#TierraDeEmprendedores Collares Catrines, diseños artesanales para mascotas

Sofía y Santiago apoyan a varias mujeres indígenas queretanas, quienes elaboran los modelos de los accesorios
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Foto: Demian Chávez
31/12/2017
01:47
Alma Gómez
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El bordado otomí de las mujeres indígenas de Querétaro también forma parte de la industria de las mascotas. Los jóvenes queretanos Sofía y Santiago han apostado por difundir este tipo de trabajo para crear lo que ellos llaman collares artesanales para mascotas.

Hace seis meses que crearon la micro empresa Collares Catrines, que se dedica a vender collares para perros, cuya principal característica es el bordado hecho por mujeres indígenas de Querétaro.

A decir de los jóvenes, los Collares Catrines han conquistado a los amantes de los perros, no sólo por los tonos coloridos y por los bordados que crean una identidad con México, sino porque las personas se identifican también con la causa social de consumir productos hechos en nuestro país y apoyar a las mujeres indígenas del estado.

“A las personas les gusta saber por lo que están pagando y por qué un producto cuesta lo que cuesta. Cuando alguien se interesa en nuestros collares nosotros explicamos que son trabajos hechos a mano, que al consumirlos apoyamos a las mujeres indígenas de Querétaro, eso les gusta, siempre se van contentos”, cuenta Sofía García, estudiante de Creación y Desarrollo de Empresas en el Tecnológico de Monterrey.

Precio Justo

Los collares artesanales se ofrecen en tres tamaños distintos, de 22 a 31 centímetros, por ejemplo, para un bulldog francés; de 32 a 34 centímetros que podría funcionar para un perro dálmata o de 43 a 52 centímetros para un golden retriever. Los precios varían entre 375 y 400 pesos.

Calcular un precio justo para la compra del material y posteriormente para la venta de los collares ha sido uno de los principales retos para los jóvenes emprendedores, pues aunque en general las ventas han sido buenas, siempre se encuentran con clientes que consideran que el trabajo hecho a mano no vale tanto la pena o los precios son muy elevados.

“Siempre hay gente que siente que los collares son un poco caros y nos piden que los dejemos más baratos, pero no podemos hacer eso, buscamos que esto sea comercio justo, buscamos darle precio justo a las mujeres indígenas, por eso el precio que establecimos, buscamos un tipo de cliente más específico, que valore este tipo de trabajo”, comenta Sofía.

“Hay productos para mascotas que son muy caros y de menos calidad, los precios de nuestros collares son accesibles y la calidad es muy buena, porque hay perros muy fuertes y con mucha energía, y estos collares funcionan perfecto. Además comprar un collar de estos es comprar un producto 100% mexicano, se hacen en Querétaro y en León, básicamente en el Bajío”, comparte Santiago Mansur, egresado del Tecnológico de Monterrey, quien también estudió Creación y Desarrollo de Empresas.

Hasta hace poco los Collares Catrines sólo podían adquirirse por internet o en las tiendas Madre Tierra, que se encuentran en Querétaro, León y Guanajuato, pero Sofía y Santiago han comenzado a participar en bazares artesanales donde también exhiben los productos.

En un futuro les gustaría agilizar los tiempos de producción y contratar a más mujeres indígenas que fabriquen bordados para convertirlos en collares.

“Sabemos que realizar el bordado lleva su tiempo, las mujeres indígenas que fabricaron los primeros 300 bordados para nosotros se tardaron un mes aproximadamente, pero hay otras cosas que podemos agilizar. Nos gustaría también contratar a más mujeres, de más comunidades”, cuenta el joven emprendedor.

Inicios

El génesis de Collares Catrines surgió con el acercamiento de Sofía García hacia las mujeres indígenas de Querétaro, cuando tuvo que realizar una serie de entrevistas para conocer su tipo de vida, como parte de un proyecto escolar.

“Teníamos que conocer más sobre la vida de las mujeres indígenas, si habían estudiado, cuál era su ingreso y cuando fui a entrevistarlas me quedé en shock con su tipo de vida, porque yo estaba acostumbrada a verlas en el centro y ya, no pensaba más a fondo.

“Pero luego de las entrevistas fui consciente de que hacen producción toda la semana para venirse a Querétaro el fin de semana y a lo mejor no venden nada, pero pagan por transporte, la mayoría hacen muñequitas y servilletas, pagan también por su estadía aquí”, comentó.

La joven señaló que si no tienen permisos, las indígenas deben cuidar que los inspectores no les quiten los productos. “A veces no comen, de todo eso me di cuenta. Darme cuenta de su situación me hizo querer cambiar eso, y entonces viendo ideas de productos para mascotas me di cuenta de que esta sería una buena forma para cambiar sus vidas”, contó.

Una vez terminado el proyecto escolar, la joven emprendedora se propuso crear una empresa que tuviera que ver con la industria de las mascotas, fue ahí cuando surgió la idea de crear la microempresa Collares Catrines.

Encuentro

En ese punto Sofía y Santiago tuvieron los primeros acercamientos con Elvira, la mujer indígena que fabricó junto con sus primas y hermanas el pedido de 300 tiras de bordados para después incrustarlos a los collares de piel.

“Empezamos a buscar en el centro a mujeres indígenas que quisieran trabajar con nosotros, en ningún momento notamos resistencia de parte de las mujeres. Desde que hablamos con Elvira, ella aceptó enseguida, le explicamos que necesitaríamos varios bordados y nunca nos puso ningún pero, súper dispuesta. Ella está aquí en Querétaro, pero sus familiares están en Amealco, entre todos fabricaron los bordados que necesitábamos”.

Una vez que obtuvieron los bordados otomíes, Santiago contactó a un conocido en la ciudad de León, donde se fabrican los collares y se cosen los bordados indígenas. Una vez terminados, los collares viajan de regreso a Querétaro.

Sofía García comenta que el apoyo de su familia fue fundamental para sacar a flote la pequeña empresa, pues sus padres, primos y tíos la ayudaron a conseguir la inversión necesaria para comenzar con el proyecto.

“La inversión sí fue un poco complicada, yo le debo la vida a mi mamá, a mi papá, al primo, al tío, todos nos apoyaron. Porque en León nos pedían un mínimo de 300 collares, era una inversión bastante fuerte para ir iniciando, mi familia también creyó en el proyecto y me apoyaron a financiar la idea porque yo ya había hecho un prototipo”, comentó la joven queretana.

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