24/10/2016
02:00
Gonzalo A. Flores

Ahora sí se llenó el camión, no que antes las primeras veces éramos cuatro personas, ¿te acuerdas?”, comenta una de las pasajeras, mientras se acomodaba en su lugar con la intención de generar una breve plática con su compañera que fue bajando de tono, pero sin duda se trataba de las veces que había hecho este recorrido entre algunas risas.

Conforme avanzan los minutos se van sumando más personas a la espera, hasta casi ser 20 las que esperan la llegada del transporte. Todos con chamarra gruesa e incluso hay mujeres que llegan con una cobija para dormir sin frío durante su traslado. Algunas de las personas que esperan llevan mini diablitos, mochilas, maletas pequeñas y bolsas.

Después de las tres y media de la madrugada, sobre 15 de mayo una brillante luz se acerca. La silueta del autobús rompe la penumbra y se aclara entre la oscuridad, mientras un letrero electrónico luminoso en la parte frontal sorprende con la frase: “La leyenda continúa… EUUU (sic)”.

Es un autobús blanco, bien cuidado, que al costado muestra un rotulado en color rojo que dice “Hernández Tours”, el cual cada semana, los miércoles, parte del Mercado de La Cruz con destino a Tepito, en la Ciudad de México, uno de los centros mercantiles más importantes del país por antonomasia.

La salida está programada a las 4:00 de la mañana.

Anuncio en el periódico. Alejandro es padre de familia. Sus hijos apenas inician con su vida escolar por lo que necesitaba algunos materiales y accesorios que les habían pedido en la escuela. Algunos compañeros de su trabajo sabían sobre su situación y uno de ellos encontró en la sección de clasificados de un periódico local, el siguiente anuncio: “Salidas a Tepito todos los miércoles costo 350 pesos viaje redondo”, seguido de un par de números telefónicos para pedir más informes.

Alejandro tardó varias semanas en considerarlo. Primero tenía que juntar un poco de dinero para costear el viaje y las compras que requería hacer, pero sin duda sabía que ahorraría algo en comparación de los precios que había visto de algunas de las cosas que necesitaba en locales y plazas del estado.

Un lunes por la tarde, encontró entre sus documentos aquella sección del periódico, ubicó de nuevo el clasificado y marcó uno de los números de contacto: “Las salidas son a las cuatro de la mañana del estacionamiento del Mercado de La Cruz, hay que llegar 3:40 para tratar de salir en punto; llegamos a República de Perú”, fueron las especificaciones del informante del otro lado del auricular.

—¿Qué se necesita?, preguntó Alejandro.

—Sólo mándame a nombre de quién hacemos el apartado por un mensaje de texto o de Whatsapp y con eso ya, llega al estacionamiento del mercado del lado de 15 de Mayo.

La salida. La luz al interior del autobús aún está encendida. Ahora que se completó la lista de apartados, por el pasillo, lugar por lugar, pasa uno de los organizadores del viaje para cobrar los 350 pesos correspondientes a la treintena de pasajeros. Realizado el cobro, el motor del camión se pone en marcha y se apagan las luces al momento de avanzar los primeros metros.

Son muy pocos los que van platicando, pues la mayoría de personas a bordo se sumerge en profundo sueño para ocupar el traslado como recuperación del desvelo, que dura hasta su arribo a la Ciudad de México. Parten a las 4:16 de la madrugada.

El ombligo del mundo… mercantil. Transcurrió casi una hora hasta que el camión se detuvo por completo (8:20 de la mañana) por el tráfico citadino. La unidad se estaciona dentro de un estacionamiento sobre calle República de Perú muy cerca del cruce con el Eje Central, junto al pasaje que desemboca directo a la plaza del Mariachi de Garibaldi.

Además de Alejandro, hay otras tres personas que hacen el viaje por primera vez y preguntan al joven que les cobró hacia dónde deben de caminar. Él les señala el recorrido sobre República de Perú, unas cuatro calles hacia adentro. Tras descender del autobús y recoger los carritos y mochilas del portaequipaje, todos los pasajeros se dispersan y cada uno se dirige hacia donde le conviene. El requisito es volver al estacionamiento a las 15:40 horas, para salir tentativamente 20 minutos después.

Después de desayunar, ahora sí se concentra en buscar los materiales de su hijo y de paso, valorar en qué puede invertir para hacer crecer un poco el ingreso en su casa. Sin duda, encuentra gran variedad de posibilidades, ya que da con puestos que por mayoreo te dejan una blusa de mujer en 18 pesos y también da con licras con precio de 100 pesos tres piezas, aretes de 5 pesos el par y moños para el cabello a 3 pesos la pieza, entre otras cosas.

Las ofertas se escuchan por todos lados pero el visitante ya consiguió todo lo que necesitaba y hasta algunas cosas extra, que sin duda le han salido mucho más baratas a comparación de conseguirlas en Querétaro.

El regreso. A las 15:30, Alejandro ya está cerca del estacionamiento donde se encuentra su autobús. Antes de llegar, en otro estacionamiento observó un camión que venía de Puebla con la misma finalidad que en el que llegó, pues son tours comunes entre la gente que se dedica al comercio.

Algunos de los pasajeros queretanos ya estaban en el lugar, acomodando sus cosas. Dos señoras llegaron con dos grandes cajas además de un par de bolsas de gran tamaño. Ellas llevan juguetes para la temporada decembrina.

Conforme pasan los minutos llegan los demás viajeros, mientras Alejandro ya está abordo, mismo que platica con otra pasajera sobre su intención del viaje, pues le cuenta que lo realiza para ayudarse un poco en su economía. “Vendo dulces y con eso me ayudo, así que me traigo unos 500 pesos de mercancía para la semana”, le comenta.

El regreso a Querétaro se retrasa. A las 16:42 horas el autobús se pone en marcha y deja atrás el estacionamiento. Todo transcurre con normalidad en la salida rumbo a la carretera 57 y de nuevo el silencio reina al interior de la unidad pues la película que se transmite en las pantallas del camión no evita que los pasajeros vuelvan a dormir durante su traslado.

Sin embargo, ya con un par de horas de camino, alrededor de las 18:30 horas, en el kilómetro 81 de la autopista a Querétaro, el autobús es detenido por un elemento de la Policía Federal. El conductor baja y saluda al oficial, que tiene otro camión detenido delante de donde se paró el autobús queretano. Dialogan un poco y el chofer regresa a su lugar, pero enseguida vuelve con el oficial para entregarle unos billetes doblados discretamente que guarda rápido en la bolsa derecha de su camisola de policía, mientras va dejando atrás el autobús para ir con sus otros detenidos.

Alrededor de las 20:20 horas, tras una carga de tráfico en la carretera y en la entrada al estado, el singular tour termina donde empezó. Las 30 personas que hicieron un viaje relámpago a Tepito ya están de vuelta, aunque con varios kilos de mercancía de más.