“Con flora y fauna del campo se guisa rico”

Ángeles Crescencio, cocinera tradicional de Amealco, dice que no le da vergüenza hablar otomí.
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Foto: Ricardo Lugo
09/08/2017
07:59
Rocío G. Benítez
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Ángeles aprendió a cocinar a los ocho años de edad, para poder darle de comer a sus hermanos, cuando su madre y su padre se fueron a trabajar a la Ciudad de México. De los campos de Santiago Mexquititlán, Amealco, conseguía todo para comer: maíz, frijoles, nopales, pero se las tuvo que arreglar sola frente al fogón porque nadie le había enseñado a guisar.

A los 11 años de edad ella también emigró, siguiendo el camino de sus padres, se fue a trabajar como empleada doméstica “en una casa de ricos”, ahí aprendió a hablar español “por necesidad”, su lengua materna es el otomí.

La mujer comentó que sólo vivió durante un año en la capital y luego regresó a su pueblo. Después se casó, hoy es una orgullosa cocinera tradicional de la comida indígena, que aún sigue hablando el otomí sin ninguna pena, aunque sus hijos ya no.

“Mis hijos ya casi no hablan el otomí, porque en un tiempo se burlaban de uno, entonces empezaban a hacerle bullying y empezaron hablar español, sí hablan el otomí pero no mucho.

Por ejemplo, cuando iban a la escuela sus compañeros les decían que hablar así era de indios. Ellos me dijeron que no iban a volver a hablar otomí porque sus compañeros les hacían burla. Pero para mí eso no es malo, yo cuando vengo en el camión vengo hablando otomí, a mí no me da vergüenza, que hablen mal de mí tampoco me importa”, dice con voz firme Ángeles Crescencio Porfirio.

En Santiago Mexquititlán todavía es costumbre de los grandes hablar el otomí, también es costumbre guisar con cosas del campo. Su platillo preferido son los quelites, pero bien puede hacer conejo asado, conejo en mole, ardilla, zorrillo, todo animal de campo que se encuentra se puede cocinar, incluso hasta el tortuga y con mole, dice doña  Ángeles es un platillo muy rico.

“Nosotros no  comemos chucherías [que actualmente se venden] sólo cosas del campo, nosotros nuestros quelites, frijoles y nopales, o un conejo asado, conejo en mole o una tortuga, lo que uno encuentre; el pan de trigo, pan con pulque y el xoconostle en dulce, todo sé hacer, los domingos vendo en Santiago allá en el mero centro, y de eso vivo”, dice Ángeles, cocinera  tradicional que participó en la pasada edición del Encuentro de las Culturas Populares y los Pueblos Indígenas con una degustación de sus mejores platillos.

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