Los antojitos y comida típica son los productos más socorridos en los mercados y tianguis capitalinos por sus sabores. En El Tepe, dentro del mercado, María Leonor León Hernández vende tacos y gorditas de canasta, además de tortillas y sopes.

Mientras, afuera, instalada en el tianguis, Helena Hernández Flores ofrece sus gorditas de maíz quebrado, que acompaña de distintos guisos, a pesar de sus dolores, consecuencia de un accidente hace casi tres años.

María Leonor dice que tienen muchos años de vender en El Tepe, pero antes lo hacía en el mercado de La Cruz, a donde una de sus tías la mandaba a dejar tortillas y luego se la llevaba a El Tepe.

“No me daba vergüenza vender de todo. Vendía calabacitas tiernitas, chiquitas, que se dan en temporal. Flores de calabaza, elotes, maíz... traía mi costalito cargado de maíz, de mazorca, ponía mis bultitos, cuatro o cinco mazorquitas por 20 centavos, seis por un peso. Me decía mi papá: llévate unas mazorcas. Nos traes unos bolillitos. Este mercado tiene más de 38 años, pero yo vendo desde antes. Me sentaba enfrente de San Roque”, comenta.

Dice que luego de tantos años vendiendo, desde los 15 años, ya se siente cansada de la vida en el mercado.

Con 65 años a cuestas, la mujer señala que ha dejado su juventud vendiendo sus productos.

Recuerda que el mercado en un inicio era techado sólo con plásticos que se movían según el movimiento del sol en el cielo. Asegura que ella hace toda su mercancía, desde moler el maíz en el molino, hasta la elaboración de los tacos, gorditas, tortillas y sopes.

Señala que las ventas han bajado mucho en los últimos años, pues antes llegaba con su mercancía y a la una de la tarde ya había acabado. “Ya no es como antes”, precisa.

Por otro lado, Helena Hernández Flores tiene otra historia, otra realidad. Ella vende sólo los días de tianguis, jueves, sábados y domingos. Las gorditas son de guisos, como nopalitos, chicharrón, papa, carne, queso.

Helena “echa” sus gorditas al comal mientras dice que sólo vende los días de tianguis en El Tepe, pues está enferma de su cadera, luego de accidentarse hace casi tres años cuando regresaba de la Ciudad de México.

“Venía regresando de México y sacaron el camión de la carretera, entonces yo me fracturé la cadera.

“Tengo desviada la espina, ahorita ya no puedo cargar nada pesado, sólo hago mis cosas y ya me las acarrea mi hijo, pero yo ya no puedo cargar nada pesado”, asevera.

Agrega que la empresa dueña del autobús sólo les pago las curaciones, pero más allá, no. Además, ella se dio cuenta que estaba mal de la cadera hasta un año después del percance, por lo que se tuvo que hacer estudios, pero no recibió ayuda de la empresa.

Incluso, una de sus sobrinas, “que es abogada”, trató de convencerla para demandar a la empresa y que le pagarán el tratamiento.

Dice que la operación que necesita es muy cara, por lo que se resigna a vivir con las molestias “el tiempo que Dios me dé licencia”. Añade que a pesar de tener seguridad social, en el IMSS) le dijeron que no la pueden operar, y no le ofrecieron algún tratamiento alterno a su malestar.

“Me dijeron que era muy difícil que me componga”, puntualiza.

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