Se convierte en río avenida de Amazcala

La lluvia provoca inundaciones en El Marqués
Se convierte en río avenida de Amazcala
Los pobladores de la región no pudieron dormir por la preocupación de que el agua ingresara a sus viviendas. / Foto: Guillermo González
29/06/2018
03:49
Domingo Valdez
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La mujer, que alcanza a decir que se llama Josefa Ramírez Rodríguez, pide apoyo para colocar costales en su calle y evitar que se inunde su vivienda. Policías de distintas corporaciones y elementos de Protección Civil trabajan en la colocación de costales, ante el inminente aumento del flujo de agua en la comunidad de Amazcala, en el municipio de El Marqués.

Los vecinos de la comunidad pasaron una noche de zozobra ante la lluvia que comenzó el miércoles a las 20:00 horas y se prolongó hasta la mañana del jueves.

La avenida San Isidro, la principal de la comunidad, es un río. El agua que baja de las presas que se ubican en las partes altas del municipio llega hasta Amazcala, inundando sus calles y, principalmente, las viviendas de los habitantes.

No hay personas dentro de las casas. Pareciera que toda Amazcala está en la calle, a la expectativa de lo que pueda pasar, o de las indicaciones de las autoridades que están presentes atendiendo la contingencia.

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Ayuda

Una docena de patrullas llegan al centro de Amazcala cargadas con costales de arena, que son rápidamente colocados en una calle, para evitar que el agua que no para de subir de nivel y avanzar, entre a las viviendas.

Policías estatales, así como municipales de El Marqués y Corregidora, implementaron el Operativo Metropolitano, en apoyo a la población afectada por las lluvias.

Agustín Hernández Olvera observa como el agua amenaza con llegar hasta su vivienda, donde tiene un tienda de abarrotes. Señala que todos los años es lo mismo en Amazcala, pues cuando las presas están llenas las desfogan, inundando la comunidad.

Indica que en la zona hace falta un dren, para que saque el agua del pueblo de manera segura, pues “cada año es la misma preocupación”. Agrega que en estos tiempos se les hacen muchas promesas, pero no cumplen.

Desde el miércoles en la noche comenzó la lluvia, por lo que Agustín y su familia no pudieron dormir, por estar al pendiente del agua, viviendo con la preocupación constante de una inundación. Agustín añade que al río que pasa por Amazcala le “robanterreno todos los años, pues los dueños de las propiedades aledañas construyen viviendas, dejando poco espacio a las aguas para salir.

Por su parte, Esther Arteaga, vecina de la calle Providencia, graba con su teléfono celular la corriente de agua que atraviesa avenida San Isidro. Explica que cuando se llenan las presas y sueltan el agua de golpe es cuando se inunda la comunidad.

Esther graba con su teléfono móvil a una mujer que sale de una vivienda del otro lado de la avenida, quien contra toda lógica sale a la calle, luego de brincar el dique de costales que protege su domicilio de la corriente que a cada minuto que pasa aumenta de nivel.

Paola Espinosa trabaja en la coordinación de zona de la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro (Usebeq). Con un recogedor y una cubeta termina de sacar el agua que inundó su oficinas, ubicadas en el centro de Amazcala. “Todos los años es lo mismo. Crece el río y nos inundamos, como las oficinas están a desnivel nos inundamos”, explica.

Coordinación

Afuera, una docena de policías y una veintena de habitantes de Amazcala hacen una cadena para colocar los costales de arena en un bocacalle, para evitar que ingrese a la misma e inunde las casas. Trabajan a contrarreloj. El agua aumenta su nivel en poco tiempo. Ya les habían advertido los trabajadores de gobierno a los vecinos que eso pasaría.

Josefa mira aliviada como su hijo se dirige con personal de seguridad a su vivienda, donde sólo había puesto 10 costales de arena para contener el agua. Ya recibirá ayuda. En la batea de la patrulla hay costales que podrán servir para contener la corriente y evitar que la casa de la adulta mayor se inunda. “Tengo ahí las escrituras de mi terrenito. No quiero que se me pierdan”, enfatiza.

Una calle más adelante la gente se apresura a levantar un dique de costales. En pocos minutos el agua sube y avanza unos metros. Los gritos para coordinarse se dan de un lado a otro, mientras un camión de la CEA con costales se acerca para dejar su carga, que en estos momentos son los objetos más buscados.

 

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