30/04/2017
14:50
Domingo Valdez

Festival de las Comunidades Extranjeras; el mundo en Querétaro

En el Estadio Corregidora se puede observar, escuchar y degustar una gran variedad de costumbres originarias de países de los cinco continentes

Son ciudadanos de los cinco continentes que confluyen en Querétaro, por distintos motivos y razones. Desde el ciudadano croata que dejó su país en los noventa por la guerra de los Balcanes, hasta la joven ucraniana que visitó México y se enamoró del país, pasando por el médico originario de Tanzania que vivía en Ciudad Juárez y buscó un lugar más pacífico para radicar.

Por un fin de semana, en el Décimo Festival de las Comunidades Extranjeras permite que ciudadanos de todo el mundo, de todas las culturas, religiones y regiones, se reúnen para mostrar a los queretanos parte de su cultura y su forma de concebir el mundo.

Los horrores de la guerra

Vlaho Bokun, es un hombre originario de Croacia, radicado en Querétaro desde hace 25 años, cuando salió de Yugoslavia, que vivía en ese entonces la Guerra de los Balcanes, que derivaría en unos de los peores conflictos bélicos en el viejo continente, de hecho, en el más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial en territorio europeo.

“Precisamente por lo que me sucedió allá [la guerra] me vine para México. Me casé con una mujer queretana, estábamos viviendo allá. Entonces me tocó lo que pasó y nos cambiamos a Querétaro y aquí nos quedamos”, relató.

Agregó que que fue una experiencia muy difícil, pues las comunicaciones estaban muy limitadas. Debían ser por teléfono, y hubo momentos en los que no tenían líneas y permanecieron totalmente incomunicados de su familia.

“Fue muy difícil, especialmente mi ciudad [Duvrovnik] sufrió muchos ataques de los agresores, logramos defendernos, pero fue muy duro”, recordó.

Explicó que Croacia vivió una guerra defensiva, pues Serbia los atacó con su idea de crear la Gran Serbia. En un principio los serbios se quedaron con el ejército y lograron conquistar una tercera parte del territorio croata, pues no tenían ni armas. Luego, con el tiempo, tres o cuatro años lograron armarse y defender la soberanía de su país en todas las fronteras, logrando el pueblo croata expulsar a los serbios de su territorio, acabando la guerra para Croacia, comentó Vlaho.

Destacó que que Croacia, comparado con México, es un país muy chico, con 4.3 millones de personas, una nación chica con costumbres diferentes.

Vlaho, quien ha regresado a su país en varias ocasiones, reveló que lo ha visto diferente, moderno, cambiado por ser parte de la Unión Europea; resaltó que Croacia es de los países europeos con más parques nacionales y monumentos protegidos por la Unesco, es muy rico culturalmente hablando.

Agregó que cuando llegó a México se sintió bien, pues aunque no sabía español poco a poco lo fue aprendiendo; además de que la gente es muy amable y nunca sufrió discriminación; agregó que la comida fresca es lo que más disfruta de la gastronomía mexicana, pues aunque en Croacia hay frutas y vegetales son más caros; además en México la variedad es mucha.

La esposa de Vlaho, María Laura Rangel Zenteno, narró que conoció a su marido en un viaje que hizo a Duvrovnik. Luego Vlaho viajó a México, y ella regresó a Croacia hace 26 años para casarse, donde vivió algún tiempo

Desde Ucrania

Originaria de Ucrania, una de las ex repúblicas soviéticas, Julia tiene cinco años y medio radicando en Querétaro, a donde vino por primera vez de visita y posteriormente regresó a establecerse; atraída por el clima, la gente y la comida.

“Creo que en mucho de lo relacionado a la cultura somos muy parecidos. Somos alegres, saludamos a todos de manera amable. La diferencia es el clima, la comida, las costumbres que de repente son muy diferentes”, apunta la joven de ojos azules y cabello rubio.

Por ser una mujer joven, ya no vivió el régimen socialista de la Unión Soviética, consefó que en su país las posturas a favor y en contra de los tiempos soviéticos están divididas. “Algunos adoran ese tiempo, y otros que dicen que no, pero al final hubo avances en el país”, comentó.

Julia, quien se dedica a la hotelería, resaltó que le gustaría conocer otros estados mexicanos pero su trabajo le impide viajar de manera constante, sin embargo, le gusta vivir en la entidad.

Agregó que en un inicio le fue complicado adaptarse, principalmente por el idioma y las costumbres, además cuando llegó no hablaba español y estaba sola en el país.

Confesó que en una ocasión asistió a una fiesta y por casualidad se encontró a una amiga, con ello aumentó su circulo de amistades en México.

