mole”.

Luego de la capacitación en la Ciudad de México, Jovita registró a su nombre la marca Mole Doña Jovita, aplicó código de barras en sus etiquetas y comenzó a enfrascar su producto.

Ahora el Mole Doña Jovita se vende en varias carnicerías de Querétaro y en su domicilio particular, donde instaló su negocio y actualizó su cocina tradicional a una cocina industrial, en la cual prepara 36 kilos de mole cada tercer día.

Además de que esta pequeña empresa ayuda significativamente a la economía familiar, afirma que el mayor beneficio lo tiene a nivel personal.

“Más que el beneficio económico me ayudó muchísimo en lo personal, al superarme, porque mi papá decía que la mujer no debía de estudiar porque tenía que estar lista para su casa y para su marido, y eso a mí me tenía muy apachurrada, no me valoraba, pero a partir de esto del curso, me di cuenta que no es necesario tener estudios para trabajar y superarnos”, dice.

La receta artesanal estando vigente en la familia, y aún se pasa de generación en generación, además de Jovita, su hija Patricia Sánchez Hernández y su esposo Juan continúan cocinando con la receta inicial este mole artesanal.

Imposible resistirse

En la Feria Artesanal instalada en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín, Jovita acomoda frascos de mole en un pequeño stand, al centro de la mesa una cazuela de barro contiene mole caliente espolvoreado con ajonjolí, otro recipiente está lleno de totopos. Algunos de los asistentes a la feria miran desde lejos el stand de Jovita, otros miran más de cerca, se dejan llevar por el olor de las especias, pero todos son recibidos con las palabras de Jovita: “¿Gusta probar el mole, señorita?”, “Pase a probar el mole artesanal”. Nadie se resiste a un totopo cubierto de mole y ajonjolí, que ofrece Jovita a cada uno de los transeúntes.

Además de enfrascar y vender mole en carnicerías, en el mercado de abastos y en su propia casa, Jovita también es contratada para cocinar en eventos sociales como bodas, quince años o bautizos.

“Yo creo que mi mole les gusta a todos porque lo preparo de una forma artesanal, no con químicos ni conservadores como otros. Además de que lo hago con amor. Antes las abuelas sabían hacer comidas muy ricas, mucha gente dice que les recuerda al mole que hacían a sus mamás o sus abuelas.

“Mi visión es darle trabajo al adulto mayor y a los estudiantes, porque también me contratan para eventos, y me llevo a los muchachos para que se desempeñen como meseros, así les ayudo a tener un ingreso extra para que tengan recursos y ellos me ayudan a mí. El mes pasado me salieron cuatro eventos, uno cada semana, hasta de 250 personas, la gente poco a poco conoce mi mole y lo va pidiendo”, cuenta Jovita, que vende su producto en Avenida Hércules 109 poniente.

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