#NuestasHistorias. Forcados, "debes dedicarle mucho tiempo; dar lo mejor de ti": Cuyo Montiel

Cuyo Montiel recomienda a los miembros de la quinta generación confiar en ellos mismos y en su grupo antes de salir al ruedo
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Lo fundamental en el grupo es el apoyo, son amigos, que entre ellos se confían su vida, por lo cual deben prepararse y estar listos para enfrentar a un toro y ‘salir bien librado’. (Foto: Guillermo González)
03/12/2017
04:09
Danaý Martínez
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“Ser forcado es una profesión que describo como tener una novia, tienes que dedicarle mucho tiempo, tienes que ceder ante ciertas cosas, tienes que dar lo mejor de ti como persona para que funcione, y si lo haces serás recompensado”, expresa José Antonio Montiel, alias el Cuyo, cabo de los forcados.

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Actualmente, Cuyo dirige la quinta generación de Forcados Queretanos, un cargo que no pretendía ocupar.

“Inicié por una invitación que nos extendieron, iba en segundo de secundaria y me invitaron a formar parte del grupo juvenil de los Forcados Queretanos. Vinimos a entrenar como diez amigos, de los cuales solamente nos quedamos tres, mi hermano, otro compañero y yo. No se formó el grupo pero seguimos entrenando. A mi hermano y a mí nos dieron la oportunidad de pertenecer al grupo principal”, comentó.

A sus 26 años, las vidas de 18 hombres dependen de él, la famosa pega es responsabilidad del cabo, pero es un trabajo que se hace en equipo.

“Algo que es parte de esto es la fiesta, el compañerismo, los viajes y principalmente empecé por el relajo. Conforme fueron pasando los años fui tomándole otro sentido, ya más responsable, apasionado, con todo el misticismo que esto conlleva, con el compromiso que debes tener para con el grupo y con uno mismo, porque nos enfrentamos con animales de mucho más peso, más fuertes, hay que estar en [buenas] condiciones físicas y mentales para poder hacer lo que hacemos”, mencionó.

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Misticismo

Un día antes de una corrida, los forcados entrenan y tienen una pequeña reunión para que el cabo decida quién vestirá la farda al día siguiente. Se pide la ropa completa y limpia, todo tiene que ser perfecto y respetuoso.

El pasado 18 de noviembre, previo a la corrida que encabezó Giovanni Aloi, Octavio García Payo, Andrés Roca Rey y Luis David Adame, en la Santa María, Cuyo Montiel eligió a los hombres que saldrían esa noche.

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“A nuestra casa, hay que darle la importancia, la vestimenta representa el respeto que le tenemos, somos toreros, ¡créancela!, pero compórtense como tal”, recomendó aquel día a los forcados.

Asimismo, en invitado especial, Antonio Vera, el ex cabo, también habló con firmeza a los nuevos valores.

“Salgan con vergüenza torera, cabrones, mucha pinche vergüenza torera, respeten a la gente que está aquí, respeten al grupo y al toro que van a pegar, se los pido de corazón porque esta plaza se merece mucho respeto del grupo”, sentenció.

La tarde de la corrida llegó.

Unas horas antes, el grupo se reunió en un cuarto de hotel que se convirtió en el espacio donde los forcados se colocan la farda, donde se encomiendan a sus deidades y donde se vibra en un sólo latido.

“Cada quien en su barrete o en su maleta, guarda imágenes, una foto, una medalla, que les dio su familia o algún forcado, pequeños detalles a los que les vas guardando cariño. Tenemos la oración del forcado y es el único ritual que tenemos, hay muchas risas, pláticas, pero sigue habiendo mucho nervio”, comentó Gustavo Montoya, forcado queretano.

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Indumentaria

La farda se compone de una camisa blanca, una corbata que en este caso se eligió de color negro, medias caladas que deben llevar un dibujo diferente por forcado, las cuales se ajustan arriba de la rodilla y tienen resortes, velcros o cinta.