Del norte al centro

Justus Opot, médico general, orininario de Tanzania, llegó a vivir a Ciudad Juárez, Chihuahua. Manifestó que en una ocasión visitó a un amigo que vivía en Querétaro, y le gustó la entidad, donde vive desde hace dos años.

Ataviado con una camisa blanca decorada con cebras, el fornido doctor reconoció que le gustó Querétaro por su comida, la amabilidad de la gente y las condiciones de seguridad, pues en Ciudad Juárez la violencia era “el pan nuestro de cada día”.

Agregó que Tanzania y México tienen similitudes culturales, por ejemplo, la importancia de la familia, pues en Tanzania la familia es esencial para las personas. Además hay regiones como Dar er Salaam, ciudad de aquella nación africana, donde la temperatura y las condiciones de humedad son muy similares a las queretanas.

Comentó que los principales atractivos de su país son los parques nacionales, donde habitan las especies más representativas de África, además de conocer el volcán Kilimanjaro, la cumbre más alta del continente africano, y que le da nombre a uno de las parques nacionales más importantes de Tanzania.

Otro de los motivos para visitar Tanzania, según Justus, es el café, que está hecho con granos arábigos, “el mejor del mundo”, aseveró, además de que es totalmente natural.

Casado con una mujer mexicana, precisa que la última vez que visitaron Tanzania fue hace tres años. Su pareja, agregó, quedó encantada con la comida y la gente, pues son similares y muy amables.

País de 5 mil años

Yasr Eldin, originario de Alejandría, Egipto, tiene ocho años viviendo en México y dos de participar en el Festival de Culturas Extranjeras. Dice que nuestro país es muy bonito, como ciertas similitudes con su tierra, como el clima, además de compartir la cultura. Otro motivo importante fue que siempre le gustó la cultura mexicana, y desde que llegó quedó enamorado de las tierras mexicanas.

Precisó que no le gustó trabajo adaptarse a las costumbres de nuestro país, lo único complicado fue aprender español. “Fuera de eso no. Al contrario, hasta la comida de México me gusta mucho. Es muy parecida a la comida egipcia, la cual lleva mucha carne, muchas especias. Se consume mucho el arroz, el garbanzo, son alimentos muy importantes”, expresó.

Destacó que los lugares más emblemáticos de su país, y los más buscan los turistas son las pirámides de Giza; además de Lúxor y Asuán, más al sur del país. Para llegar a ambas ciudades el viajero se debe de embarcar por cuatro días en las aguas del río Nilo.

Está casado con una mexicana de nombre Arlette, y tienen una hija; confesó que el respeto entre ellos es esencial, pues además su pareja no se convirtió al Islam, cada quien conserva su religión, sin presiones y con mucho amor.

La última vez que fue a Egipto fue hace dos años, viaje que aprovechó para visitar a su familia, amigos, compañeros de trabajo. “Me quedé en Egipto 20 días. Muchas cosas han cambiado por el cambio de gobierno. Sentí como si hubiera pasado 10 años fuera, pero no, eran menos”, aseveró.

Los cambios políticos en su país los ve positivos con ‘la primavera árabe’. “Lo veo como un paso al frente, un paso adelante. Ahora Egipto se está levantando, había caído mucho, las cosas se están haciendo muy bien. Me alegró que haya pasado todo eso, porque Egipto se estaba viniendo abajo. Veo a Egipto con mucho futuro”, sostuvo.

Un país único

Mahmoud Aly Khalil Rabah, originario de Palestina, dice que los mexicanos se identifican mucho con su país porque sienten que ha sufrido mucho. Por medio del Festival de Comunidades Extranjeras busca dar otra visión, más apegada a la realidad, mostrando su gastronomía, artesanías y cosméticos.

“Lo que más llama la atención de la gente es el turbante palestino. Originalmente el turbante es palestino, el primero que lo uso fue Yasser Arafat, nuestro presidente. De ahí se dio la fama del turbante”, aseveró.

Resaltó que la comida palestina es más salubable, pues aunque tiene como ingredientes la carne, usan más vegetales, que siempre será mejor, además de algunos postres, como los famosos dedos de novia.

Agregó que lo más bello de su país es Jerusalén, una ciudad mágica, como la describe, Aly. “He viajado mucho por el mundo. Cuando llegas a Jerusalem sientes algo diferente, la verdad. No es porque sea mi país, pero tiene algo diferente”, subrayó.

Uno de los personajes más reconocidos de Palestina y Premio Nobel de la Paz, es Yaser Arafat, fallecido hace 11 años, es alguien muy importante para los palestinos. “Es Palestina. Él hizo el primer gobierno real en Palestina, en 1996. Entró con este gobierno a la Franja de Gaza y Ramalá. Yaser Arafat ganó Nobel de la Paz, para mi es mi padre”, puntualizó Aly.