Historia de un conductor de transporte público. La vida detrás del volante

De los siete días de la semana, Enrique Gómez está atrás del volante los lunes, martes, jueves y sábado. Esos cuatro días, maneja un autobús ininterrumpidamente de 4 de la madrugada hasta casi la media noche, cuando llega a su casa a dormir.
Chofer, Enrique Gómez, Transporte Público, Querétaro
Son 14 años los que Enrique Gómez suma como operador de transporte público en Querétaro. (Foto: CÉSAR GÓMEZ)
27/08/2017
03:33
Gonzalo A. Flores
-A +A

De los siete días de la semana, Enrique Gómez está detrás del volante los lunes, martes, jueves y sábado. Esos cuatro días, maneja un autobús ininterrumpidamente de 4 de la madrugada, hasta casi la media noche, cuando llega a su casa a dormir.

Hombre de 48 años, esposo y padre de familia de una hija, Enrique es poseedor de la licencia vigente de Colectivo (CO), es decir tiene para conducir, además de los autos que amparan las tipos “A” y “B” de la licencia, vehículos de transporte público para personas, en las modalidades de urbano y suburbano.

Operador de transporte público de la ruta “D” o “53” que corre desde La Padrera, en el municipio de El Marqués, hasta San José de los Olvera, en el municipio de Corregidora, Enrique compartió con EL UNIVERSAL Querétaro un día de su labor y las vicisitudes por las que atraviesa cada día para cumplir una jornada laboral, en la que ve el amanecer, atardecer y oscurecer desde la ventana del transporte que maneja.

Un día que para él se traduce en seis vueltas a su ruta, con el continuo flujo de pasajeros. Cada trayecto consume en promedio dos horas con veinte minutos del día.

A manera de introducción.

El servicio del transporte público siempre ha generado polémica en la capital del estado. Más entre quienes lo utilizan diariamente, pues son quienes conocen el pulso real de lo que se vive como pasajeros.

Un sistema que se ha transformado con el paso de los años de acuerdo con las necesidades de una ciudad que crece y se desarrolla constantemente, aunque los intentos por su mejora en años anteriores no fueron del todo convincentes al igual que los aumentos a las tarifas con la promesa de la tan anhelada modernización del transporte público, que apenas se vislumbra ahora con la llegada del nuevo sistema QroBus.

Durante todos esos años de transición, mínimo una década, y antes del cambio al nuevo sistema, los operadores de las unidades de transporte público siempre habían sido señalados como responsables por las fallas del servicio, sin embargo no se reparaba en su entorno o condiciones para desarrollar su empleo.

Y los usuarios del transporte público saben que no todos los operadores son iguales, pues como en cualquier empleo, existen a quienes les gusta su trabajo, así como servir a las personas y también quienes lo cumplen únicamente con el afán de terminar lo más rápido la jornada.

Por ejemplo, el año pasado Querétaro resultó como el estado con la percepción más baja en satisfacción del servicio de transporte público, según los datos recabados por la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG), publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Los números reunidos ahí indicaron que solo el 12.4% de los usuarios dijo sentirse satisfecho con el servicio, siendo el porcentaje más bajo de todas las entidades del país.

Un rubro que se consideró fue la suficiencia de rutas, tiempo de espera para abordar, el trato de los operadores, espacio confortable, ascenso de pasajeros en paradas oficiales, así como la limpieza y funcionalidad de las unidades de transporte.

“Pagan justos por pecadores”, asegura Enrique, quien tiene bien claro que a cada persona le va durante el día conforme a su actitud y ganas que ponga al cumplir con su labor, como el de trasladar personas a distintos puntos de la ciudad.

La jornada laboral.

Independientemente de la hora a la que se acostó, Enrique, cada que le toca trabajar, despierta entre 3:30 y 3:35 de la mañana.

Siempre se baña por las noches, cuando llega, así que solo se alista para salir poco antes de las 4:00 de la madrugada. Sube a su automóvil y maneja de la colonia Paseos de San Miguel hasta su punto de partida: el patio de la empresa a la que pertenece, ubicado muy cerca del Acceso II del Parque Industrial Benito Juárez.