La taleguilla o calzona que es de color tabaco, lleva remates con listón, los cuales son sólo adornos y es sostenida por tirantes.

Los zapatos son de cuero, con tacón, llevan una correa y una lengüeta que tienen la función de hacer que la pezuña del toro se resbale en caso de ser pisado por este.

El vestuario también incluye una faja portuguesa, que le da soporte a la espalda al momento de recibir un impacto.

La chaquetilla, es lo más representativo, cada grupo tiene una distintiva por lo que no se repiten los diseños.

Por último está el barrete, es un gorro verde con franja roja que distingue al forcado de cara, el barrete sólo se consigue en Portugal y cada forcado debe tener uno.

En total, la farda cuesta alrededor de 3 mil pesos, y cada forcado se encarga de armarla poco a poco. Ellos no reciben ninguna remuneración económica, más que el amor de convertir sus miedos en vida.

“Como esto es un gusto nos cuesta a nosotros. Cuando vamos a otros estados, y aquí también, nos pagan viáticos, pero no es suficiente. Económicamente no hay una remuneración”, expresó Montiel.

Ya enfardados, todos los forcados escucharon un discurso del cabo, rezaron un padre nuestro y la oración del forcado.

“Dentro del cuarto es un ambiente tenso, hay nervios, sigue habiendo mucha amistad, pero empiezas a pasar un poco de saliva. Tenemos un altar, todos somos católicos, aunque no precisamente tienes que serlo, pero aquí te haces creyente”, explicó Gustavo Montoya.

En esta ocasión, los Forcados Queretanos tuvieron una visita especial, Jaime Guerrero, uno de los forcados fundadores que ahora mira desde la barrera a su hijo y miembro de este grupo, José Manuel Guerrero.

“Hace años que no estaba en un cuarto de cambio. Antes de ser un grupo de forcados, son un grupo de amigos, esto es un sentimiento, a mí me daba miedo tres veces: cuando me decían que iba a haber una corrida, cuando me decían quien haría la pega y cuando me vestía.

“Lo más importante es vencer al yo interno, en el momento en que lo puedan hacer se convierten en forcados, son toreros y dignos de estar en un ruedo”, parte del discurso de Jaime Guerrero previo a la corrida.

El cabo elige al forcado de cara, hasta el momento en que el toro sale al ruedo, se analizan sus características para encomendarle la misión al que más vaya acorde para lograr vencerlo.

Hombres honorables

Ser un forcado es una formación que lleva años y no sólo se ve reflejada en el ruedo, sino también en la vida cotidiana.

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“Algo importante dentro de los forcados, es poder estar bien en tu entorno, llámese familia, responsabilidades, trabajo, escuela, para que cuando el grupo te necesite, porque de pronto salen corridas entre semana, puedas ir y responderle al grupo. Es una forma de hacer personas de bien”, explicó José Antonio Montiel.

Los forcados son un grupo de apoyo, son los hombres, los amigos a los que aprendes a confiarles tu vida, coincidió el grupo.

“La confianza entre forcados se logra a través del tiempo, a través de demostrar que mereces que te confíen la vida. Se logra dando lo mejor de ti, hay que prepararse física y mentalmente, cuando ves que una persona lo hace de la manera correcta, le confías sin preguntar”, explicó el cabo.

Asimismo, consideró que estar frente a un toro es encarar el miedo, es enfrentar a la muerte y salir bien librado.

“Al estar enfrente de un toro llegas a conocerte, llegas a comprender todos tus sentimientos porque aquí hay una mezcla de sentimientos enormes, de miedo, de alegría, de preocupación… Desde que sabes que vas a tener corrida ya no duermes, llegas a conocerte bien y saber los límites que tienes, y llegas a tener una confianza única con tu grupo porque sabes que están atrás de ti para ayudarte y al estar tú detrás de alguien sabes que no le puedes fallar”, expresó.

Lograr la permanencia del grupo es lo esencial, los años pasan y estos hombres siguen rigiéndose bajo el lema: “Ser forcado es antes y por delante de todo una actitud, una postura frente a la vida”.

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