Esta vez los mexicanos gritaron “Gracias, Corea”

La Plaza Fundadores, el escenario para ver el partido mundialista
Los hinchas mexicanos muestran su entusiasmo durante la transmisión del partido del equipo nacional. / Foto: Demian Chávez
Los hinchas mexicanos muestran su entusiasmo durante la transmisión del partido del equipo nacional. / Foto: Demian Chávez
28/06/2018
06:18
Domingo Valdez
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El grito de gol tardó en llegar, hasta el tiempo de compensación, pero al fin, ese grito ahogado en las gargantas de los queretanos, cuando Corea marcaba y vencía a Alemania en tiempo de compensación, apareció.

Esta vez no hubo festejos, no hubo gritos de México, México, ni el Cielito lindo, pero gracias a la selección coreana, los tricolores avanzaron a los octavos de final de la Copa del Mundo Rusia 2018.

Restaurantes, escuelas, plazas públicas, bares (que se animaron a abrir desde temprana hora) eran los lugares ideales para disfrutar del partido, de ver a México ante Suecia. En Plaza Fundadores una empresa de telefonía celular instaló una pantalla, junto con una empresa de televisión por cable y un grupo radiofónico.

Las sillas fueron insuficientes para los hinchas que llegaron a disfrutar del partido. Las edecanes de la telefónica reparten en los primeros minutos de juego tamales entre los aficionados, quienes gustosos los reciben de manos de las jóvenes, ataviadas con ajustados leggins azules y blusas blancas.

Los primeros minutos son de nerviosismo. El cuadro escandinavo se muestra superior a la escuadra mexicana, que apenas tiene un par de oportunidades sobre el marco defendido por el portero sueco, Robin Olsen, y su 1.98 metros de estatura.

Preocupación desde el comienzo

Los nervios están a flor de piel. Lo que en un principio eran sonrisas y confianza, se vuelve preocupación cuando pasan los minutos y el gol mexicano no llega. Los que tampoco llegan para todos son los tamales, que se terminan pronto.

Algunos aficionados recurren a alguno de los negocios de comida que están cercanos a Plaza Fundadores para comer algo, como una torta, una gordita, un café, pues la mañana es fresca. Compran su antojito y vuelven a donde está la pantalla. Muchos aprovechan el momento para desayunar, luego de salir de manera apresurada de casa.

Las calles lucen vacías. Pocos son los coches que circulan por la ciudad en esas dos horas que dura el futbol. Incluso, algunos taxistas detienen sus unidades a un costado de la plaza para ver el partido de los mexicanos.

La policía está presente. Uniformados de la Guardia Municipal se apersonan en el lugar. Con un ojo al gato y otro al garabato, vigilan la calle, pero también siguen atentos las acciones que se llevan a cabo en el estadio Ekaterimburgo Arena, en esa ciudad rusa del mismo nombre, a 11 mil 227 kilómetros de distancia.

Los restaurantes lucen llenos también. En algunas escuelas se suspenden labores, aprovechando que se está en los últimos días de clases, para transmitir el partido a la comunidad estudiantil.

En los mini súper y tiendas de conveniencia, cuando los encargados no tienen un pantalla cercana, aprovechan cualquier red wifi disponible y, a través de sus teléfonos inteligentes, siguen el encuentro. Nadie se quiere perder el choque con Suecia, pues luego de ver la demostración de México contra Alemania y Corea, lo menos que se espera es un buen resultado del combinado azteca.

Terminan los primeros 45 minutos de juego con un empate a cero. Las edecanes de la empresa telefónica aprovechan para hacer algunas dinámicas con los asistentes, mientras que los empleados de la empresa de cable reparten publicidad de la misma.

Algunos de los espectadores se retiran del lugar, aunque sólo por un momento. Regresan a sus lugares, para descubrir que ya han sido ocupados por otros aficionados. También reparten bolsas de palomitas de maíz. Los más agradecidos son los niños, quienes las aceptan con gusto.

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Caras de decepción

Muchas mujeres llegan a la plaza acompañadas de sus hijos pequeños. Arriban en pequeños grupos. Muestran su afición al futbol, pues apenas cae el primer gol sueco, muestran su decepción.

Nadie se mueve del lugar. Aún esperan la reacción de la selección mexicana, pero nunca llega. Quienes sí se hacen presentes son dos goles más de los escandinavos. Sentencian el partido con un contundente 3-0 sobre México.

Eso pasa en Rusia. En Querétaro nadie se despega de la pantalla. El narrador del partido no le presta atención el México-Suecia. Narra el partido Corea-Alemania, que sigue empatado a cero goles, y con el cual los mexicanos avanzan a octavos de final.

Gritos de alegría

Gol de Corea en tiempo de compensación. El grito de los mexicanos explota, pero es apagado porque el árbitro decreta fuera de lugar. Sin embargo, como en una jugada del partido de México donde se usa el VAR, el silbante revisa y concede el tanto a Corea. El grito vuelve a estallar.

El partido de México ya terminó, pero la gente sigue la transmisión. Se narra lo que pasa en partido de Alemania y Corea. Los asiáticos le clavan el segundo tanto a los teutones. Las sonrisas vuelven a los rostros de los aficionados. Saben que México avanza a la siguiente fase del mundial, aunque no de la mejor manera y con una derrota humillante.

Esta vez no hay festejos en el jardín Zenea. No hay banderas agitándose aquí y allá. Los aficionados en los distintos lugares abandonan poco a poco los lugares y se dirigen a sus actividades diarias. Esta vez no hay nada que celebrar. Sólo un “gracias, Corea”, en muchas bocas y muchas mentes. El lunes será otra historia.

 

gr

 

 

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