Miguel González desde hace seis años viaja de la delegación Iztacalco, en la Ciudad de México, hasta Querétaro, para hacer la portada para la fiesta de la Santa Cruz, que se celebra hoy. De oficio albañil, durante la festividad vive la tradicional celebración con los queretanos.

Don Miguel explica que llegó a la ciudad el pasado domingo 9 de septiembre por la noche. Su jornada comenzó el lunes temprano con el detallado de la portada para el templo de la Cruz. Dice que ya lo traía armado la mayor parte, pero en el viaje se desprendieron algunas hojas y flores.

A un costado del templo, y con una imagen de La Cruz a su lado, después de desayunar, el hombre comienza a colocar las flores de plástico sobre la base de unicel. Una vez terminada la decoración, se armará para formar la portada que adornará el recinto para la fiesta de hoy.

“Tengo seis años viniendo aquí. Quien nos trae es Pablo Huescas. Yo vine por un señor que le decían El Apá, que en paz descanse, él nos trajo aquí. Somos de Iztacalco. Pablo es de allá, pero se casó con una muchacha de aquí [de Querétaro] y ya hizo su vida [en el estado], pero nos conocemos de Iztacalco”, señala.

Proceso artesanal

Indica que todo el material para la portada de la fiesta lo traen de la Ciudad de México. Lo compran en un local de la Central de Abastos donde consiguen todo lo que necesitan, como las flores y hojas. Ya conocen a dónde deben acudir. Hacen el pedido, les hacen la flor, y por último recogen el material solicitado.

Don Miguel precisa que para el armado de la portada de la Cruz utiliza alrededor de cinco millares de flores, de distintos colores, mientras que de hojas verdes usan tres millares. Las formas de unicel ellos mismos las hacen, desde darle forma, hasta retocarlas y adornarlas.

Miguel toma dos bolsas llenas de flores de plástico, en una hay flores rojas, mientras que en la otra hay amarillas. El hombre coloca una por una sobre un molde. Pareciera que ilumina la forma con cada flor que acomoda. Otro hombre lo observa. Permanece sentado en las escaleras por las que se entra al convento a las visitas. Termina de beber un vaso con café con leche. La jornada para los hombres comenzó temprano. Apenas tienen un máximo de tres días para terminar el trabajo.

Don Miguel explica que aprendió a hacer portales viendo a personas mayores que se dedicaban a esa actividad, y poco a poco fue animándose a elaborarlas. Dice que también hace pequeños tableros con distintos materiales, como frutas o dulces, juguetes, trastes de barro, pero lo hace siempre por su cuenta, durante el tiempo libre.

Durante el tiempo que pasa en Querétaro, le dedica toda la semana a la fiesta de la Cruz, “para estar acá un ratito. Esta semana vengo a acompañar a las amistades que tengo aquí, pues este trabajo es para la fiesta de la Santa Cruz”.

Cuenta que durante este tiempo vive y duerme en el convento de la Cruz, donde le permiten pernoctar. Por la alimentación no tiene por qué preocuparse, pues las mismas personas que lo invitan le llevan sus tres comidas durante este tiempo.

Portada floral, detalle artesanal en la Santa Cruz
Portada floral, detalle artesanal en la Santa Cruz

“Nos regalan [comida] las señoras de las cocinas de aquí. Nos regalan el desayuno, la comida y la cena. Ahí sí, no podemos quejarnos, ni decir nada, nos dan lo que tengan y se agradece. Me dan las tres comidas al día, de qué me voy a preocupar”, dice Don mientras sonríe.

Mucha gente se acerca y le pregunta cómo hace la portada, a lo que responde que con calma, despacio, y pensando bien cómo se va a hacer, pero que también se debe de tener “su curiosidad” para elaborarla.

Orgulloso de su origen

La portada de la Cruz no es la única que hace, pues en Iztacalco también colabora en algunas celebraciones patronales. Esa delegación es una de las más “fiesteras”, indica Miguel.

“En Iztacalco hacemos competencias de ver a quién le quedan mejor sus portadas. Acaba de pasar nuestro jubileo. Participan 16 artesanos que se ponen en todo el atrio, con todas las imágenes. No hay cuál ver, son muy bonitas”, precisa.

Presume a su natal Iztacalco. Asegura que es de los lugares “más pachangueros” de la capital del país.

Miguel ha pasado una semana en Querétaro. Regresará a la Ciudad de México hasta el sábado 15 de septiembre, donde lo espera su familia. “Aquí se viene a trabajar un ratito, y se viene también un rato en divertirse”.

Agrega que de la tradición y fiesta de la Cruz le gusta todo, pues además la gente es muy respetuosa y amable, “aunque es como todo, hay gente buena y hay gente mala”.

Don Miguel detalla que dedicó todos los días para la elaboración de la portada, para que estuviera lista y luciera en el templo de la Cruz para la fiesta más importante de ese tradicional barrio del mismo nombre, donde todos los años los grupos de danzantes dedican sus bailes a la Cruz, y hombres como Miguel dedican su trabajo y tiempo al festejo, pues al final “el es Dios”.

La verbena

Cada 13 de septiembre, el tradicional barrio de La Cruz se llena de gente, principalmente queretanos y personas recién llegadas al estado.

Los más sorprendidos son los nuevos residentes, porque la fiesta llama la atención por la gran cantidad de gente que visita las calles del centro de la ciudad, pero más por las decenas de mesas de danzantes prehispánicos.

El olor de los inciensos y de las hierbas inunda los pasillos de gente que se van congregando, y que hace voltear a más de uno al escuchar el caracol que hacen sonar los danzantes. Propios y extraños detienen su paso para admirar lo vistoso de los penachos, los maquillajes y la intensidad con la que los danzantes entregan sus bailes a su fe.

Más adelante, llama la atención de otro tipo de olores, de chile, manteca, papas y zanahorias.

Y ahí están, en la fiesta, cientos de señoras que con mandil blanco preparan las típicas enchiladas queretanas y los guajolotes.

bft

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