Recorre la ciudad con bolsas de cacahuates

A Amancio se le puede ver en los camiones de avenida Zaragoza haciendo lo que mejor sabe: vender la rica botana para el camino
El vendedor de cacahuates que recorre la ciudad
Desde los 80, Amancio se ha dedicado a vender cacahuates, primero en la vieja central de camiones de Constituyentes, sin embargo, debido a la alta competencia, decidió subirse a los autobuses donde se gana la vida.
25/03/2018
03:25
Montserrat Márquez
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“Cacahuates, cacahuates, dos por 10 pesos”, es el pregonar de Amancio Aguilera cada vez que aborda un camión en la parada de avenida Zaragoza con 5 de febrero.

Originario de Tlacote el Alto, el vendedor de 53 años hace media hora a su lugar de trabajo, que es la parada de camión ubicada en avenida Zaragoza, antes de llegar a 5 de febrero.

Hoy en día vive solo, sus cinco hijos ya son grandes, dos viven en Estados Unidos y tres más en la Ciudad de México, por lo que sólo trabaja para solventar sus gastos.

Desde hace tres años su jornada laboral inicia a las 9:00 horas y concluye a las 16:00. Esta semana, cuenta, las ventas están bajas porque muchos queretanos andan de vacaciones, pero eso no impide que Amancio trabaje todos los días.

“Tengo tres años trabajando en esto, vengo diario, los domingos también. Trabajaba en una tortillería y ganaba 900 pesos a la semana, aquí gano hasta 400 pesos al día”, expresa mientras ve a que camión se puede subir para vender las bolsitas de cacahuates.

Otra de las razones por las que se sube a vender en los camiones que pasan por avenida Zaragoza es que el flujo de camiones fue desviado a esta artería de la ciudad, por ello hay días que las ventas incrementan considerablemente.

Buen negocio

En un buen día Amancio vende alrededor de 250 bolsitas de cacahuates japoneses con su respectiva bolsita de salsa.

La inversión que hace por cada paquete con 50 bolsitas de cacahuates es de 135, lo que le deja una ganancia de 115 pesos por paquete vendido.

“Sale más barato surtirme en el mercado de abastos, pero por tiempo y el pasaje me sale lo mismo, allá lo dan a 116 y acá en el mercado Escobedo la encuentro en 135”, explica Amancio mientras recuerda bien los precios.

Dice que los conductores de transporte público no le cobran el pasaje para subirse a vender, pero sólo aquellos que no traen barras checadoras.

“No me cobran, hay algunos que ya me conocen, hay otros que no, los que traen barra no me dejan, los que no traen son los únicos que me dejan, los que van a Santa Rosa Jáuregui, La Estancia y Fuentes son los que me dan chance”, detalla.

Después de subir y bajar de un par de camiones, Amancio asegura que añora la época de los años 80 cuando era el único que vendía cacahuates, pero no en las paradas de camión, sino en la antigua central camionera que está situada sobre avenida Constituyentes, en donde ahora está construido el Centro Cultural Manuel Gómez Morín.

“Vendía en 1985 cuando tenía como unos 20 años, ya después lo dejé, vendía acá en la central vieja cuando estaba en Constituyentes, yo era el único, ahora hay bien hartos; me alcanzaba para mantener a los dos hijos que ya tenía, vendía dos bolsas por 100 pesos de los antiguos, de esas monedas que traían a Carranza, siempre he vendido cacahuates”, cuenta con una sonrisa en la cara.

La competencia hoy en día es mayor, reconoció Amancio, porque se suben a vender corta uñas, audífonos, empanadas y de otro tipo de cacahuates, además, dijo, ahora están también los que sólo se suben a pedir dinero porque tienen enfermo a algún familiar o porque iban de paso y les robaron sus pertenencias y necesitan algo de dinero para comprar el pasaje de regreso a su ciudad de origen.

Como Amancio está toda la mañana subiendo y bajando de camiones ofreciendo la botana, al llegar la hora de la comida come lo que se le antoje. Refiere que a veces llega hasta el mercado Escobedo y se sienta en algún puesto de comida corrida, otras veces come en los puestos que están en el camellón de avenida Zaragoza frente al IMSS y Telmex.

“Como comida corrida, lo que se me antoje, o tacos de buche en los puestitos de aquí adelante”, dice.

Amancio se despide y aborda uno de los camiones que lo dejan en la comunidad en la que vive, todavía le quedaban algunas bolsas, pero confiesa que son las que deja para iniciar la jornada del día siguiente.

El comercio informal o ambulantaje para personas como Amancio es un estilo de vida, porque además de gustarle lo encuentra más redituable, pero a pesar de que parece una forma más fácil de percibir dinero, también debe ser organizado y constante para notar los resultados

Ambulantaje

De acuerdo con el municipio de Querétaro, en la actualidad hay alrededor de 11 mil comerciantes ambulantes, cifra que —aseguran— ha disminuido debido a las jornadas de regularización, ya que al iniciar la actual administración había un padrón de 18 mil comerciantes de este tipo registrados.

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