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Agridulce. Colapsa venta de la tuna

San Miguel de Allende es uno de los principales productores de la planta cactácea en la zona del Bajío, pero su oferta ha disminuido drásticamente por diversos factores
Desde que tenía 7 u 8 años, Salvador se percató de que las mujeres son buenas para hacer el corte de la tuna porque lo hacen con más delicadeza. Definitivamente, dice, los hombres apachurran de más la fruta y se echa a perder (GONZÁLO IBÁÑEZ)
27/09/2016
01:54
Lourdes Durán
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"El apogeo quedó atrás en el Rancho La Estrella. Salvador Pacheco, productor de tuna, recuerda que en alguna ocasión él y sus trabajadores llegaron a empacar 800 cajas de la fruta en un mismo día, pero el sábado de septiembre que nos recibe en su propiedad, ubicada en el municipio guanajuatense de San Miguel de Allende, empacan apenas 70.

La tuna entró en temporada hace algunos días. Los meses de agosto, septiembre y octubre debieran ser los mejores para el rancho, pero hace años que la situación es otra.

“Cuando yo inicié en esto nada más tenía una bicicletita, y llegué a juntar una flotilla de 15 camiones. El primer camión que compré lo compré nuevecito. Me acuerdo que el primer mes le metimos mil 500 kilómetros, pero en ese mes me gané la mitad de lo que valía el vehículo”, evoca don Salvador.

Hoy la situación es diferente. La tuna no se vende igual, el precio de la fruta ha bajado y la delincuencia en el norte de México motivó que se dejara de enviar mercancía a diversos estados del país, por lo que el negocio ha venido a menos.

Nacidos entre tunas.

Desde que tenía 7 u 8 años Salvador se percató de que las mujeres son buenas para hacer el corte de la tuna porque lo hacen con más delicadeza. Definitivamente, dice, los hombres apachurran de más la fruta, y se echa a perder. A esa edad Salvador acomodaba las tunas en cajas, para posteriormente llevarlas a vender a la Ciudad de México.

“Nacimos en las tunas, en el rancho, y con el tiempo fuimos creciendo y agarrando un mercado un poco más grande, haciéndolo todo más grande hasta que logramos comprar este rancho”, comparte.

Don Salvador se refiere a La Estrella, propiedad que adquirió hace alrededor de 25 años y cuya extensión en territorio ronda las 90 hectáreas. En el rancho las filas de nopales con tunas blancas, rojas y lirias son interminables. Nos trasladamos a una sección de 27 hectáreas en la que don Salvador estima contar con 26 mil plantas de nopal –entre 800 y mil plantas por hectárea—.

Cada planta en edad madura y bien atendida, refiere, debe dar en promedio dos cajas de 40 kilogramos por temporada. Las cuentas no salen si partimos de esta suposición.

“Lo planté todo de nopal y empezamos a trabajar a buena escala. Llegaba la producción a unas 15 mil o 17 mil cajas, que es lo que se vendía en las diez semanas de producción”.

La Estrella duró 15 años produciendo estas cantidades, manteniendo incluso alianzas comerciales con cadenas de supermercado y tiendas departamentales como Soriana y Aurrera, pero con el paso de los años vender tunas ha dejado de ser negocio para don Salvador.

El productor, uno de los más importantes de la región, sigue en el negocio más por costumbre que por lucro.

El día que nos recibe, por ejemplo, estima se empaquen 70 cajas, menos del 10% de lo que alguna vez se empaquetó en el rancho.

“Seguimos en las tunas nada más que a una escala muy pequeña. A diez o cuando mucho veinte por ciento de lo que se llegó a vender de siete años para atrás”, refiere.

Salvador afirma que en los últimos años se ha caído el mercado y ya no se vende la tuna.

No sabe a ciencia cierta cuál será el detalle, pero manifiesta que la gente ya no la quiere consumir. Considera que le falta publicidad al producto y expone que a menudo se ve a las tunas como algo que se da en los cerros sin meterle nada. Su tuna, dice, es tuna fina para mercados de primer nivel.

El mantenimiento de sus sembradíos es para Salvador un gasto promedio de 200 mil pesos mensuales, lo cual en ocasiones no corresponde con lo que se percibe por la cosecha. Hace años que las cuentas no le salen.

Para que el negocio sea rentable, estima un precio de 10 pesos por kilo de tuna, pero, muy lejano a esa cifra, percibe 80 por una caja de 25 kilos. Reconoce que ante la falta de recursos se ha descuidado la plantación de nopal.

“Ahorita le echamos una fumigadita nada más para las plagas pero hemos dejado de cultivar bien los nopales. Están con mucho pasto, mucha rama, por falta de recursos”, sostiene.

Producción actual a la baja.

“Qué te digo. Ponle que de diez mil cajas que lleguemos a producir vendamos tres mil. Las otras se caen por falta de mercado. Es un 50% de lo que podríamos producir por la poca atención que se le pone a los nopales, pero aun así, con esa producción que vendiéramos ya estábamos del otro lado, siempre y cuando fuera un precio costeable. Si vamos a vender a un precio que no deje nada, aunque vendamos 100 mil cajas. Peor nos va”.

Hace algunos años don Salvador intentó exportar su producto a McAllen, Texas, por conducto de una comercializadora de Culiacán. Exportó dos años pero le fue mal. No le funcionó y se quedó vendiendo todo en México.

“Ellos quedaron de pagarme un precio de cuatro dólares por una caja de cinco kilos pero luego me salieron con que me pagaban a dólar. Caminé feo, perdiendo dinero. No me quedaron ganas. Para hacerlo yo directo son muchos peros. Ahí debes hacer las cosas muy bien. Por ejemplo, fumigar con productos orgánicos para que la tuna no vaya contaminada. Eso sale caro y el mercado allá tampoco responde muy bien en veces. Todos quieren una comisión y trabajar a comisión es tirar tu dinero.

En México Rancho La Estrella surtía de tunas a destinos como Tijuana, Puerto Vallarta, Jalisco, Nogales, Ciudad Juárez, Monterrey, Reynosa y todos los puntos que quedan en el paso.

Don Salvador refiere que anteriormente mandaban camiones que partían del rancho e iban dejando gente en los pueblos para vender en puestecitos. Eso se acabó.

Mucho tuvo que ver la situación de inseguridad que se vive en el norte del país, pues grupos delictivos comenzaron a acercarse a quienes vendían el producto y les empezaron a pedir cuota por dejarlos hacerlo. “Si de por sí las ventas son bajas y la gente no se puede mantener de lo que vende, pues mejor deja el negocio”.

En la actualidad sólo vende lo que se comercializa en Querétaro, y la situación propició que de un centenar de personas que se empleaban en La Estrella ahora se ocupe de forma temporal a unas 20 gentes. De los grandes productores de tuna está él y otro señor de nombre Fausto, este segundo en Dolores, Hidalgo.

“Él sí sigue exportando mucha tuna, supuestamente como a cuatro o cinco países, pero él está bien relacionado. Yo no lo he logrado, pero ahí seguimos con las tunas”.

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