Empezar no será sencillo, pero no hay otra opción: Marisela

Marisela García fue rescatada de su vivienda en la calle del Engrane 213 en la colonia La Rueda
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Pescadores de la presa Constitución se solidarizaron con los damnificados y prestaron sus botes para que fueran ocupados como medio de transporte. (ALMA CORDOVA. EL UNIVERSAL)
28/09/2017
05:41
Alma Córdova
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Pasado el mediodía del miércoles, Marisela García fue rescatada de su vivienda en la calle del Engrane 213 en la colonia La Rueda, quien junto con su esposo estuvo por varias horas esperando el apoyo de las corporaciones de emergencia.

Aunque la contingencia comenzó la noche del martes, fue hasta la madrugada del otro día cuando se enteró que había una emergencia en su colonia por el desbordamiento del río; entre comentarios de vecinos se dijo que el nivel del agua obedecía al desfogue de una presa, sin embargo el rumor de que las compuertas de la presa volverían a abrirse, la hizo apurar a su esposo para recoger papeles y algo de ropa antes de salir de la vivienda.

“En la noche no nos avisaron, supe por un vecino. Aún no llegaba el agua al interior de la casa y pensamos que no era tan grave, esperábamos que Protección Civil nos viniera a avisar porque dicen los vecinos, que debemos estar pendientes, pero no llegaron, nos quedamos adentro y fue hasta las cinco de la mañana cuando queríamos salir, pero no pudimos”, relató.

Marisela renta una casa en la que vive con su esposo desde hace cinco años, con esta vivencia menciona que van a revisar el próximo lugar al que se muden; es la primera vez que son damnificados por una inundación y esta experiencia no les deja ganas de volver a exponerse.

Mientras espera por su esposo a la entrada de la colonia, esta mujer joven sujeta una maleta y una bolsa de mano y comenta que afortunadamente estaba en su día de descanso en su trabajo, pero le preocupa que la tienda en la que labora haya registrado daños; en este momento de pérdidas el trabajo no puede ser una de ellas.

En el tiempo que lleva esperando, un hombre se acercó a ella para invitarla a acudir a un refugio temporal habilitado a unos metros de la colonia; amablemente responde que irá una vez que se encuentre con su marido. Por la noche se quedarán en casa de un amigo, aunque antes pasará a visitar a sus papás quienes están preocupados. Para Marisela volver a empezar no será sencillo pero no hay otra opción.

El dilema. Hace un año y medio que Alejandro Méndez González junto con otras nueve personas provenientes de Acámbaro, Guanajuato, vive en la colonia La Rueda; el grupo llegó a San Juan del Río para trabajar en la planta de tratamiento San Pedro II, y por eso decidieron buscar viviendas en la colonia contigua.

Estos guanajuatenses viven en dos casas de las calles La noria y El engrane. Anoche cerca de las 2 de la mañana fueron avisados por compañeros de trabajo que el nivel del agua había incrementado significativamente y no dudaron en salirse: dejaron todo y Alejandro en su preocupación por sus compañeros dejó hasta su automóvil.

A la hora que amaneció, estos foráneos se acomodaron en un pequeño albergue que un vecino de la comunidad de San Pedro habilitó en un salón de fiestas, y pasado el peligro comenzaron a hacer un recuento de lo que dejaron adentro de la vivienda, que si bien no son muchas cosas les han servido para vivir en estos últimos 18 meses. Las camas, un refrigerador y la comida eran todas las pertenencias dentro de las viviendas, y ahora toman valor porque nada de ellas quedó.

“Yo dejé mi coche adentro y apenas ayer lo había compuesto, pero ya ni modo. Lo primero que hicimos fue salirnos y tocarles a los demás, queríamos evacuar todos juntos. El coche lo dejamos, imagínese andar hasta acá y no cuidarnos entre nosotros pues eso no podemos”, menciona Alejandro.

Mientras espera que la autoridad les dé indicaciones acerca de las condiciones de la colonia, Alejandro y sus compañeros reflexionan acerca de las decisiones que tomaron para salvarse y llegan a la conclusión de que salir todos juntos fue la mejor elección. Ahora ya no tienen muebles, ni automóvil pero se dicen agradecidos por tener trabajo y haber salido con vida de la inundación. Lo que sigue es retomar las actividades diarias para volver a empezar, pues esperan que todavía sea por un periodo largo su estancia en este municipio.

Pescadores solidarios. Junto con su hija y el “Carpas”, Juana Bautista llevó su lancha “La Michelle” al fraccionamiento La Rueda. La mañana del miércoles se fueron temprano, como todos los días, a pescar a la presa Constitución y, al salir, un familiar les dijo que necesitaban llevar lanchas para sacar a la gente que se quedó atrapada en sus casas.

La información era incierta, pero Juana se decidió en llevar a “La Michelle”; buscaron un remolque para llevarla hasta la colonia y en menos de media hora ya habían llegado a San Pedro Ahuacatlán, localidad en la que se encuentra el fraccionamiento de La Rueda. La invitación para apoyar fue respondida por más de 10 pescadores que acudieron con sus botes.

Estas lanchas de pescadores, provenientes de la comunidad de La Estancia, permitieron el rescate de más de 100 personas que se habían quedado atrapadas en sus viviendas cubiertas por agua; muchas de las familias decidieron subir al techo para ser rescatadas.

También los botes fueron usados por las autoridades estatales y municipales que revisaron la zona de desastre, de hecho el sobrecupo en una de ellas hizo que los funcionarios cambiaran de vehículo.

Juana Bautista pertenece a una familia de pescadores y en los más de 25 años que tiene dedicándose a esta actividad ha acudido a ayudar en dos ocasiones a habitantes de La Rueda debido a las inundaciones. Al preguntar cuál es la recompensa por el apoyo responde que el único pago es poder hacer que la gente se encuentre a salvo y que las familias puedan reunirse, pues las pérdidas económicas ya son de consideración “como para que todavía no estén junto con sus hijos o sus papás”, expresó.

Esta pescadora de La Estancia permaneció varias horas en el acceso a La Rueda, mientras observaba como “La Michelle”, “La Estrellita” y otras lanchas se iban y volvían con gente que incluso no olvidó a sus mascotas. Aun cuando “La Esperanza” llegó, el trabajo de los policías, bomberos y ciudadanos ya había logrado que muchas familias estuvieran a salvo.

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