“Para ser paracaidistas se necesita patriotismo”

Comparten experiencias en la Brigada de Fusileros Paracaidistas
Comparten experiencias en la Brigada de Fusileros Paracaidistas
Vicente tiene ocho años y seis meses dentro de los Fusileros Paracaidistas, en un futuro espera que su hijo siga sus pasos y se una a la Brigada pero en el cargo de Piloto Aviador. FOTO: Demian Chávez
22/05/2018
04:29
Domingo Valdez
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Se necesita muchísimo valor, tener muchísima disposición, entregar tu vida y tu cuerpo el regimiento de Fusileros Paracaidistas y prepararte física y psicológicamente a todo lo que da, dice Vicente Medrano Mendoza, perteneciente a la Brigada de Fusileros Paracaidistas, en la modalidad de caída libre.

Señala que su interés por ingresar a este cuerpo comenzó como el de muchos, de niño, cuando soñaba con ser militar, y cuando tuvo oportunidad se unió a los Fusileros Paracaidistas.

Explica que la caída libre militar es descenso como tal, “vas con tu paracaídas, abres a cierta altura y para misiones específicas, que pueden ser incursiones, combatir, o simplemente espectáculos, como es el caso del 16 de septiembre, en la Ciudad de México”.

Ha participado en varios planes DN-III, pero no ha tenido que hacer uso de sus habilidades, pues llega por tierra para ayudar a la población afectada por algún desastre natural.

Recuerda que tras la Segunda Guerra Mundial se prohibió dispararles a los paracaidistas mientras están en descenso, pues aunque es un soldado, está indefenso, y se considera combatiente hasta que está en tierra.

Proceso.

Comenta que el entrenamiento es riguroso para los Fusileros Paracaidistas, pues de inicio deben hacer saltos de calificación, que consisten en saltos en una alberca, para probar el valor de los aspirantes.

Ahí, dice, “se ve si tienes el valor de arrojarte desde una aeronave, porque estando arriba en la aeronave saltas porque saltas, si no, no te subes. De ahí se te considera paracaidista después de cinco saltos y ya tienes el derecho de hacer el curso de caída libre militar”.

Indica que estar en el aire, justo en la puerta del avión, es algo indescriptible, una descarga de adrenalina al máximo, pues se sabe que la vida misma depende de una decisión o de actuar en segundos, cinco para ser exactos, que es lo que demora en abrir el paracaídas militar.

“Son segundos, prácticamente no tienes tiempo de nada, y sabemos que cualquier error te cuesta la vida”, apunta. Agrega que cuando va a en el aire lo primero en lo que piensa es en cumplir la misión que se les ordenó, así como el bienestar de la familia y en hacer una buena caída.

Refiere que cuando cae busca su lugar de aterrizaje en tierra, además de prevenir cualquier impacto con sus compañeros. Algo más preciso es buscar la coordenada que les dan para caer.

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Equipamiento de paracaidista.

El equipo que usa Vicente consiste en un overol rojo, que se usa más que nada para espectáculos, como en la celebración de la Independencia de México. Lleva además un altímetro, para saber en qué momento deben abrir el paracaídas tipo Vector, que es deportivo, para maniobras rápidas y su peso es más pequeño.

Vicente tiene ocho años y seis meses dentro de los Fusileros Paracaidistas. Precisa que en el futuro se ve haciendo la misma actividad, jubilarse después de cumplir su tiempo en activo. Vicente es padre de un niño de dos años. Le gustaría que siguiera sus pasos, ingresando a las fuerzas armadas, pero siendo piloto militar, dice mientras sonríe, quizá imaginando a su pequeño dentro de unos años a bordo de un avión militar.

Paracaidismo de montaña.

Edgar González Ruiz, también fusilero paracaidista, pertenece a otra rama de esta disciplina militar, el paracaidismo de montaña. Con nueve años dentro de esta brigada, explica que ingresó para sentir la adrenalina y vivir esa experiencia, además de ayudar a la población civil haciendo algo que le gusta y satisface.

“Para ser paracaidistas se necesita mucha decisión, valores, honor, entrega y mucho patriotismo”, asevera Edgar, al tiempo que explica que el entrenamiento que reciben es muy riguroso, pero considera que es el adecuado.

En el aspecto físico, dice, se fortalecen abdomen, brazos y piernas, para poder solventar cualquier tipo de problema que tengan que resolver en las misiones que se les presentan.

Dice que el paracaidismo de montaña es estático. La diferencia entre uno y otro es que la caída libre se hace desde un avión, mientras que el de montaña se hace desde un cable ancla y una cinta estática, además de que se realizan a menos pies de altura.

Edgar señala que las misiones en las que son requeridos son aquellas de búsqueda y rescate en sitios montañosos, como por ejemplo, en caso de civiles extraviados.

Recuerda que le tocó participar en un rescate en Angangueo, Michoacán, cuando se registró el desborde de un río, teniendo que hacer labores de búsqueda (de cuerpos) de las personas desaparecidas.

“Es una cosa desgarradora, es muy triste, pero te llevas una satisfacción de que ayudaste a entregar el cuerpo de las persona a sus familiares, darle sepultura”, precisa el fusilero paracaidista.

Subir rangos.

Agrega que el futuro le gustaría llegar al rango más alto que se proponga, además de convertirse en instructor de los nuevos paracaidistas, para que sean dedicados en esta labor.

Una pieza importante de la brigada de Fusileros Paracaidistas son quienes doblan los paracaídas, pues de su trabajo depende la vida de sus compañeros.

Héctor Ramírez Domínguez, cabo de Fuerza Aérea fusilero paracaidista, es doblador de paracaídas, actividad para la cual se preparan durante cuatro meses, tiempo durante el cual les enseñan el material y como se debe doblar, desde el paracaídas principal, la reserva y el tipo ala.

Explica que el material del cual están hechos es nylon, con un tamaño de 15 metros, y doblarlo se lleva un tiempo, entre el equipo de cuatro personas, de dos a cuatro minutos, todo con práctica y cada uno tiene una misión específica.

Cada hombre, en su posición y su trabajo, es importante en los Fusileros Paracaidistas, todos dependen de todos, siendo ejemplo de trabajo en equipo.

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