“Ya no existen los medios turnos como antes, que yo sepa, ahorita todos los compañeros trabajan toda la jornada”, comentó Enrique, cuando se le preguntó si no había forma de un menor desgaste para realizar su labor que supera las 16 horas, pues aunque en ocasiones termina a las 22:30 horas su última vuelta, hay que llevar el camión al patio de la empresa a la que pertenece y, de ahí, conducir de regreso a casa para descansar a donde llega casi a la media noche.

La ciudad en la madrugada está desierta, a reserva de algunos camiones de carga que avanzan por las avenidas aledañas.

En menos de 15 minutos, Enrique se traslada al patio de donde minutos más tarde, saldrá con su unidad.

Deja momentáneamente su automóvil para ir rápido con el personal que adentro de las bodegas realiza la revisión de operadores y unidades.

No obstante, vuelve a su auto con noticias para el equipo de esta casa editorial que esperaba en el carro blanco de Enrique,

“No hay nadie en el taller y me falta aceite, ya nada más que lleguen nos vamos, pero estos son detalles por los que se puede perder media vuelta aunque ahí ya no es cuestión de uno", dijo Enrique, quien regresó al interior del bodegón para esperar tener lista su unidad de transporte.

Pasaban ligeramente de las 4:00 de la madrugada cuando el operador volvió minutos después para cambiar de lugar su automóvil al llevarlo dentro de una reja, exactamente a la vuelta del patio.

“Es un estacionamiento donde nos dan chance de guardar los coches pero aunque se ve tranquilo, aquí me han robado la batería”, platicó Enrique mientras retiraba la batería de su lugar de origen para guardarla detrás de un asiento trasero dentro de su carro.

Además sacó una cubeta amarilla de 19 litros, donde normalmente lleva cosas que pudieran utilizarse en sus recorridos como trapos, jabón y papel higiénico; este último, de acuerdo con sus palabras, como lo más necesario a la hora de comenzar un día, pues “uno nunca sabe”.

De las faldas del Popo a Querétaro.

Son 14 años los que Enrique Gómez suma como operador de transporte público en Querétaro, aunque es un oficio que ha realizado desde que comenzó a trabajar en el Estado de México de donde es originario.

“Allá, trabajaba como operador de camionetas tipo Ichi Van desde la localidad mexiquense de Ozumba, hasta Cuautla, Morelos,” menciona.

La invitación para vivir en Querétaro, la recibió hace 15 años gracias a su cuñada y su esposo, debido a los problemas que se suscitaron con la actividad del volcán Popocatépetl.

“Nosotros vivíamos en el municipio llamado Atlautla, a las faldas del Popocatépetl y nos tocó presenciar las fumarolas, las explosiones, el material incandescente, fue algo impresionante como empezó a crecer la ceniza y daba la impresión que toda caería ahí donde vivíamos, pero cuando disminuyo la actividad volcánica y la ceniza comenzó bajar, afortunadamente llegó una corriente de aire desde Cuautla, que empezó a llevarse todo hacia el otro lado y llegando hasta Querétaro o Tlaxcala", recordó.

Fue de esta manera como decidió radicar y desarrollarse en Querétaro con su familia, su esposa e hija, y buscó trabajo dentro del mismo rubro del transporte público.

Primero, Enrique manejó la ruta ocho de la empresa Transmetro, después se paso a otra ruta, la 122, en la que duró varios años, pero se traslado a la “D”-53 debido a que en la 122 manejaba en carretera para llegar al destino, el Parque Industrial Querétaro, mientras que su actual recorrido es dentro de las avenidas de la ciudad.

Una ruta en la que ha llenado sus necesidades, pues trabajar cuatro días no es algo que puedan hacer todos los operadores, pero Enrique pudo negociar que fuera así para ayudar a las actividades del hogar los días que no maneja su autobús, pues platicó que su esposa es discapacitada, pues padece una enfermedad en la parte inferior de su cuerpo que le ha quitado movilidad. Por eso es importante para Enrique equilibrar el tiempo entre su casa y el trabajo.

