La tarde en que las banderas arcoíris ondearon libres

Marcha por el Orgullo LGBTTI+ fue pacífica; Sirvió para denunciar casos de discriminación
Cientos de personas de la comunidad lésbico-gay se reunieron para exigir la no discriminación y respeto a sus preferencias sexuales. / Foto: César Gómez
Cientos de personas de la comunidad lésbico-gay se reunieron para exigir la no discriminación y respeto a sus preferencias sexuales. / Foto: César Gómez
17/06/2018
03:09
Domingo Valdez
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Las banderas del arcoíris invaden las calles queretanas. Mil, quizá dos mil personas participan en la Segunda Marcha por el Orgullo LGBTTI+.

La reunión se hace en el jardín Guerrero, donde se convocó a los participantes, quienes respondieron en gran número.

Avanzan por la calle Madero, pasan frente a la catedral, donde se acaba de celebrar una boda. Los asistentes a la ceremonia religiosa los ven pasar. Sus rostros son de confusión, en algunos casos. En otros es de simpatía.

Esas muestras de apoyo se multiplican cuando avanzan por Ezequiel Montes, donde familias enteras que pasean por el lugar son sorprendidos por la marcha, amenizada por música y por gritos como “Estado laico” y “Todas las familias, todos los derechos”.

Una limosina se une a la marcha, por cuyo quemacocos aparecen hombres y mujeres saludando a los comerciantes de los locales de esa calle.

No faltan los celulares que graban la marcha o toman fotografías. En avenida Zaragoza, incluso en el camellón, los ciudadanos observan el paso de los jóvenes y adultos que forman el contingente.

Casi no hay insultos, casi no hay miradas de desaprobación. Con excepción de un par de casos, uno de un hombre joven, acompañado de su familia, que alcanza a decir que deberían expulsarlos de Querétaro, y otro, donde un par de jóvenes, al ver a unas chicas lesbianas dicen que “es un desperdicio”.

Esas muestras de intolerancia no importan, no son escuchadas. No este día, cuando pueden salir libres, auténticos. Sin miedo al rechazo, sin miedo a las actitudes homofóbicas, a los chistes de “jotos” y de “marimachas”. Este sábado no les duelen. La calle, la ciudad, al menos esta tarde les pertenecen.

Hoy no hay miedo a abrazarse, a besarse, a decirse que se aman.

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Sobre Corregidora la gente se reúne en las aceras para ver el paso de quienes exigen lo que no se les debe negar: respeto.

Como en toda marcha, no faltan los vendedores de banderas, coronas y unicornios multicolores, para amenizar la marcha que se convierte en momentos en fiesta.

“¿Qué es gay?”, pregunta una niña de unos siete años a su mamá. La mujer responde que es un hombre a quien le atraen los hombres.

Marchan también padres de jóvenes de la diversidad. Piden respeto para sus hijos, piden sus derechos. Marchan activistas feministas, como Maricruz Ocampo, Alicia Colchado, Consolación González Loyola, quienes se solidarizan con la causa.

También quien se solidariza es la rectora de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Teresa García Gasca, hace todo el recorrido de la marcha a pie.

“Es una marcha por la equidad y la no discriminación. Independientemente de cualquier causa, creo que nuestra ciudad debe de ser incluyente, particularmente en el tema de la diversidad sexual, el tema de las preferencias sexuales ya no debería de ser un tema de división”, señala.

El arribo a Plaza de Armas se convierte en fiesta. “Sí se pudo. Sí se pudo”, es el grito de la victoria para la diversidad sexual.

El activista Benjamín Delgado recuerda que el pliego petitorio que se entregó al gobierno estatal no fue cumplido en ninguno de sus puntos, por lo que este año volverán a hacer el exhorto.

La marcha sirve para denunciar algunos casos de discriminación. Uno es el caso de Karen Arenas, cuya hija no puede hacer su cambio de identidad en un proceso que lleva en la Ciudad de México.

Apunta que como madre el proceso fue difícil, pues como padres nunca se esperan pasar por una experiencia semejante. Pero con el paso de los años se ha dado cuenta que es lo que quiere su hijo, quien desea llevar una vida dentro del género con el cual no nació.

Congregación

Hacen fiesta frente al Palacio de Gobierno, cuyas puertas están cerradas. Muchos se toman fotos, se reúnen en grupos para platicar, intercambiar opiniones de la marcha, o sencillamente para platicar de sus cosas.

Siguen ondeando sus banderas ante la mirada indiferente de un par de policías que sólo vigilan el tránsito. No hay razón para estar alertas, la manifestación se lleva a cabo en orden y tranquilidad.

Por una tarde pueden estar tranquilos, sin que los juzguen, sin miedo a ser “invitados” a retirarse por “conductas inapropiadas”.

Poco a poco la Plaza de Armas se vacía. La noche comienza a caer y es hora de ir a descansar, o bien seguir la fiesta en otro lado.

Las campanas del templo de la Congregación suenan llamando a misa de ocho. Parece que nadie presta atención al llamado. Ignoran o tienen los sentidos puestos en otros temas más terrenales.

La vida de la plaza por momentos es distinta. La rutina de los fines de semana con familias paseando, o comiendo en los restaurantes es interrumpida por la marcha y sus integrantes.

En pareja o en grupo caminan de un lado a otro de la plaza. Sonríen. Esta tarde son libres.

 

 

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