Albergue, un respiro para quienes buscan su sueño americano

El padre Aristeo Olvera da atención humanitaria a quienes llegan a Toribio Romo
Foto: Demian Chávez
18/07/2018
04:11
Domingo Valdez
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Desde la parroquia de San Pedro Apóstol, en lo alto de la colonia San Pedrito Peñuelas, se ve toda la ciudad de Querétaro. La colonia salpicada del verde de los árboles que se encuentran en casi todas las casas brindan una visita agradable. Es lo que ven los migrantes que llegan al Albergue Toribio Romo, cuyo encargado es el padre Aristeo Olvera.

El sacerdote llega a la oficina de la parroquia. Su aspecto no es el de un cura estándar. Viste unos jeans negros, sudadera azul y zapatos cafés. Parece más un boxeador de peso medio, que un cura dedicado los últimos años a ayudar a quienes han dejado todo atrás, con el deseo de salir adelante, tener una mejor vida y salir de la miseria.

En las paredes de la oficina del albergue, de no más de nueve metros cuadrados, están colocados los reconocimientos que ha obtenido la asociación civil. También están a la vista algunas de las reglas que deben de seguir los migrantes que llegan con el fin de utilizar el teléfono, por si quieren llamar a sus familiares, hasta sus países de origen.

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Como regla, estas personas deben de dejar sus mochilas y teléfonos en la oficina. No se permite que bajen a las instalaciones con esos artículos, por propia seguridad de quienes ahí encuentran un lugar para descansar del viaje que han emprendido desde su patria.

En una repisa están cuatro mochilas, pertenecen a los migrantes centroamericanos que están en ese momento en el albergue.

El sacerdote pregunta a uno de los voluntarios cuántas personas se encuentran en ese momento, debido a que algunos salen a hacer algunos trámites en migración, pues muchos están en proceso de obtener su visa humanitaria, y en el albergue les brindan todas las facilidades para ello.

Yo estoy aquí, en esta parroquia, desde 2005, desde octubre de 2005, voy a cumplir 13 años. Anteriormente estaba en la Sierra, en Jalpan, Tancoyol, Landa de Matamoros, antes de venir aquí.

Desde allá fui creando una relación con todos nuestros migrantes queretanos que están en Estados Unidos. Aquí me encuentro con esta otra situación del paso de migrantes centroamericanos, y como llegaban aquí a la parroquia no tenía un lugar donde hospedarlos, los hospedaba en los salones. Les ponía aquí un tambo de agua y les decía que ahí se bañaran, cuando ya no había gente. Aquí comenzamos a trabajar un comedor y les repartía alimentos”, narra.

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Trato digno a migrantes

Cuando llegó el actual obispo de la Diócesis de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez, en 2011, un año después lo llamó a colaborar en la pastoral social, dentro de la dimensión de movilidad humana, donde abarca las áreas circenses, gente del mar, turismo religioso y migrantes, éstos últimos eran su prioridad, la población en tránsito desde Centroamérica.

El padre Aristeo señala que desde 2010 formaba parte de la asociación Migrantes Unidos en Caravana, donde se proporciona seguridad a los connacionales que regresan los fines de año para pasar las fiestas decembrinas con sus familiares. Todo eso, indica, se fortaleció con el nombramiento del obispo y se centró en buscar un lugar donde ofrecer un trato digno a los migrantes, así como atención humanitaria.

El predio donde se ubica el albergue, dice, es parte de la parroquia. Propuso un proyecto que aún no se concreta, ya que les dieron un terreno en el barrio Hércules, pero asuntos legales han impedido que prospere la posesión y construcción de un espacio para los migrantes en esa zona.

Desde junio de 2015, acabamos de celebrar nuestro tercer aniversario, estamos aquí en estas instalaciones, todavía construyéndolas, acondicionándolas, pero creo que cada vez con mayor posibilidad de atención. Van a ser seis años que ya por el nombramiento me da esa facultad de hacer toda la acción de construcción, de operatividad en el albergue, para la atención de nuestros hermanos migrantes.

No es un deseo personal, asegura, “creo que esto está unido al deseo de toda la Iglesia, no sólo de la Diócesis de Querétaro. Desde 2010 estoy colaborando de manera directa en la atención a nuestros migrantes queretanos, fui haciendo una relación con los sacerdotes que a lo largo del país están al frente de albergues o forman parte de asociaciones civiles o están involucrados en la atención a los migrantes”, explicó el sacerdote.

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Asegura que aunque él es coordinador, no se puede decir que sea sólo su trabajo, pues detrás hay muchas personas, como los voluntarios que apoyan en el albergue, así como otras asociaciones, con las cuales trabaja, aunque no todos los activistas u organizaciones aceptan trabajar de manera coordinada.

Dice que esta resistencia, más que ayudar a estas personas migrantes, va en detrimento del apoyo que se les brinda a los casi 400 mil migrantes centroamericanos que cruzan por el estado de Querétaro al año.

Opciones para vivir

El padre Aristeo señala que muchos migrantes ya no están viendo a Estados Unidos como el destino de su viaje, muchos ya ven otras ciudades, como Querétaro, como una opción para trabajar y vivir.

Ya no quieren seguir sufriendo las inseguridades del camino, buscan a lo mejor un estatus de refugio, una visa de trabajo, una visa humanitaria, para que se puedan mover en el país”, subraya".

El padre Aristeo muestra el albergue. Hay unas fotografías donde se puede ver cómo estaba el terreno antes de construir las instalaciones, para las cuales recibió donativos de materiales para construcción. Sólo la mano de obra fue la que tuvieron que pagar.

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Fray Aristeo, a pesar de su aspecto de dureza, recuerda un caso que lo conmovió. Se trataba de una familia que migraba completa. "El bebé tenía apenas unos tres meses de nacido. Llegaron de noche al albergue, a pesar de que después de cierta hora ya no pueden recibir a nadie, a menos que vayan con alguien que los “recomiende”.

Narra que la familia del bebé no traía pañales, leche ni biberones. Con algún feligrés de la parroquia consiguieron algunas mamilas, leche y algunos pañales, al menos para esa noche. La imagen de la familia, pasando los momentos más duros de sus vidas, con una criatura que ni siquiera era consciente de lo que sucedía en su alrededor, conmueve al hombre duro, cuyo cabello comienza a encanecer.

El padre Aristeo confía en poder ayudar a más migrantes en el futuro. Los del pasado ya están en Estados Unidos o en otro lado. De vez en cuando reciben una llamada de alguno de ellos. Hablan para dar las gracias por la ayuda y para decirles que “no aflojen”.

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