Circo del Miedo; un espectáculo entre penumbras

El espectáculo del Circo del Miedo busca que el público pase un buen rato y se lleve uno que otro susto. El elenco, que va de ciudad en ciudad, vive cosas misteriosas y chuscas, que suman a su vida actoral
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En un remolque de tráiler, acondicionado como camerino, los artistas se transforman para convertirse en las pesadillas de Isabela, la pequeña protagonista de la obra. (RICARDO LUGO)
18/03/2017
06:55
Domingo Valdez
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Los últimos rayos del sol caen sobre Querétaro. Un aire cada vez más frío anuncia la llegada de la noche y los seres que, se cree, la habitan. En la antigüedad, cuando la electricidad aún no se usaba para iluminar calles y hogares, las personas creían que los entes del mal llegaban con la penumbra, y temían. Ahora, esos seres vuelven, pero no para hacer el mal, regresan para que los espectadores pasen un buen rato, en medio de uno que otro susto.

Son un grupo de artistas, los más jóvenes de 19 años, que con las sombras se transforman en las pesadillas de Isabela, una niña que ve como todos sus miedos se vuelven realidad en la pista del Circo del Miedo.

La penumbra es la hora en que llegan los seres de la noche. Atraviesan el estacionamiento de tierra, pasan por entre las casas rodantes y un par de perros, que cuidan de extraños el lugar de descanso de los artistas del circo.

En un remolque de tráiler, color azul marino, se preparan los artistas, que en unos cuantos minutos serán seres nocturnos que causarán temor, nerviosismo y ansiedad en el público.

Odeth Álvarez y Antonio Barragán están sentados frente a una mesa que tiene una caja de maquillaje. Odeth, joven jalisciense de 19 años, interpreta a Isabela, la niña que ve como sus pesadillas se vuelven realidad al pasar el umbral. Antonio, de 25 años y también de Guadalajara, Jalisco, interpreta a Onix, presentador del circo y guía de Isabela en su mundo de pesadillas.

Antonio, con cabello y barba rubia, explica que es su primera experiencia en el circo, porque es más actor de teatro y cine, pero a través de un casting llegó al Circo del Miedo. Antes trabajó en un parque de diversiones de terror en Guadalajara, así como en obras de teatro. Se enteró del proyecto con amigos que ya trabajaban en el circo, por lo que se acercó a ver si tenían disponibilidad y se unió a la compañía.

Odeth ya había trabajado en el circo, haciendo teatro infantil, así como leyendas de la ciudad, en su natal Guadalajara. La joven, de menuda figura, confiesa que el Circo del Miedo es el proyecto más grande en el que ha trabajado.

Ambos platican y se preparan para la función. Odeth poco a poco deja salir a Isabela. Se maquilla el rostro, mientras Antonio explica que el público es totalmente diferente en las distintas ciudades en las que han estado. Aguascalientes, Zacatecas y Guadalajara, dicen, son las ciudades en donde el circo ha sido mejor recibido.

“Yo diría que la gente tiene miedo a que pase lo que sucedió con el Circo de los Horrores, que cancelaron el espectáculo y que no reembolsen el precio de los boletos. Incluso mucha gente no sabe donde estamos, porque estamos en un lugar muy escondido [frente a la Unidad Deportiva de la UAQ, en Corregidora]. Entonces no ha habido la suficiente difusión para que la gente sepa dónde estamos”, explica.

Mientras Antonio habla, llegan dos de sus compañeros, una pareja, quienes toman su lugar un poco más adentro de la caja de tráiler, habilitada como camerino. Luego llegan otros más. El elenco de la noche llega a su cita, puntual.

Onyx es el guía de Isabela, la pequeña de 11 años que va superando sus miedos conforme avanza el espectáculo.

Los artistas señalan que en las diferentes ciudades a donde van suelen hospedarse en un hotel o rentan una casa para vivir con ciertas comodidades. Actualmente, rentan un inmueble en donde, dicen, les cierran puertas, apagan o encienden las luces y se escuchan cosas.

