Socorro, un modelo a seguir para todas sus compañeras

En la Casa del Jubilado y Pensionado acude a diversos talleres; el espacio cultural le ha permitido encontrarse con sus alumnos
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Socorro está inscrita a tai chi, yoga, bailoterapia, acondicionamiento físico, manualidades, bordado de tejidos, bordados de listón, entre otros (FOTOS: RICARDO LUGO. EL UNIVERSAL)
18/10/2017
02:34
Domingo Valdez
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María del Socorro Delgado Munguía, de 86 años, docente y jubilada en 1998, no se siente en una mecedora a descansar y recordar el pasado. Participa en media docena de talleres y cursos que ofrece la Casa del Jubilado y Pensionado del Estado de Querétaro, a donde acude todos los días, y en donde comparte este espacio inclusive con algunas de sus alumnas.

Socorro es para sus compañeras un modelo, pues está inscrita a tai chi, yoga, bailoterapia, acondicionamiento físico, manualidades, bordado de tejidos, bordados de listón, pintura en acuarela y oleo, así como computación.

Socorro recuerda que comenzó a dar clases en Hacienda del Lobo siendo muy joven, inspirada por su madre, quien también era maestra. También dio clases en San Pedro Mártir, Santa María Magdalena, Palo Alto, Hércules, República Argentina y Naciones Unidas. Después como directora a Casa Blanca, para luego en la escuela Josefa Vergara, donde se jubiló tras 53 años de carrera docente.

Sus amigas, quienes escuchan la charla se sorprenden por la cantidad de años de vida profesional docente de Socorro, quien aún conserva su energía y vitalidad, entre ellas Luz María Amador Trejo, quien también es maestra jubilada y dice orgullosa que Socorro fue la directora de su escuela.

“Ella fue mi directora en la escuela Adolfo López Mateos. Una maestra muy dinámica, mucha actividad, siempre nos tuvo activos. La escuela en ese tiempo estaba un poco fuera de nivel y gracias a la intervención de la maestra logramos un nivel muy alto”, explica.

Socorro señala que muchos de sus alumnos han destacado en diversos campos, desde la psicología hasta las ciencias exactas, incluso algunos de sus pupilos abrazaron la carrera de la fe y se convirtieron en sacerdotes o monjas.

Además, comenta que en su época de maestra no sólo daba clases a los niños, pues en la noche se dedicaba a alfabetizar a adultos que no sabían leer y escribir, “nos tocaba darles clase de cinco a siete. Una vez, cuenta, estaba en las Naciones Unidas, salimos y estaba un señor ya grande vendiendo frutas, cuando me dice “niña” porque comencé a trabajar a los 14 años. Después de la primaria ayudaba a mi mamá con dos grupos, y un supervisor al ver que daba clases me otorgó un interinato y luego me dieron plaza”, recuerda.

Apunta que mientras daba clases de manera simultánea estudiaba la Normal y luego continuó su preparación con la Licenciatura en Pedagogía.

Dice que actualmente falta coordinación entre maestros y padres de familia, pues ahora los docentes no pueden llamarle la atención a los alumnos porque los papás quiere incluso cesar a los profesores, cuando deberían trabajar en conjunto por el bien de los menores.

Lourdes Cervantes Amado se acerca a Socorro. La recién llegada presume que fue su alumna. Lourdes recuerda que la escuela República Argentina estaba en el centro. Una vida después ambas mujeres se encuentran en la Casa de Jubilado, donde vuelven a compartir aulas y un espacio en común, donde pueden recordar sus tiempos en la escuela, en un Querétaro que ya no es el mismo, pero cuya esencia permanece. Las dos mujeres se abrazan y caminan juntas.

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