Solidaridad, en El Tepe nadie se rinde

Vecinos prestan espacios a los comerciantes
Solidaridad, en El Tepe nadie se rinde
Demian Chávez El Universal
19/08/2018
02:46
Domingo Valdez
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El mercado de El Tepe está de pie, dicen los locatarios del centro de abasto de uno de los barrios más tradicionales de Querétaro, cuyos vecinos prestan sus locales y cocheras a quienes perdieron sus puestos en el incendio de hace dos viernes.

La entrada al barrio luce con normalidad el bullicio de los sábados, con su tianguis de puestos de ropa, zapatos, frutas, verduras, carnes, así como los locales fijos de abarrotes, comida preparada y papelerías.

Todo luce normal en el barrio. Conforme se avanza en las calles que dan al mercado, el número de personas es mucho menor; el mercado aún permanece cerrado. La explanada está rodeada de cinta amarilla que impide el paso a toda persona ajena a las obras que se realizan.

El estacionamiento frente al mercado da albergue a algunos locatarios que venden sus productos a los clientes que llegan hasta las inmediaciones del mercado para comprar sus despensas.

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Tres un uno

Algunos vecinos, solidarios con los locatarios que perdieron sus espacios para trabajar, prestan sus locales desocupados o las cocheras de sus casas. Así es la gente en El Tepe.

Carmelo Morales, junto con su familia, vende carnitas y productos de cerdo en ese mercado. Su local sufrió daños parciales por el incendio del pasado 10 de agosto, el fuego alcanzó la estructura, pero hubo algunos de sus compañeros locatarios que se vieron mayormente afectados, principalmente quienes vendían ropa y calzado.

Carmelo, junto con su esposa y sus dos hijas, vende en un local que comparte con otros dos locatarios, casi enfrente del mercado que permanece cerrado.

“Hay gente buena, que le agradecemos que nos prestó el local para trabajar. Así hay muchos compañeros a los que han apoyado para que sigamos trabajando, aquí alrededor de El Tepetate”, destacó el comerciante.

Subraya que por ocupar el local no están pagando renta alguna a los dueños, lo que agradecen “de corazón” el gesto solidario. Dice que en ese local trabajan desde el miércoles, cuando les permitieron establecerse en ese lugar.

Explica que para que la gente sepa dónde encontrarlos iniciaron una campaña colocando cartulinas desde la entrada del barrio, para que los clientes sepan que siguen vendiendo en otras direcciones, pero todas cercanas a El Tepe, y para que los mismos clientes sepan que siguen trabajando.

“Todavía, la gente no sabe que algunos compañeros estamos aquí. Habilitaron el estacionamiento donde hay unos compañeros que están trabajando. Eso es lo bueno, que El Tepetate siga. No perdemos la fe que nuestro mercado nos va a quedar bien, para volver a trabajar”, abunda.

Comenta que las autoridades ya están apoyando a quienes presentaron pérdidas totales, y a ellos, que sufrieron pérdidas parciales quizá tarden un poco. Carmelo luce tranquilo, habla relajado, aunque pase por momentos complicados.

Sin embargo, dice que “no es lo mismo trabajar aquí, que en nuestro mercado, donde estamos establecidos. Llegar a nuestro mercado y meterte a tu local y trabajar. Ahorita, como sea, nosotros no nos llevamos nuestras cosas, aquí las dejamos, nada más traemos mercancía a diario y a trabajar”.

Con 20 años de antigüedad en el mercado de El Tepe, Carmelo toda su vida se ha dedicado al comercio, lo que le viene de tradición, pues su mamá vendía en la zona desde que el mercado estaba en la calle de Juan Álvarez y antes el mercado estaba en la calle de Invierno. “Ahí crecieron nuestros hermanos, nuestros hijos y lo hacen nuestros nietos”, agrega.

A unos metros, Margarita Suesti Olvera, está detrás de un gran recipiente lleno de carnitas. El producto vaporiza, pues permanece caliente, en espera de los clientes que lleguen por su carne para unos tacos, ideales para el almuerzo del sábado.

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Dice que el local donde se ubicaba su esposo fue afectado, pues se perdieron sus básculas, quemándose todo. El puesto de Margarita, en un pequeño espacio, ofrece todos los productos de cerdo, desde las carnitas hasta la asadura que se puede preparar en salsa verde, platillo que enloquece a muchos aficionados a la carne de puerco.

La mujer señala que van a poner cartelones para que la gente sepa que siguen vendiendo en ciertos lugares cercanos al mercado siniestrado, pues deben seguir trabajando y los clientes deben de saber que ellos siguen atendiendo.