Odeth recuerda que en una ocasión, durante una función, en el momento en el que todos los actores salen a escena, con las luces apagadas, y ella debe de esperar a que pasen , alcanzó a percibir una silueta parada junto a ella. “Identificaba que era el Espantapájaros y pensaba que se tenía que ir a su lugar. Me le quedaba viendo y seguía viendo la sombra. La neta, me dio miedo y quería que se prendiera la luz. Cuando se encendieron las luces voltee hacía allá y no había nadie. De plano yo no escuché pasos, como es la pista de madera se escucha cuando la gente camina. No supe si de plano fue una cosa de luces y sombras, o si realmente había alguien ahí”, dice.

En las funciones pasan también cosas chuscas, como pisar a alguien del público, cuando pasan entre las personas. En otra ocasión, tenían que mover una cama pero se atoró y quienes la empujaban se pegaron con la mismo.

Agregan que vivir con el circo se torna complicado en ocasiones, pues no pueden hacerse de cosas propias. Antonio dice que, por ejemplo, Odeth tiene que cargar para todos lados con una cocina portátil, lo que suele ser complicado, pero es preferible a comer diario en la calle.

Lo agradable de la vida nómada que llevan es que pueden conocer lugares y personas nuevas, pues a pesar de su ajetreada vida, se dan tiempo para conocer las ciudades que visitan.

“Fuera del trabajo tenemos mucho tiempo libre y se aprovecha para conocer el lugar, turistear, conocer gente”, dice Odeth. Antonio remata: “Luego vamos por el centro turisteando y la gente dice: Ahí van. Sobre todo a mí”.

Ambos jóvenes pasan buena parte del tiempo riendo y haciendo bromas; sin embargo, saben que el circo no es todo lo que hay en su vida artística. Lo ven como una etapa, una experiencia única, algo que quizá en la escuela lo hubieran aprendido, pero no hubiera sido igual.

En otra mesa, dos jóvenes artistas se preparan para su transformación. Son Frida Mayela Velázquez Estrada, originaria de Aguascalientes, también de 19 años, quien es “asustadora” e interpreta a una bailarina sexy, que está quemada de media cara recibiendo al público.

Mientras lleva a cabo su ritual explica que el Circo del Miedo es algo novedoso, que vino a renovar el espectáculo circense. Antes, Frida ya era artista de circo, pero en eventos privados, como bodas y fiestas privadas.

“Está padre [la vida en el circo] porque conoces muchas ciudades y sales a conocer. Además, aquí conoces a gente muy talentosa y te haces de muchos amigos que se convierten en tu familia. De todos aprendes cosas, tanto en los escénico, lo artístico, lo que entrenas”, apunta la espigada artista.

Al igual que sus compañeros, Frida comenta que lo más complicado es la comida, pues no pueden llevar una dieta como tal. Añade que, en muchas ocasiones, es más sencillo comprar un pollo e irlo cocinando durante varios días, pues las comidas en la calle suelen ser muy caras.

La disciplina física se mantiene con entrenamientos en el circo a mediodía, acuden quienes quieren hacerlo y duran cuatro horas diarias.

A Frida la acompaña su novio, Antonio Gómez, de 26 años de edad, originario de Tampico, Tamaulipas, quien también se unió al circo por una extraña pasión por la actuación. Dice que él buscó ingresar el circo, aunque no habían convocado a casting.

“Nosotros [Frida y él] fuimos a ver el show a Aguascalientes, nos gustó el espectáculo y le dije que sería muy padre trabajar en un lugar así y me quedé con la idea de por qué no, si tenemos habilidades y cierta trayectoria artística”, apunta.

La hora de la función se acerca. Odeth y Antonio ya no están en el camerino. Están Isabela y Onix. Ya no están Frida y su novio Antonio, está una bailarina desfigurada y un psicópata con dos machetes en mano. La noche ha caído. Que comience en espectáculo del miedo.

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