“Es diferente a lo que hemos conocido”

Los espectadores salen contentos tras conocer esta mezcla entre teatro, circo y terror
FOTO: Ricardo Lugo
18/03/2017
02:39
Domingo Valdez
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Las luces se apagan y todo es oscuridad. Se escuchan algunos ruidos metálicos, una risa macabra y pasos , ponen la piel de gallina. De pronto, una luz ilumina una figura siniestra: un payaso con maquillaje atemorizante hace su entrada, mientras Isabela, de 11 años, observa desde el centro de la pista-escenario, con gesto aterrador, a aquella figura de pesadilla. Bienvenidos al Circo del Miedo.

Desde el ingreso a la carpa comienzan los sustos para los visitantes. Un arlequín con machete en mano se acerca a los recién llegados para descargar un golpe sobre el barandal de metal. El ruido de ambos objetos chocando crispa los dientes, incomoda, todo en una extraña mezcla.

Un DJ en el centro de la carpa lobby ameniza a los visitantes con su música en vivo, mientras que los puestos ofrecen nachos, palomitas, hot dogs y cerveza. Todo en penumbra, con luz oscura, provocando que los maquillajes, vestuarios negros y violetas, destaquen aún más.

La recepción es apenas el inicio. Los visitantes se apresuran a tomar sus lugares alrededor de la pista. El sonido anuncia la segunda llamada y pide al público no tomar fotografías con el teléfono celular o evitar responder llamadas o mensajes de cualquier tipo.

Ahí comienza la ansiedad de muchos espectadores, quienes no pueden pasar mucho tiempo sin ver sus celulares. Deberán pasar dos horas de verdadero terror, sin poder actualizar su perfil en Facebook y tuitear donde están.

 

Se anuncia el inicio de la función. El público se acomoda en sus butacas y las luces se apagan. En medio de la pista una cama. Sobre la cama, una niña que reza el Ángel de la Guarda, mientras música e iluminación crean una atmósfera de angustia.

Aparece Onix, personaje que funge como maestro de ceremonias, presentador o anfitrión del mundo de las pesadillas de Isabela; aunque su actitud puede ser petulante, conforme la niña se adentra en sus fobias, se convierte en algo más agradable.

No así Perséfone, personaje que al igual que en la mitología griega, es reina en el inframundo y trata por todos los medios de quedarse con el alma de Isabela.

Los miedos de la niña se van sucediendo unos a otros, comenzando por la aracnofobia, con una araña que hace acrobacia aérea, abriendo el espectáculo con sus habilidades a más de cuatro metros de altura.

Personas como el espantapájaros, zombies y una muñeca de trapo que dobla de manera macabra su cuerpo, erizan la piel y provocan escalofríos en el público que llena las gradas.

La muñeca de trapo Freda provoca los gritos de los presentes. Son una mezcla de admiración, asombro y miedo. Su cuerpo se dobla como si realmente fuera una muñeca. El momento cumbre de su presentación, cuando en el piso gira su espalda hacia un lado y la cabeza hacia el otro, dando la sensación que ésta giró 180 grados. La ovación es grande.

El momento que da una pausa al público es cuando aparece Carmelo, un muerto que no sabe que lo está y que quiere integrarse al circo, pues sabe cantar, bailar, además de que es “cantante y bailarín”.

Las risas con este peculiar personaje no se hacen esperar. Los chistes son referentes a la actualidad, tienen que ver con algunos personajes públicos, como Elba Esther Gordillo, y asuntos como el gasolinazo, que provocan las carcajadas de los presentes, incluida la familia del hombre invisible, quien ocupa una parte especial de la gradería. El personaje se roba la primera parte del show.

Hay un intermedio, en donde se invita al público a visitar la dulcería. Muchos lo hacen, los que se quedan reciben un susto, pues algunos de los personajes que forman parte del circo pasan “metiendo sustos” entre quienes esperan. Los que se animan a ir al baño o por un refrigerio también se llevan un sobresalto.

El intermedio sirve para comentar la función. La mayoría afirman que es buen show, que vale la pena verlo.

“Es diferente a lo que hemos conocido en un circo, pero muy divertido, muy recomendable”, dice Patricia Rodríguez, quien acude con su hermano a ver la función.

El sonido llama a sus lugares y todos regresan rápidamente a sus sitios, antes de regresar a la oscuridad total. Otra vez los ruidos metálicos, las risas, el suspenso. De pronto el simpático Onix y la extrañamente sensual Perséfone hacen acto de presencia.

Ya pasaron los gatos patinadores extremos, los pulsadores zombies, el espantapájaros trapecista. Faltan los pulsadores macabros, los muñecos de ventrílocuo que hacen un show extremo desde las alturas y que ponen los pelos de punta a los presentes, cuando parece que están a punto de caer.

El final se acerca, y el desenlace es… La gente sale satisfecha de la función. Comenta lo bueno del espectáculo, mezcla de teatro y circo, con los tradicionales números, pero aderezados con el toque especial de miedo; no es lo mismo ver a un trapecista que ver a uno que es zombie o espantapájaros, tampoco a un contorsionista que además de ser admirado por su destreza, provoca miedo.

El DJ ameniza el after, muchos de los asistentes salen a los baños, en donde fuman un cigarrillo y comentan los pormenores, diciendo cuál fue su número favorito, si Carmelo, el espectáculo de fuego o la muñeca Freda.

Los personajes que roban la atención son aquellos que llevan el peso de la historia, como Isabela, Onix, Carmelo, Perséfone, que son los más comentados.

¿Regresar? Muchos dicen que sí volverían a ver la función del Circo del Miedo, pues aunque les den uno que otro susto, vale la pena conocer una manera diferente de acercarse al circo, tradición ancestral que se renueva y se adapta a los tiempos y gustos del público.

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