Vivir sin poder ver, un reto de vida y tenacidad

Hace 31 años el estrés le cobró factura y quedó ciego; sin embargo, siguió adelante y se convirtió en un ejemplo para otros
Vivir sin poder ver, un reto de vida y tenacidad
Después de quedar ciego a causa del estrés, Mariano Cruz Ramírez aprendió a adaptarse a su nueva situación para sacar lo mejor de sí mismo y ayudar a otras personas en su condición a sobresalir como seres humanos (GUILLERMO GONZÁLEZ)
09/05/2018
03:06
Alma Gómez
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Mariano perdió la vista a causa del estrés y ahora se dedica a dar masajes relajantes. Habla de esta ironía en su vida como si se tratara de cualquier otra situación sin importancia, lo cuenta en medio de risas y bromas; dice que ese es un síntoma de que una persona ya superó su discapacidad; porque ya no le afecta, no se siente incompleto.

Mariano Cruz Ramírez es una de las 120 personas que acuden a la Escuela para Ciegos y Débiles Visuales, es maestro de manualidades de tejido plástico, y también es masoterapeuta, oficio que aprendió en la misma escuela y que hoy es la forma en la que se gana la vida

Es una persona 100% independiente, su discapacidad no representa ningún obstáculo, incluso dice “si alguien tuviera el poder de devolverme la vista yo preferiría quedarme así como estoy”.

Mariano viaja cada día de Pedro Escobedo a Querétaro para dar clases en la escuela de ciegos, conoce a la perfección las calles de la ciudad, y recorre con facilidad los tres pisos de la escuela. Dice que puede viajar a cualquier estado de la República únicamente acompañado de su bastón.

Pero no siempre fue así, conseguir la independencia que ahora tiene requirió de años de trabajo, constancia y sacrificios.

Perdió la vista cuando tenía 30 años, era encargado de obra, tenía 130 personas a su cargo y la responsabilidad de generar el rendimiento necesario para complacer a sus jefes. El estrés acabó poco a poco con su vista, quedó ciego en el lapso de año. Mariano notaba que su vista se hacía borrosa, pero no prestó atención.

Tardó cinco años en asimilar su nueva vida, Mariano se refiere a esta etapa como “el encierro”, esa etapa de negación en la que dependía completamente de su esposa, sus dos hijos aún eran pequeños, estaban en etapa escolar.

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Completamente independiente.

Un día, Mariano escuchó en la radio un comercial de la escuela de ciegos y de todos los talleres que ofrecían, en ese momento se decidió a retomar su vida.

Yo no podía creerlo, le preguntaba a mi esposa si esas personas que yo escuchaba eran ciegas como yo y me respondía que sí, fue impresionante porque yo los escuchaba caminar sin bastón, sin ningún tipo de problema. Me puse un reto a mí mismo y dije: si ellos son independientes yo también puedo serlo”.

Lo primero que Mariano aprendió en la escuela fue a tocar la guitarra, sin planearlo ese fue su primer empleo, cantaba en los bares, después aprendió manualidades con tejido plástico y se convirtió en maestro de la misma escuela.

Llegaba cada lunes a la escuela de ciegos y los viernes volvía con su familia a Pedro Escobedo. Cuando tenía un mes y medio como residente aprendió a viajar por sí solo, cada fin de semana entraba y salía de la antigua central camionera en Querétaro, ubicada en lo que ahora es la biblioteca, en el Centro Cultural Manuel Gómez Morín.

En ese tiempo se creó la nueva central de autobuses y Mariano tuvo que conocer ese espacio completamente a ciegas.

“Recuerdo muy bien cuando quitaron la central que estaba donde es ahora la biblioteca, llegamos un viernes ahí y anunciaban que el próximo sábado a las cero horas dejaría de funcionar, y que habría que llegar a la nueva central. Para el lunes yo tuve que llegar a la nueva central y no les dije en mi casa, porque esa central yo la tenía que conocer a ciegas y me tocó estrenarla esquivando varillas y escombros en las afueras de la central, cuando le conté a mi familia ellos se sorprendieron, era un reto para mí. La otra central la recordaba pero esa era completamente nueva”.

Mariano dice con orgullo que tenía prisa por ser independiente, sentía la urgencia de ser una persona productiva y ayudar a su familia. Poco a poco fue consolidando sus empleos, “ya podía llegar a mi casa con unos billetitos para mi familia, me sentía muy bien”, comparte.

Sólo un tropezón en la vida. A las personas que adquieren discapacidad, especialmente la ceguera, Mariano les dice que no se den por vencidos, explica que la ceguera es sólo un tropezón en la vida, que no vale la pena tirar todo por la borda y encerrarse en una depresión.

“Con el tiempo uno se da cuenta que soltarse del brazo del otro es lo que necesita. Nadie te entiende mejor que un compañero que ha pasado lo mismo que tú. Yo siempre le preguntaba a los músicos o compañeros de la escuela que ya trabajaban aquí, les preguntaba cómo lo habían logrado, y me decían que echándole ganas.

“La necesidad de cada compañero es lo que nos mueve, en ese momento vine a la escuela para ayudar a mi familia, habrá personas que tienen una pensión excelente y no tienen esa necesidad o esa prisa de andar solos en la calle, es la necesidad lo que lo hace a uno ser audaz”.

En la Escuela para Ciegos y Débiles Visuales de Querétaro las personas pueden quedarse a dormir las veces que sean necesarias en caso de no vivir en la capital, como ocurrió con Mariano.

Además, pueden tomar clases de activación física, braile, cocina, computación, inglés, literatura, masoterapia, mecanografía, música, orientación y movilidad, teatro, primaria, secundaria, tejido de bolsas, terapia psicológica, creación de chocolates, entre otras.

Mariano Cruz asegura que una persona es capaz de sentirse 100% completa aún después de adquirir alguna discapacidad, en su caso vivió 30 años con vista y ha vivido 31 años sin ella.

“Yo ahora ya no siento que algo me falte, soy consciente de que no puedo ver, pero no lo necesito, me siento pleno, hasta la fecha soy un ejemplo para mis hijos porque nunca me di por vencido. Los demás también pueden lograrlo, por eso es tan importante la labor de la escuela de ciegos, aquí me ayudaron a recuperar mi vida, a ser independiente, aunque también depende de cada persona, de las ganas que tenga de vivir y salir adelante”.

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