Quiere “Niño Terremoto” dirigir al PRI

Su nacimiento se dio en medio de los escombros y los cuerpos sin vida de sus familiares entre los edificios derrumbados por el sismo del 19 de septiembre de 1985
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Foto: ARCHIVO. EL UNIVERSAL
19/09/2017
11:57
Astrid Rivera
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Con una navaja de afeitar que abrió el vientre de su madre fue como Jesús Francisco Flores Medinanació, tres días después del terremoto del 19 de septiembre de 1985.

“Nací entre muertos”, es como Jesús recuerda su nacimiento en medio de los escombros entre los edificios que se derrumbaron aquella mañana en la que el sismo de 8.1 grados Richter sacudió a la Ciudad de México y en la que toda su familia murió sin que él los conociera.

Actualmente, José es secretario adjunto del PRI en la Ciudad de México, lleva doce años militando en el partido tricolor. Su mayor aspiración es dirigir la sede de este partido en la capital del país, para poder ayudar a la gente, porque considera que el poder es para servir a los demás no para “servirse”.

“Siempre me imaginé en el tricolor, siempre, desde niño, me llamó la atención cómo ejercer el poder para ayudar, no para ayudarte, servir a tu comunidad, a la gente, eso es lo que he venido haciendo en mis doce años en el partido”.

Toda su familia quedó sepultada en las ruinas del edificio que se encontraba frente a la Plaza de San Camilito, en Garibaldi. Esa mañana, 24 familiares murieron. Su abuela, quien crió a Jesús, fue la única sobreviviente, ya que salió a comprar la leche, por lo que el terremoto la sorprendió en la calle, lo que la salvó de quedar atrapada entre las paredes del edificio donde habitaba.

Tíos, primos y demás integrantes de su familia tenían pocos días de haber arribado a la Ciudad de México, eran oriundos de Guadalajara, Jalisco. Llegaron a la capital del país porque comprarían locales en el mercado de San Camilito, eran mariachis. Su madre, con apenas 19 años de edad, era una “niña de su casa”, así la describe Jesús, según los detalles que su abuela le ha contado, mientras que su padre, de la misma edad que su madre, acababa de ingresar a la policía.

“Todos estaban en la casa, los hermanos de mi mamá eran mariachis, por lo que regresaron en la mañana a descansar a la casa, toda la noche habían trabajado. A mi papá le había tocado el turno nocturno, también acababa de llegar a la casa para descansar cuando pasó el terremoto. Mi abuela salió a comprar la leche y por eso se salvó”.

Al recorrer la Plaza de San Camilito, los locatarios y algunas personas en situación de calle saludan a Jesús, le estrechan la mano y lo abrazan. En medio de los saludos, retoma su relato. Comenta que cuando su abuela regresó, encontró su vivienda en ruinas; sin embargo, no quiso irse hasta encontrar a algún familiar con vida, no fue hasta el tercer día cuando por fin pudo ingresar a las ruinas.

“Estuvo tres días esperando, hasta que la dejaron pasar cuando vino el delegado de aquel entonces, Enrique Jackson. Lo primero que quería era rescatar a su hija, la reconoció por un vestido verde [y] con la navaja de rasurar le abrió el vientre y me rescató. Mi abuela no se quería mover hasta cerciorarse que alguien de su familia estaba con vida”.

Jesús considera como un “verdadero milagro” el que fuera rescatado con vida pese a que su madre estaba muerta. “Mi madre se cubrió el vientre con las manos y la encontraron encorvada, me protegió”.

Luego de su nacimiento, los años que siguieron fueron difíciles para Jesús y su abuela, estaban completamente solos, ningún familiar había sobrevivido, y no tenían ni un peso.

Todo el capital con el que llegaron a la Ciudad de México lo invirtieron en los locales que habían adquirido en el Mercado de San Camilito, pero no tenían escrituras, por lo que se quedaron sin nada. Desde muy temprana edad, Jesús comenzó a trabajar para ayudar a su abuela con los gastos.

“Con la pérdida que hubo, pidió hasta limosna, con ayuda de la gente y desde que yo tengo uso de razón, empecé a trabajar, a vender dulces, a pedir dinero en los camiones, hasta me dediqué a estar en un sitio de taxis como checador”. Fue en ese sitio de taxis donde conoció a Mario Torres, a quien considera su “padrino” y lo involucró en la política.

De cara a las elecciones de 2018, Jesús considera que “serán muy duras, pero no imposibles”, por lo que se requiere colocar a los “candidatos idóneos para que la ciudadanía responda”. Lamenta que muchos políticos se hayan aprovechado del poder para beneficiarse, pero cree que no es un problema único del PRI, sino de todos los partidos.

En las oficinas de la sede del PRI en la Ciudad de México, Jesús muestra las fotos de todos los personajes a quienes ha conocido, desde el hijo del Santo hasta Carlos Salinas de Gortari, presume unos trenes a escala que adornan su escritorio y forman parte de su colección de más de 200 ejemplares.

A pesar de todas las dificultades que ha enfrentado a lo largo de su vida, Jesús comenta que “la vida hay que gozarla, vivir cada momento que es sagrado”. Aunque le faltó el cariño de sus padres, tiene muchos amigos que le han ofrecido oportunidades con las que ha podido salir adelante.

“Vengo de los muertos, vivo gracias a los muertos. Es algo muy difícil, muy duro, ha sido un camino muy difícil, pero aquí estoy a 32 años. El cariño de mis padres me faltó, el cariño de mis tíos, hermanos me faltaron, aunque sea con quien pelear. Pero tengo mucha gente, amigos que me aprecian”.

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