“Mis circunstancias son muy diferentes a los compañeros porque tengo una sola hija que está por entrar a la universidad y mi esposa tiene una discapacidad que le impide ir la tienda o al súper, pues aunque usa bastón siempre necesita apoyarse de alguien por padecer un problema degenerativo muscular. Los días que descanso, los aprovecho para hacer las cosas que hacen falta, como ir por el mandado, pagar la luz o el teléfono. Nunca falta algo qué hacer en el hogar y además mi hija me pide que la apoye, por lo que hay ocasiones en las que debo faltar al trabajo y lo recompenso con otro día o cambio un día de descanso por uno laboral”, detalló para EL UNIVERSAL Querétaro el operador de transporte público.

Todo listo para comenzar.

Con la cubeta amarilla y los accesorios dentro de ella, Enrique regresó rápido al patio de salida donde dejó su automóvil. Está listo para comenzar el día y solo falta que haya llegado la persona del taller para que le proporcione el aceite que necesita para salir a ruta.

Mientras él se pierde en la entrada del lugar, el movimiento afuera es constante pues se registra el arribo de más operadores, unos en taxi, otros en su automóvil, además de que una mujer checadora anota los números de las rutas que salen del lugar para iniciar su jornada, además del guardia de seguridad del turno.

Son seis rutas diferentes las que salen del mismo patio en el que trabaja Enrique Gómez: la “5”, “41”, “122”, “F”, “H” y “D-53”.

Son las 4:50 horas de la madrugada y tras salir algunos operadores con sus camiones a su servicio diario, por fin Enrique está sobre la unidad que le toca ese día (los cuatro días de trabajo los hace en unidades diferentes, por lo que no tiene una favorita, la que le toque conforme al rol de operadores), un camión que utiliza gas en lugar de diésel, a diferencia del día anterior.

“Cuando me toca el autobús de diésel no se pierde tanto tiempo porque hay bombas para cargar dentro del patio, pero como esta vez tocó el de gas, tengo que ir a cargar a la estación”, explicó el conductor.

La unidad en turno para el operador no cuenta con perilla para asir con mejor control la palanca de velocidades, y al igual faltan las que se utilizan para abrir las puertas. Son sólo la cuerda de tornillo al principio de la larga guía metálica que llega hasta la caja de engranes. Así manejó todo el día, pues Enrique platicó que cada operador lleva consigo su perilla pues no las dejan puestas en las unidades “porque se las roban, por eso cada quien lleva la suya”.

Aunque cerca del patio, la estación para cargar gas natural al momento del arribo de Enrique, luce con todas las bombas ocupadas y forzosamente hay que esperar su turno.

No tardó mucho en desocuparse una de las 14 bombas para recargar el combustible, por lo que Enrique usa ese espacio para meter el camión modelo 2016 y llenar su tanque. Y aunque reconoció que este sistema es rendidor, presenta otras problemáticas como la que le sucede con el tiempo a estas unidades, pues tanque y medidores van fijados a los costados de un compartimento en la parte baja del autobús, los cuales, contó el operador, se aflojan con la vibración que provoca el camino, los topes y baches “y es muy común que estos camiones se lleguen a tronar”.

La recarga se hizo de 4:59 a 5:14 horas de la mañana. Con tanque lleno, ahora ya nada impide el inicio de su primera vuelta en el día, más que el traslado a la base inicial, en La Pradera. Unos 20 minutos aproximadamente pues debe circular por Bernardo Quintana y por el Anillo Vial Fray Junípero Serra hasta el siguiente destino de la ruta.

Enrique ya tiene experiencia, conoce el camino que casi diario recorre. Todavía está oscuro y aunque ya se incrementó el número de autos particulares en las avenidas, cientos de camiones de transporte público vacíos son los que cruzan la ciudad para llegar a su punto de partida para servir a la sociedad.

Oficio contrarreloj.

