Maletero: Una vida al servicio de los viajeros

A pesar de su edad, va y viene con el equipaje de sus clientes, los cuales son menos cada día, comenta
Maletero: Una vida al servicio de los viajeros
Los pasajeros apenas si notan la figura de Reyes, tienen la preocupación de abordar el autobús que se va o llegan con el cansancio del viaje de varias horas. Llevan la mente en otras cosas y algunos, por no traer cambio no le dan su propina.
22/07/2018
07:04
Domingo Valdez
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Reyes Gutiérrez llega a un costado del autobús que acaba de arribar a la Terminal de Autobuses de Querétaro (TAQ). Con su diablito a un lado espera que sus servicios como maletero sean requeridos. Las propinas son sus ingresos y éstas dependen de la generosidad de los clientes, que cada vez son menos, pues las personas prefieren mover su equipaje ellas mismas.

El hombre mayor acomoda las maletas de una mujer que acaba de llegar a Querétaro. Coloca la más grande hasta abajo, luego la que le sigue en tamaño, hasta llegar a las más pequeñas.

Reyes sigue a la clienta hasta donde están los taxis autorizados por la TAQ para brindar el servicio. Espera a que llegue la unidad que trasladará a la mujer a su destino.

“Aquí es lo que sea la voluntad de cada uno de los clientes, en ocasiones los puede sacar uno gratis, porque a veces no traen, o hasta que vengan por ellos”, explica, al tiempo que señala que tiene 23 años prestando este servicio en la TAQ.

Reyes se ubica al frente a la puerta principal del edificio A de la terminal para esperar a sus potenciales clientes. En ocasiones entra a los andenes para “agarrar” a los clientes juntos a los autobuses que llegan a la terminal. Es buena estrategia, pues la clientela que llega con muchas maletas o bolsas de gran tamaño lo requiere de inmediato, relata el maletero.

Explica que anteriormente trabajaba en una empresa, pero lo despidieron, y fue que encontró este trabajo en la central de autobuses. Apunta que trabaja cinco días a la semana de las seis de la mañana a la una de la tarde.

Menciona, con su voz rasposa, que a veces no hay mucha clientela, aunque eso depende también de la temporada del año, “a veces hay algo, a veces no hay”. Dice que “anteriormente había más trabajo durante los periodos vacacionales, pero ahora como ya planifican muchas cosas por internet, llegan a distintas horas, además de que cada quien mete sus maletas, ya no buscan tanto el servicio”.

Reyes Gutiérrez señala que antes era común que la gente los buscara para mover sus maletas a las diferentes salas de la terminal, pues en muchas ocasiones llegaban a una de éstas y se movían a otras para tomar otro autobús, pero ahora, con las maletas que tienen ruedas se les facilita el movimiento.

Además, ahora, con internet pueden comprar los boletos de transbordo de camión a camión, sin preocuparse de su equipaje, pues las mismas empresas se los llevan hasta los otros autobuses. Esto, añade, pasa mucho con quienes vienen de Estados Unidos.

Muchos de los maleteros que están en la TAQ son hombres mayores, quienes aprovechan los intervalos entre servicios para platicar e intercambiar opiniones sobre el trabajo.

Los pasos de Reyes son lentos, pero aún firmes. Arrastra el diablito de un lado a otro para llegar a los andenes. Espera pacientemente a que lleguen los clientes. Otro de sus compañeros observa a la distancia la fila de pasajeros que baja de un autobús dorado. Parece analizarlos, para ver quien puede ser el próximo que pueda solicitar sus servicios.

Explica que tienen un representante, quien es el encargado de contratarlos y validar los permisos para trabajar que les otorgan en la central de autobuses a los 30 maleteros que laboran en ese recinto en tres turnos diferentes.

Reyes es viudo, y de los cinco hijos que tuvo le sobreviven cuatro. Vive con una de sus hijas y dos de sus nietos, en Lomas de Casa Blanca, “donde compartimos lo poquito que me queda de vida”, dice el hombre.

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El empleado de la terminal conversa con algunos de los choferes de los taxis que prestan el servicio en la terminal. Ríe y se retira. Se coloca en la salida principal del edificio A de la central camionera. Se recarga en su diablito y espera.

No todos los que solicitan sus servicios llegan a la ciudad. Muchos también se van de la entidad con maletas y bultos grandes que necesitan del apoyo de los maleteros para introducir sus equipajes hasta los andenes y subirlos a los autobuses.

Las maletas las dejan a pie de camión, donde el personal de cada línea de autobuses se encarga de subirlos a los autobuses, bajo la mirada de los pasajeros, quienes reciben un contraseña para recogerlos tras llegar a sus destinos.

El ir y venir de los pasajeros no cesa en la TAQ. Los autobuses de las diferentes líneas que operan en la terminal entran y salen constantemente, siempre hay un autobús entrando o saliendo, son como hormigas que van y vienen a su nido. Los pasajeros llegan y se van en oleadas que sólo por la noche disminuyen, aunque no cesa, pues también hay movimiento, principalmente de quienes viajan a destinos de muchas horas de trayecto.

Los pasajeros apenas si notan la figura de Reyes. Tienen la preocupación de abordar el autobús que se va, o llegan con el cansancio del viaje de varias horas. Llevan la mente en otras cosas.

El maletero termina la charla. Toma su diablito y busca entre los autobuses que acaban de llegar nuevos clientes. Las propinas son su salario, depende mucho de lo dadivoso de las personas. “A veces son buenos y dan 20 o 50 pesos. A veces son 10 o cinco pesos, hay diferencias”, dice.

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