Franeleros. Se ganan la vida afuera del estadio

Ellos también hacen posible el fútbol en el estadio Corregidora
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El estacionamiento oficial del estadio se llena de vehículos los días de partido, razón por la que los franeleros ofrecen un lugar a los automovilistas, donde puedan estacionarse, en los terrenos baldíos aledaños (FOTOS: CÉSAR GÓMEZ. EL UNIVERSAL)
14/08/2017
03:44
Paulina Rosales
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Es sábado de fútbol en el estadio Corregidora y como cada partido, además de la afición, los alrededores de la avenida Luis Vega y Monroy se llenan de coches que buscan algún lugar donde puedan estacionarse.

Una hora antes de que inicie el juego de Gallos Blancos contra El Monarcas, el estacionamiento oficial está repleto de vehículos, razón por la que es inevitable apañarse un lugar en los terrenos baldíos aledaños, donde más de 20 franeleros brindan un espacio para los conductores desesperados.

Un automóvil Versa avanza por esta avenida cuando un hombre lo intercepta y corre a su lado para conducirlo hasta un lote baldío al lado de otros ocho vehículos, espacio por el cual, deberá de pagar 50 pesos por las más de dos horas que durará el juego.

Miguel Ángel, uno de los franeleros o “viene viene” asegura que en este lote trabajan alrededor de 16 personas.

No obstante, además de este espacio donde labora, existen al menos otros cinco estacionamientos operados por diferentes familias. Uno de ellos está enfrente del estadio y laboran en él, otras ocho personas.

En su caso, se preparan tres horas antes de que inicie el juego para limpiar el terreno y además, colocar las banderillas de colores que les indican a los automóviles los sitios que están disponibles para estacionarse.

Una cuadra más adelante, antes de llegar a la parada de autobús de la zona, existe otro espacio en el Paseo Quintas del Marqués operado por alrededor de cuatro jóvenes, casi todos de 15 o 18 años, y unos metros atrás hay otro grupo de franeleros que buscan lugares de estacionamiento por el bajo puente de la autopista México-Querétaro.

Lesly trabaja desde hace cinco años en uno de estos terrenos con su familia. En su caso, alterna los fines de semana con sus hermanos para trabajar acomodando vehículos. Las ganancias las desconoce, pues dice, que su familia trabaja para el dueño del lote, quien opera una inmobiliaria y renta el espacio para los franeleros.

Por su parte, Miguel Ángel, quien labora en el terreno enfrente de Lesly, explica que las ganancias para los franeleros no son muchas. En cada partido de Gallos Blancos, su remuneración alcanza los 400 pesos por las casi seis horas de trabajo, pero esa ganacia también depende de la cantidad de vehículos que alcanzan a estacionar durante el tiempo del partido.

Por esta razón, los hombres y mujeres que laboran aquí corren al lado de los vehículos, cuando éstos buscan un lugar de estacionamiento en los alrededores del estadio.

Uno de los franeleros, un hombre de alrededor de 50 años, sigue a un automóvil Fit color amarillo y lo lleva hasta uno de los lotes donde, después de varias maniobras, lo estaciona entre un árbol y otro de los vehículos. A pesar del espacio reducido, el automóvil consigue entrar sin un solo rasguño; por la hazaña, el costo por las dos horas que durará el juego es de 70 pesos.

El cliente, un hombre mayor acompañado de su familia, refunfuña un poco, pero entrega los 70 pesos; sabe que no tiene otra opción, si es que quiere ver jugar a su equipo.

“Las ganancias con las comidas y los gastos que hacemos, ponle que nos quedan 300 pesos o 400, hay veces que nos toca menos (…) Antes nosotros trabajábamos las áreas de arriba, todo lo que está enmallado y todo esto era tierra árida, no había marcación, ni vialidad de la calle. Empezamos en la zona Sur y la Comitiva de Gallos empezó a enmallar y a enmallar. Apenas, hace dos años, todavía trabajábamos arriba (…) Ahorita sólo se nos dejó este espacio”, menciona Miguel Ángel, quien pertenece a la Asociación de Franeleros de la ciudad.

Además de cuidar y limpiar los lotes baldíos, los franeleros llevan la responsabilidad de hacerse cargo de los vehículos para evitar que existan robos. Miguel Ángel señala que esta fue una de las condiciones para que la actual administración les cediera un espacio de trabajo; sin embargo, menciona que poco a poco han sido desplazados de su fuente original de empleo.

Con la disminución del espacio, también existió una reducción en las ganancias económicas. Ser franelero, de acuerdo con Miguel Ángel, no es el único oficio que se necesita para poder mantener a su familia, ya que además de venir al estadio dos o tres veces al mes, también trabaja como comerciante en la capital.

Como asociación, comenta, pese a tratar de entablar un diálogo con la administración municipal y estatal, éstas “no se prestan” para poder llegar a otros acuerdos. “Como somos organización no se prestan, pero para las empresas, por ejemplo, de valet parking que son más grandes, para ellos si hay facilidades”, acusa.

“Esto es una profesión. Por ejemplo, los policías dicen que esto no es ni profesión ni trabajo, pero si te dedicas a cuidar los carros y es lo que haces y sabes hacer: encargarte de un carro, hacerte responsable, darles vialidad y eso es lo que hacemos (…) además tenemos otro empleo, porque con esto no sacamos, esto es un ingreso adicional”, añade Miguel Ángel, quien regresa a acomodar los vehículos, mientras la afición de Gallos Blancos poco a poco se va incrementando a medida que se acerca la hora del partido.

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