Nuevo ritmo de vida atrae más clientes a la lavandería

A María y su esposo Jesús les llevó seis años consolidar su negocio
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Foto: EL UNIVERSAL Querétaro
22/02/2018
04:29
Alma Gómez
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Un negocio familiar en el que se han lavado hasta 250 kilos de ropa al día, no se construye de la noche a la mañana. Fueron seis años en los que María de Jesús López Torres trabajó todos los días administrando una lavandería, pero eso no fue lo más difícil, sino echarla a andar y mantener un ritmo de trabajo.

Hace seis años María dejó su tienda de abarrotes, para aprender, en 15 días, qué detergente se debe usar con uno y otro tipo de ropa, cuánto tiempo de secado, cuáles prendas se lavan en agua y cuáles en seco.

“A mí no me gustaba esto de la lavandería, me fui a trabajar con mi hermana 15 días, ella también tenía una lavandería y después de eso tuve que hacerme cargo de la nueva lavandería, yo sola, los anteriores dueños prácticamente me recibieron el dinero y ese mismo día me dejaron a cargo. Me costó mucho trabajo identificar las telas, para saber cómo se debe de lavar, algunos clientes se apoyan en ti y te preguntan y yo no sabía qué decirles, afortunadamente me apoyé de mi hermana y aprendí. Aunque los primeros días sí llegamos a echar a perder cosas”, comenta.

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María de Jesús y su esposo Gerardo Guevara Sandoval, aceptaron el traspaso de una lavandería mal aclientada. Tuvieron que cambiar grandes cosas y pequeños detalles, desde modificar el local, hasta llevar a la recepción la ropa recién lavada y doblada “para que diera la impresión de que teníamos más trabajo”.

En esta lavandería, ubicada en avenida Tecnológico norte número 19, colonia Niños Héroes, muy cerca de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), comenzaron a lavar 30 kilos de ropa, cuando los clientes eran pocos, hoy se lavan hasta 250 kilos de ropa.

“Cuando agarramos el negocio estaba quebrado, también era una lavandería pero tenía muy poquitos clientes, estaba vacío, todo estaba al fondo del local, esa visión no era muy buena porque entre más ropa esté a la vista, la gente percibe que es mejor lugar, que se tiene más trabajo. Mi esposo y yo sacamos todos los muebles para que se vieran.

“Al principio sólo se lavaba una sola carga y nos sentábamos porque no teníamos muchos clientes, al principio se lavaban 30 kilos, ahorita lavamos 150, hay días en los que hemos lavado 250 kilos”, detalla.

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Negocio familiar

El negocio familiar es atendido por María y su esposo Gerardo, además de su sobrino, su esposa y una joven más que se encarga de planchar las prendas.

Con el tiempo, la cantidad de clientes aumentó, sobre todo los nuevos clientes eran estudiantes, debido a la cercanía con la UAQ.

El momento más difícil ocurrió hace un año, cuando las autoridades repararon el drenaje de la calle que pasa justo frente al negocio; fueron ocho meses en los que las ventas bajaron casi por completo, “pensamos que tendríamos que cerrar la lavandería”.

Los clientes no podían ni siquiera cruzar de una acera a otra, mucho menos cargando varios kilos de ropa. Entonces María y su esposo rentaron un local ubicado a dos cuadras de la lavandería, lo usaban sólo como una gran recepción.

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La gran sorpresa fue la disposición con la que los clientes caminaban dos cuadras más de lo normal, para dejar su ropa en manos de esta familia.

“Hace un año repararon la calle y casi quebramos, creímos que tendríamos que cerrar el negocio. En la primera semana bajó la clientela un 80%, no nos salía ni para los sueldos, menos para la renta y los servicios. Decidimos que una opción era poner un lugar donde al cliente le sea fácil llegar, aunque nos viniéramos a trabajar aquí. Era un lugar nada más para recibir y entregar ropa, eso fue lo que hicimos y gracias a Dios fue lo que nos salvó. Rentamos un local en la calle Hidalgo, les avisamos a los clientes, mandamos a hacer una lona para que los que pasaran por aquí supieran dónde estábamos, muchos venían en su carro y no tenían ni dónde estacionarse.

“Algunos clientes no sabían cómo llegar, yo me salía del local y los buscaba, les hacía señas para que llegaran. Así fueron ocho meses, muchos negocios cerraron en la zona. Hay negocios que son muy grandes y tienen fondos para subsistir, pero los negocios pequeños o medianos sí nos dimos una buena tambaleada”, recuerda.

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Cuatro en uno

Porque no fue suficiente rentar un segundo local y sobrevivir a ocho meses de obras públicas. La lavandería de esta familia conjugó cuatro servicios en uno, por eso, en el lugar no sólo se lava ropa, sino que también se plancha, se hacen reparaciones con costura y se tiene servicio de lavandería.

María confiesa que son mínimas las ganancias por ofrecer tantos servicios en un mismo local, pero la intención es complacer al cliente.

“Realmente estos servicios yo los doy nada más por darle el servicio al cliente, para mí no es negocio, pero se trata de que no anden de un lado para otro. Entonces a veces una persona te busca para un trabajo de costura y de una vez te deja un edredón o ropa para lavar y entonces ya vas captando clientes, sea de una forma o de otra”, dice.

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Negocio necesario

Perder algún calcetín, mezclar ropa blanca con ropa de color, quemar alguna camisa, incluso lavar en agua cuando debe lavarse en seco, fueron los primeros errores que los dueños del negocio inevitablemente cometieron para alcanzar el servicio de excelencia que hoy ofrecen.

María de Jesús dice que la lavandería es un negocio noble que lejos de ir en declive, se inserta más en la cotidianeidad, tal vez por el ritmo acelerado en el que se vive, donde el trabajo deja cada vez menos tiempo para las cosas del hogar.

“Sí afecta las dificultades económicas, pero también hay personas que por su ritmo de vida ya no les da tiempo de planchar o de lavar, entonces cuando hay algún problema económico prefieren a lo mejor no salir a pasear el fin de semana, pero su ropa debe estar limpia y la traen. También hay otras personas, por ejemplo estudiantes, a los que nada más les rentan un cuarto y que aunque quieran, no tienen dónde lavar, esas personas, con o sin crisis, vienen. Y las personas que ocupan servicio de tintorería también vienen, porque es un servicio que no pueden hacer en su casa”, asegura.

Para este negocio familiar, los tiempos de inicio de ciclo escolar son los peores del año, porque las familias destinan gran parte de sus recursos en útiles y uniformes escolares, entonces ya no queda nada para lavar edredones o llevar a la tintorería unas cuantas piezas de ropa. Por otro lado, los tiempos de lluvia son los mejores para llevar la ropa húmeda a una buena lavandería.

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