“La mayoría de la gente que venía a consumir está desubicada, no sabe a dónde están muchos lugares donde comprar. Todos estamos regados, no hay un lugar todavía para que la gente nos ubique a todos juntos. Ojalá, Dios quiera, que próximamente nos ubiquen [a todos] en el estacionamiento”, apunta.

Agrega que aún no sabe cuándo estarán listos los puestos, pero confían en que sea pronto, para que la gente vaya a consumir los productos que venden, que la gente no se olvide del mercado, “al contrario, que sigan apoyándonos, visitarnos, que sigan consumiendo carne fresca, no sólo a nosotros, también a los demás compañeros que se vieron afectados más que a nosotros”.

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Manuel Ruiz es otros de los locatarios de El Tepe que comparte el local comercial que les prestaron. Su especialidad es la carne de pollo. El local de Manuel no se vio afectado directamente, pero sí por el cierre del mercado lo obliga a vender fuera del inmueble, mientras hacen las reparaciones al mismo.

“Gracias a Dios, la gente sí nos ha respondido bien. Sí vienen los clientes. Han bajado las ventas un poco, pero es porque la gente aún no nos identifica, no sabe a dónde estamos establecidos, pero creo que con el paso de los días todos van a empezar a identificar y que se normalice todo lo más que se pueda”, comenta.

Venta en un zaguán

Metros más adelante, el zaguán de una casa es ocupado por tres comerciantes. Las tres son mujeres, una joven y dos mayores. Las mujeres grandes están a los costados de la puerta; una vende nopales y la otra tés y hierbas.

María Dolores Columba Pilar Camacho vende nopales. Mientras espera a los clientes pela unos chícharos. Dice que vende en El Tepe desde que está abierto el mercado, hace 39 años, cantidad que va a cumplir en los últimos días de agosto.

“No vendo otra cosa más que nopalitos. Me prestaron para estar aquí, para vender aquí. Las ventas están muy flojas. Traje poquitos nopales y aquí están todos... Es apenas el primer día que vendo [desde el incendio del mercado]. No hay para comer, siquiera sacar para tortillas”, destaca.

María Dolores agrega que en el mercado, “cuando había venta, sacaba 200 pesos y cuando no, 120, 100 pesos. Ahorita sólo hay como 60 pesos”.

Añade que como están “todos regados” la gente anda de un lugar a otro, sin saber en dónde están los comerciantes y en qué calle.

Teresa Félix Pérez está del otro lado del zaguán. Vende hierbas medicinales y tés. Señala que su local sí fue de los que consumió el fuego totalmente.

“Las ventas están medio bajas, no hay muchas ventas. Todos estamos regados por todos lados, por eso no hay ventas. Ojalá que en los próximos días que nos ubiquen a ver si ya suben las ventas”, asevera.

Agrega que, de acuerdo a lo que les han dicho, quizá la próxima semana ya puedan estar ubicados cerca del mercado. Explica que su mamá fue quien comenzó a vender en el mercado, continuando ella con la tradición y el trabajo dentro de El Tepe.

Con actitud

José Luis Aguilar Núñez ocupa un espacio dentro de un estacionamiento contiguo al mercado, donde se da espacio a unos 40 locatarios de El Tepe afectados por el incendio del 10 de agosto.

El hombre explica que en su negocio familiar trabajan él, su esposa y su hijo; se especializa en la venta de pollo y se ubicaba en la nave principal del mercado. “Nuestro puesto no se vio afectado como tal. El fuego se paró como a tres locales antes de llegar al de nosotros, pero no hay acceso porque van a remodelar todo ahorita”, precisa.

Añade que el encargado del estacionamiento, Samuel Hernández, les dio permiso de ocupar en el estacionamiento un lugar, junto con otros locatarios que necesitan estar en un sitio para ganarse la vida. Para el jueves, dice, ya había un buen número de vendedores ocupando el lugar.

Sonia Munguía Jiménez, esposa de José Luis, dice que su familia comenzó a vender hace más de 30 años en El Tepe, por lo que es su segundo hogar. Sonia hace una pausa mientras sus ojos se humedecen. Traga saliva y dice que “siente feo, mucha impotencia”.

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En tanto, Samuel dice que desde el segundo día que permaneció cerrando el mercado, por el incendio, apoyó a los comerciantes para que tuvieran un espacio para vender.

Ante esto se ha podido ver como la gente se ha solidarizado con los comerciantes afectados, dede prestar sus locales, seguir comprando y dándoles apoyo personal, ha sido la manera en que han podido salir adelante, tras el percance que los dejo practicamente sin nada.

A pesar de todo, se muestran positivos, esperanzados de que regresarán a su local a seguir con la actividad que les ha dado una vida y una fuente de ingresos.

Los comerciantes no pierden la esperanza de que los clientes regresen cuado ya estén dentro del mercado nuevamente.

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