El retraso en la salida del patio significó que a Enrique le tocara la corrida número ocho, con salida marcada a las 6:17 horas de la mañana.

Llegó al punto de salida cuando apenas salía la corrida cuatro (a Enrique esa le toca los jueves), tuvo un tiempo para dar los últimos detalles, uno de ellos, limpiar su tablero para sacudirle el polvo acumulado de la jornada anterior.

También son minutos que se utilizan para ir al baño, así como para saludar a los colegas que al igual que él, esperan su hora de salida.

De un lado de las palancas para abrir las puertas, Enrique tomó un sobre plastificado transparente y sacó una tira de papel, que es lo más importante para los operadores: el horario a seguir.

Su día ya está predestinado a seis vueltas con llegadas a La Pradera marcadas a las 8:47, 11:32, 14:17, 17:02, 19:47 y el final marcado a las 22:32 horas, para después a guardar la unidad.

Sus salidas de la base son 6:17, 9:02, 11:47, 14:32, 17:17 y 20:02 horas.

“De la base salimos con 11 minutos de diferencia con el que va adelante, pues se abre el espacio para salir con algo de gente; ya en el recorrido se convierten en nueve minutos”.

Enrique explicó que en la ruta “D-53” de lunes a viernes trabajan 18 unidades actualmente. “Un poco antes eran 20 y más atrás 22, primero la flotilla se redujo porque entró una ruta nueva, la 133; íbamos trabajando bien pero se empezaron a descomponer camiones de la misma empresa, pero de otras rutas por lo que quitaron dos camiones más de la “D” y otros dos de diferentes rutas para apoyar y llenar ese vacío”.

También ahondó sobre los domingos, que no sale toda la flotilla porque no es el mismo número de gente que se transporta, así que sólo trabajan 12 unidades.

“No te miento, se supone que nosotros, en el patio donde estoy, deberíamos estar trabajando con más de 70 camiones, cuando actualmente son entre 50 y 55 los que salen a trabajar, los demás están descompuestos de caja, motor y no hay presupuesto para arreglarlos, son entre 20 y 25 camiones parados totalmente”, reveló el conductor.

“Incluso debería haber una guardia por cualquier situación que se presente, pero por las unidades descompuestas, se trabaja justo en todos los aspectos”, indicó.

La falta de presupuesto fue una consecuencia de la transición a RedQ, “pues lo que pasa es que nunca nos mencionaron como funcionarían en realidad las barras contadoras, nunca nos dijeron que debíamos trabajar más exacto, no se aclaró que si se hacía corte de ruta en el recorrido nos iban a multar o que afectaría a nuestro sueldo; si se bloquean las barras con la misma gente cuando va muy llena la unidad, no se nos avisó que faltaría dinero, pues cada cuatro segundos el sistema realiza automáticamente un conteo y es cuando vienen los faltantes”.

Esos faltantes se descuentan a los operadores de su sueldo, algo que generó descontento para éstos y que también ha provocado bastante movimiento en la cantidad de choferes activos.

Sin embargo, Enrique supo adaptarse a las barras contadoras haciendo que sus pasajeros abordaran más rápido, “desde que empecé a hacer eso no me ha faltado ni me ha ido mal”. Un día de trabajo para él, significa ganar poco más de 600 pesos.

“Ahorita no se nos están pagando bien, no tenemos la parte del séptimo día, desde que empezamos como RedQ se nos dijo que se nos incluiría en nuestra nómina pero hasta la fecha no la hemos recibido”.

Otra situación que sufren los operadores es el uso del sanitario, pues por el mismo tiempo en contra, hay que adaptarse para hacer las necesidades fisiológicas.

“Cuando es del uno ahí traigo una botella por cualquier cosa y antes de salir a una vuelta ahí luego se aprovecha, pero para hacer del dos hay un lugar ahí en La Pradera que nos cobra cinco pesos por entrar”, confesó Enrique, quien aceptó que ya fue a dar al hospital por una situación derivada de que no pueden pararse para ir al baño durante su ruta.

Comentarios